7 de noviembre de 2003

¡Viva Palencia con P!

Por la mañana pongo la radio. “El país ha acogido con satisfacción la elección del Príncipe”.

Yo no sé a quién vota Su Alteza XXL don Felipe de mi vida Borbón y Grecia, pero si el locutor se refería a la elección de novia, se equivoca. El país acogió la noticia con alivio. Porque no me negarán que los primeros rumores eran alarmantes...

- El Príncipe sale con una tía de televisión que se llama Leticia...
- ¡No jodas! ¡No me digas que se ha liado con Leticia Sabater...
- No, si al final añoraremos a Eva Sannum...
- Témete lo peor, chica. Y luego, ponte a temblar...

Por eso, cuando supimos que la Sabater era la Leticia nominada para abandonar nuestras pesadillas, y la ganadora había sido otra, de apellido Ortiz, suspiramos aliviados. Además, eso de Ortiz tiene un regusto familiar, es como el apellido Proust, tan unido a las madalenas y la bollería fina.

El caso es que el anuncio fue el lunes y las revistas del corazón, que son todas monárquicas, sacaron números especiales ipso flauto y a toda vela. Yo no me los compré, la verdad, porque una no está para dispendios y esta semana íbamos a tener ración doble. Pero Domi, el quiosquero, no cabía en sí de gozo: hacía tiempo que no vendía tanto. “Esto es la biblia en verso!”, exclamaba. Y yo, que estos días ando de un docto subido, puse los puntos sobre las íes:

- No, La Biblia en Verso es la de...
Nuestro Señor Jesucristo
Nació en un pesebre.
Donde menos se piensa...
¡Salta la liebre!

- Pues eso –me objetó Domi, que cuando se pone tozudo, parece terco, o viceversa-. La liebre, que vale tanto como decir la Leti, saltó en el Telediario segunda edición.

Visto así, tiene razón. Letizia con Z, la mujer que va a ser a la realeza lo que Palencia con P a la topografía, escondió su noviazgo como los criminales esconden su arma: poniéndolo a la vista de todo el mundo. Ella estaba allí, en el informativo más visto de la tele española, al lado de Urdaci...

- Me pregunto cómo llamará esta chica a sus suegros...–apunta Emilia, que es sindicalista, “como la madre de Letizia”. Jesús, pronto empezamos a establecer parentescos.
- Pues cómo quiere que los llame, Juan Carlos y Sofía –respondo yo.
- O Sus Majestades... O Ese Ese Eme Eme...

Y la muy bruja se ríe por lo bajini. Es que a ella lo de Ce Ce O O de U Erre De A Ce I le sentó como una patada en los Ce O Jota O Ene E Ese. Mal, vaya, que le sentó mal.

- Urdaci c’est fini, está kaput –interviene Arsenio, el charcutero con perfil de galán, que según algunas vecinas tiene don de lenguas... ya me entienden-. Tuvo la exclusiva a la vera, siempre a la verita suya todo este tiempo y ni la olió. ¿Dónde queda su olfato periodístico?
- ¿En el mismo hoyo en el que enterró su objetividad? –pregunto, porque me tienen frita con tanta interrupción, que una ya no es capaz ni de desarrollar un pensamiento coherente.
- Oye, oye, no nos eches la culpa a nosotros –pide María de O.
- Cría cuervos...

A estas alturas de melopea y verborrea, ustedes se preguntarán: pero, esta Maruja ¿no nos va a hablar nunca de las revistas de la semana? Pues no, oigan y lean, porque tal y como les dije salieron el lunes por lo del enlace, y luego retrasaron su cita de los jueves por lo de la pedida. Y lo menos que se puede pedir a unos semanarios es que salgan una vez a la semana. Vamos, digo yo. Además, la pedida la vemos por la tele...

- Uy la pedida –objeta Santiago, que desde que lee las columnas de opinión de Marca se cree que es culto-. Yo creía que eso era el Dinamarca...
- ¿En Dinamarca?
- Si, por lo de que Algo huele a podrido en el Reino de Dinamarca...
- ¡Escatológico!
- Estrecha.

¿Qué se creerá éste que significa escatológico?

- ¡Bruto! ¡Ignorante!
- Lavativa.
No somos un ejemplo para los chiquillos, no. Es que nuestras relaciones andan un poco deterioradas, últimamente.

- Santiago... ¿Tú volverías a pedir mi mano?
- Si tu madre no me obliga a llevarme también el resto del cuerpo...

Rectifico: muy deterioradas. Lo peor es que se les está pegando a mis hijos.

- Cursi –le espeta Santiaguín a la niña.
- Monstruo cuellicorto –responde la niña, dándole al peque donde más le duele.
- ¿Queréis dejar de pelearos? ¿Os vais a portar como hermanos, sí o no?
- Sí –me contesta la niña, que quiere tener siempre la última palabra-. Lo que pasa es que lo nuestro son relaciones modelo Caín y Abel.

¡Santo Dios! La clase de religión va a acabar con esta familia.

En fin, Letizia con Z, (mira tú, como Mazinger Z), aunque podrías ser mi hija (ojalá, de hecho, la de problemas que nos quitaríamos de encima), no me atrevo a darte consejos. Pero sí a compartir contigo algunas reflexiones.

  • Piensa que todos los matrimonios son felices hasta que empiezan a vivir juntos... que se lo digan a tu ex.
  • Piensa que del mismo modo que algunas ranas se convierten en príncipes, algunos príncipes pueden salir ranas.
  • Piensa en tu estabilidad, que con esos taconazos que te vas a ver en la obligación de usar no está garantizada.
  • Piensa que encarnas el deseo de normalización de una institución tan pasada de moda como la Monarquía. A mí me parece que el mero hecho de que no midas más de metro noventa, ya te convierte en portavoz de la mujer española corriente y moliente, ¡fíjate si me conformo con poco!

    Para terminar, que tengo que ver qué le pasa a la superrápida, que va más lenta que el caballo del malo, me atrevo a hacerte una pregunta directa. De profesional de la comunicación a profesional de la comunicación. ¿Cómo crees que quedaría Maruja con Z? ¿Y con H intercalada? Si me lees, escríbeme. Mi dirección aparece más abajo.



    mlimon@divertinajes.com
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