3 de octubre de 2003

Pao, pao, mira esa(s) boa(s)

"Maruja, quítate los romanticismos de la mollera: todos los matrimonios son felices, hasta que empiezan a vivir juntos”. Lo dice Emilia, con la seguridad que le da el hablar desde su soltería recalcitrante. Y yo me inquieto. Aunque para inquietud, la que me genera Paloma Cuevas, de profesión ectoplasta, que sigue saliendo de las tinieblas sólo para hermosear las bodas y demás saraos.

“¡Paloma, manifiéstate!”, exigen los espíritus. Y la mujer de Enrique Ponce, que está delgada como un cañamón y parece la hermana flaca del espíritu de la golosina, se manifiesta. ¿Qué hacen un torero y su doña en una boda de dingolondango? ¡Todavía, si él fuera con su traje de luces para alumbrar al personal, y ella con mantilla española! Pero no, acuden vestidos de manera tal y cual que se confunden con la nobleza. Como los animales esos que se confunden, un suponer, con las hojas de los árboles... “Quieres decir que se mimetizan”, me sopla mi hija. Eso, que hacen como los mimos, dónde estaría yo si no fuera por esta niña.

El caso es que me encuentro con Paloma (quienes me siguen saben que para mí es una presencia turbadora) en la boda de una prima del Príncipe Felipe, boda que para unos fue “brillante”, como el arroz, y para otros, “radiante”. Tengo para mí que en realidad fue atorrante, como todas.

Lleva Paloma (reconozco que lo mío es fijación) una pamela tan, tan, tan... anderson, que me deja sin palabras, y mira que es difícil dejarme a mí son palabras. Claro, que no es la única: Elena de Borbón se esconde bajo una pamela, otra, que parece una sombrilla; Rosario Nadal se pasea con un sombrero que es como una antena parabólica miniaturizada, y Ana Gamazo presume de un tocado que es como el anillo de Saturno, siendo Saturno su molondra y el anillo, el tocado mismamente dicho en su mismidad.

Inciso. La boda a la que aludo se celebró en Almagro, y tal vez sea esa la razón por la que, al pasar página y encontrarme con Kalina de Bulgaria asistiendo a otro evento, y ver la nariz que le dejó el carnicero que le hizo la estética, pienso: a esta niña le han dejado la napia como una berenjena de Almagro. Antes de operarse la tenía normal, y ahora la tiene que en una competición con la de su marido, Kitín Muñoz, las dos quedarían primeras al alimón (nada que ver conmigo). ¡Para mí que en lugar de operarse en una clínica, se puso en manos de Pepe Gotera y Otilio). Fin del inciso.

La boda de Almagro ocupa las cuatro portadas de las cuatro revistas. ¡Y eso que los novios no se conocieron en Gran Hermano! Pero no es la única boda que ocupa a los gacetilleros de la unidad de coronarias. También nos muestran el enlace entre Filiberto y Clotilde, que mira tú que son ganas, siendo ricos, de ponerles nombres raros a las criaturas. Nos cuentan que a la boda de esos dos fueron “la princesa Beatriz de Saboya (“Titti”) y su hija Azafa”.

¿Azafa...ta? ¿Qué nombre es ese? Claro, que peor se me antoja que te bauticen Beatriz, para que acaben llamándote Titti, que es nombre de mono en peligro de extinción.

En las informaciones sobre esta segunda ceremonia nos cuentan que “los novios pusieron lista de bodas en un conocido vivero de ginebra”. ¡Borrachuzos! ¡Ah, no! “... de Ginebra”, con mayúsculas. ¡Ah, que viven en Suiza! Qué patinazo.

Por lo demás, puedo denunciar y denuncio que, entre otras cosas, los de las revistas nos toman por:

- TONTOS. Titular: “Stella del Carmen, la hija de Antonio y Melanie, ya tiene 7 años”. ¿Y cuántos tenía que tener, si nació el 24 de septiembre de 1996 y ella, como todas las niñas, cumple años a razón de uno cada año?

- DALTÓNICOS. Pie de foto: “Rafael Amargo ayuda a Yolanda, con un bikini morado...”. Pues claro, ya vemos que es morado, para eso está la foto.

- CÓMPLICES. Noticia: “Ben Affleck y Jennifer López han obtenido su licencia de armas”. Habida cuenta de que estos dos iban a casarse y han aplazado el bodorrio, no sé yo si armarlos es una buena idea.

Termino ya, o casi, constatando con alivio, uf, que Marta Sánchez ha dejado definitivamente atrás su look Marilyn: ahora se ha hecho un peinado que se parece a Loquillo. ¡Dónde está ese peluquero, que lo cardo!

Sin encambio, Guti y Arantxa de Benito perseveran en su voluntad de parecerse a David Beckham y Victoria Adams. No se les logra, porque una cosa es volverse hortera y otra bien distinta llevarlo en los genes. A los españoles se les nota que se sienten incómodos en sus disfraces de modernos, qué quieres, uno no nace aquí impunemente.

Y una última cosita: un par de revistas tienen a bien darnos la buena nueva de que al astro del balón (Beckham, no Guti, ¿hace falta precisarlo?) le fascinan los coches de súper-hiper-mega lujo que te cagas, y se ha hecho traer un Aston Martin rojo descapotable, que si no es único, tendrá un gemelo, pero poco más. Eso sí: los periodistas son tan (mira tú, como el Capitán), pero tan-tan prudentes, que borran la matrícula del bólido en cuestión, para que no lo reconozcamos.

Pero, cenutrios míos, ¿cómo no lo vamos a reconocer si no hay otro igual? ¿Queréis hacerme creer que con vuestro noble gesto lograréis que cuando los madrileños vean un Aston Vila rojo, conducido por un rubio melenudo, surcando veloz las calles de su ciudad, no se den cuenta de que son el coche de Beckham y Beckham mismo, respectivamente?

“Ya me parecía que no te iban a engañar con esas marrullerías”, me dice Santiago, que sabe que de vez en cuando necesito un poco de cariño. Si es que nos toman por tontos (y por daltónicos, y por cómplices).






mlimon@divertinajes.com
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