14 de noviembre de 2003

La arruga es de ella

Llamando, llamando a la Comunidad Internacional. Boletín urgente y trascendente, noticia de alcance y contenido, comunicado de los que alteran una agenda: Laura Ponte no tiene miedo a las arrugas. Me acerco a la foto, la examino atentamente... ¡no tiene arrugas! Claro, hacerse la valiente con las de las demás es fácil.

Lo difícil es no tener miedo a las arrugas cuando las muy ladinas se han instalado en tu cara, y están ahí para quedarse. O cuando descubres que las amistosas patas de gallo se han transformado en garras de águila. ¡Snif!

Es como si Penélope Cruz, que sale en las revistas porque ha rodado una película que se titula Gothica pero que, a tenor (¿o se dice a soprano? Como en el cole la música era una asignatura de pago...) del aspecto crismado que presenta la actriz, debería llamarse La somanta de palos... Esto... Como si... Me he perdido.

¡Ah! Que es como si Penélope dijera que no tiene miedo a los cardenales, y que nadie vea nada religioso en la afirmación, porque sus moretones son de quita y pon. Por cierto, que nuestra Pe aprovecha para presumir de que se ha hecho muy amiga de Halle Berry, ganadora de un Oscar. A ver si se te pega algo, hija; o por lo menos que te invite a su casa y te deje jugar con la estatuilla...

La zemana viene cargada de notizias de Letizia. Jesús, qué sovredosis, como si con el alubión (dízese de la fava enoooorme) de la semana pasada no ubiéramos tenido vastante. Y enzima las muy roñicas de las revistas, al menos de dos, Semana y Diez Minutos, vuelven a poner las fotos de siempre, ahorrándose así unas perrillas. Sólo ¡Ola! saca material nuevo. ¿Será cierto, como asegura Emilia, que Catherine Zeta Jones, nada que ver con Mazinger Z, está que se la llevan los demonios porque ya no es la única Z importante del panorama internacional? ¿Qué pensará de todo esto Maiquel Daglas, hijo de Kir Duglas?

Menos mal que Lecturas no cae en la tentaZión y pone en portada al heredero del heredero británico. Guillermo está “indignado” y “defiende a su padre, implicado en un escándalo de índole sexual”. ¿Escándalo?, me pregunto. Qué raro, tratándose de esta gente tan discreta... Y leo: “George Smith dice que vio a Carlos en la cama con Fawcett”. ¿Con Farrah Fawcett, la de Los Ángeles de Charlie? ¡Pobre Camilla, coronada antes de tiempo!

- No, mamá –me interrumpe la niña, que siempre me interrumpe-. Con un señor que se apellida Fawcett...
- ¡Santa Inquisición! ¿El Príncipe va a vela y a motor?
- Eso es lo que intentan dilucidar.

La niña ha dicho dilucidar. Y se ha quedado más ancha que larga. Di-lu-ci-dar. Eso ha dicho. Creyéndose que me iba a confundir, con su terminología. Pero una tiene recursos. Recursos, y un diccionario.

Dilucidar. 1. tr. Declarar y explicar un asunto, una proposición o una obra de ingenio.

A ver si se creía la niña que me iba a quedar patidifusa, la muy snob. Pero, a pesar de sus palabros, yo a mi hija la quiero, no se vayan ustedes a creer. En eso soy como Julio Iglesias: “Todos mis hijos son mis críos...”

- No lo entiendes porque lo has sacado de contexto –me dice la mocosa.
- ¿De dónde he sacado el qué? Lo que pasa es que no me has dejado terminar, con esa manía que tienes, de interrumpirme siempre.

“Todos mis hijos son mis críos, parte de mi vida”. ¡Joé con el artista! Ahora viene a descubrir la pólvora. O a dilucidarla, que esta gente bohemia es capaz de eso y de cosas peores.

Hablando de hijos. Marta Sánchez va a ser madre...

- Ya fue –me interrumpe la niña.
- ¡Va a ser!

Esta hija mía va a acabar con mi paciencia, no antes de cepillarse mis ahorros.

- ¡Va a ser, lista, que te pasas de lista! A ver si aprendes a respetar las canas de tu madre, que eres parte de mi vida pero tampoco abuses. Está preñada otra vez.
- ¿Otra vez? Pero si dio a luz hace tres meses y dijo que pensaban esperar por lo menos dos años hasta tener otro bebé.
- Pues será que su marido es una fiera, o que no sabe sujetarse el cincho, que es lo que hemos hecho siempre la gente decente.
- ¡Qué animal!

Mi hija quería que sonara a reproche, pero suena a quién lo pillara. A mi hija le gustan los animales, ya ven, como a la hija de Bertín Osborne. No se crean que me lo invento, que yo no soy de esas que hacen cualquier cosa con tal de que sus hijos se parezcan a los famosos. Lo dicen en Lecturas, una de las revistas que publica fotos de su luna de miel, disfrutada “lejos de las miradas indiscretas”, según Diez Minutos. De los objetivos fotográficos no dice nada.

Bueno, a ver si me doy prisa que la superrápida no se ha enterado del cambio de hora.

¡Hola! saca un reportaje fotográfico de Claudia Cardinale, espléndida a sus sesenta y cinco años (más IVA), que incluye una instantánea en la que la bella aparece despatarrada sobre un sofá, como si se hubiera caído de la lámpara. No sé si es para demostrar que aún se mantiene flexible o si es para confirmar que a esa edad aún se puede hacer el ridículo.

Veo por todas partes a Estefanía, que ahora se da un aire a Joan Collins, acompañada por o acompañando a su hermano Alberto, que podría pasar perfectamente por hijo ilegítimo de Rappel.

Y lloro, sin que la cebolla tenga nada que ver en esto. Lloro porque Semana nos enseña unas fotos de Starsky y Hutch, “juntos 25 años después”. ¡Dios mío, cómo se quedan los cuerpos! ¿Dónde está Laura Ponte? A ver si se atreve a repetir, a la vista de tanto desperfecto, que las arrugas no le dan miedo. A mí me aterran.





mlimon@divertinajes.com
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