24 de octubre de 2003

Llego tarde, llego tarde

Y además no entiendo nada. He hecho un descubrimiento científico de primer orden: vivir perjudica seriamente la salud. Esta vida mía me va a matar. Y, para colmo de males, cada día que pasa entiendo menos lo que ídem. Lo que pasa, quiero significar. Otro misterio sin resolver.

Me levanto, me quito las legañas, me despejo, preparo el desayuno. Levanto a los niños, a Santiago, no se dejan, pongo la radio, se resisten, pongo en marcha el aspirador, protestan entre sueños, añado el ruido de la super-rápida, abro y cierro puertas como si yo misma fuera un fenómeno paranormal juguetón, toco el quinto levanta, tira de la manta... vuelven a la vida.

Salen de casa, temo por sus vidas, ¿tendrán piedad en ese mundo cruel de estos tres zombis (¿o se escribe zombies?)?, me relajo... por poco tiempo. Paso el plumero, y la bayeta ecológica, se me ha acabado el Pronto, ¡mecagunyonson!, me pongo un abrigo de trapillo sobre la bata, también de trapillo. Me calzo, me peino, salgo a la calle rumbo al AhorraMás, pierdo el bofe, paso por delante del quiosco...

[Aquí, música seráfica].

Domi me llama, me da las revistas del corazón, mi vida va a cambiar.

[Aquí, sonido optimista: tiruri, tiruri].

Veo la portada del ¡Hola!. Boda de María Chávarri y Javier Fitz-James Stuart. Pero –me pregunto- ¿este no es el padre de la niña esa con nombre estravagante, Encía, la hija de la ex novia del Príncipe? ¿No se apellidaba Soto? ¿Ha cambiado de padre, de madre, no tiene perrito que le ladre, o ladrase? Es más: al vulgo (yo misma, con mi carisma), ¿qué le importa que se casen este pisaverde y esta pisaverda, cuyo mayor mérito conocido es que su hermana enseñó el chirimangüey en una revista fronteriza? ¿Qué han hecho por el bien de la Humanidad? ¿O por el mal, porque Hitler no era un filántropo y ahí lo tienes, en todas las revistas... de historia?

Así que estos dos se han casado. Vale, ya tengo una parte de mi cerebro ocupada por algo que no me interesa en absoluto. Vamos a seguir almacenando información inútil. Tomen nota: ha sido el cumpleaños de un príncipe de Jordania, no sé cual, porque allí son políglotas, y tienen muchas mujeres y aún más hijos. Entre los que soplaron las velas, Iñaki Urdangarín y la Infanta Cristina. ¿Quién les pagó el viaje? Porque mi prima Raquel cumple años la semana que viene en Peñíscola, y a mí no me da para ir a tirarle de las orejas con estas manitas.

Sigo en ¡Hola!, y mi vida aún no ha cambiado. Si en lugar de pasar por delante del quiosco de Domi hubiera pasado por delante del puesto de la ONCE, otro gallo me hubiera cantado. Me enseñan la casa de Juan Pardo. Fantástico. Los de Titanlux deberían hacerle un homenaje, porque ha pintado cada pared de uno color distinto, parchís, chís, chís. Pero hete aquí, o allí, que Juan Pardo también enseña su casa en Semana. ¡Y es otra! Los de Álvarez Cascos deberían hacerle un homenaje, porque tiene dinero para comprarse dos casas caras y da argumentos al ministro que se parece a las hienas del Rey León (lo dice Sara Orúe, que es aviesa por parte de madre).

Otra que repite y acapara (sin acritud) muchas páginas es Rosa, la de Operación Triunfo pichis. Digo “pichis” porque su triunfo ha sido un tanto extraño. Dicen que vuelve: yo creo que su próximo LP o como se llamen ahora debería titularse Pedro y el lobo, o El cuento de la lechera. Le deseo lo mejor, pero...

Y también salen por todas partes Elena Ochoa, la que nos hizo hablar del sexo y nos dejó con la boca abierta mientras ella, la muy cuca, hablaba con Norman Foster y se casaba con él. El caso es que han venido a España con sus dos hijos, el pequeño de los cuales tiene dos años y acaba de ser bautizado. Ejem, ejem, Santidad, aquí hay temita. Bueno. Los cuatro están en todas las revistas, pero en tres tienen el detalle de tapar la cara de los niños para que no los reconozcamos mientras que en Semana los muestran a cara descubierta. No sé si es una canallada o una demostración de sentido común.

En fin, voy a volver a las labores propias de mi sexo, que me relajan, por qué no reconocerlo. Al fin y al cabo, en casa pongo el piloto automático y mientras hago no sé cómo un montón de cosas, pienso en otras, ya ves tú, y no como el presidente norteamericano ese, que no era capaz de andar y mascar chicle al mismo tiempo. Pero, antes, una reflexión.

He cambiado de párrafo porque esta reflexión se merece un párrafo propio, no por su enjundia, sino por la entidad de la protagonista. Diez Minutos pone en su tercera (es decir, foto XL) a Ana Botella, sonriendo, bueno, o eso que hace ella cuando le dicen que sonría. “Una abuela que no sabe tejer”, dicen, a propósito de la próxima maternidad de su hija, Ana Segunda. Y especulan: “Quizá le cante nanas, o haga de canguro ocasional, o le compre caramelos sin permiso de mamá”. ¡Pobre niño! Aún no ha nacido, y ya le quieren dar chuches para que críe caries.

Señora Botella, si me lo permite le daré un consejo de madre a madre: si de lo que se trata es de dormir a la criatura, nada de azúcar, ni de canciones anticuadas del tipo “duérmete niño, duérmete ya, que si no los comunistas te comerán”. ¿Lo mejor? Recítele las promesas electorales de su partido que, como las de todos, duermen hasta a las ovejas. Y si aprende a tejer, acuérdese de los necesitados a los que su concejalía protege. Un jersecito de punto les vendrá de perlas, ahora que el frío achucha. No es broma: es una petición de auxilio.




mlimon@divertinajes.com
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