19 de septiembre de 2003

Famosos y otras hierbas nocivas

¡Ave María Purísima! Sin pescado en la cocina...

No, no les voy a contar un chiste malo de Jaimito, sino un sucedido real como la vida misma. Hoy, y lo confieso con preocupación, he tenido que esconder las revistas en cuantico que las he leído, porque no quería que los niños las vieran y aprendiera malas artes. Que a esa edad lo absorben todo (“son como esponjas”, me dijo la directora del colegio, y no supe si darle las gracias o darles un sopapo, con lo que me cuesta darles una educación para que acaben pillando cualquier enfermedad), y las lesiones de las circuncisiones cerebrales, cuando te enfermas de todo lo alto de la cabeza, son muy malas de quitar luego.

¿Por qué esta medida drástica? ¿Por qué yo, que aborrezco la censura, he tenido que llegar a este punto? Porque lo que cuentan los semanarios les iba a llenar la cabeza (a cada uno la suya) de pájaros locos, y me los iba a dejar medio turulatos.

Para empezar está lo de las bodas. Estefanía de Mónaco se ha casado “y su padre está enfadado”, dicen unos, “tras pedir permiso a su hermano y a su padre”, aseguran otros, “embarazada”, proclama Diez Minutos. ¿Otra vez? ¿A qué espera el gobierno español para becar a esta coneja paridora con pedigrí y convertirla en ejemplo para todas aquellas que se resisten a quedar preñadas y nos tienen con la tasa de natalidad hecha unos zorros?

Anoten, para su tesis sobre la igualdad social, que el marido se llama Adans López Peres, porque nunca antes entró un López en la casa Grimaldi; que es portugués, y que trabaja en el circo propiedad de un novio anterior de la susodicha Estefanía, quien, a lo que se ve, gusta de cazar en cotos cerrados.

Por cierto, que Estefanía es también noticia porque actuó de madrina de Le Delphine, “un barco de vapor con mucha historia”. ¿Tanta como la princesa?, me pregunto, y callo la respuesta, porque aunque no soy monárquica, tengo vergüenza. ¡Lectores que me leéis! Yo no soy pacata, y que se case esta picaflor, o que le hayan plantado la semillita sin pasar por vicaría no me alarma lo más mínimo. Pero es que mis retoños van a acabar creyendo que todo el monte es orgasmo, y no.

También se ha casado la hija del presidente del Real Madrid, que, según leo, atiende por Cuchy. Es el paradigma del ascenso social: el padre se llama Florentino, que es nombre de bedel, y a la hija la bautizan no sé cómo para acabar llamándola Cuchy, que es nombre de caniche enano color melocotón.

Frente a estos atropellos nominativos, lo mejor es defenderse. Juan Carlos Ferrero, número 1 del mundo en lo suyo, el tenis, pide en ¡Hola! que dejen de llamarle Mosquito. Se lo podía pedir a quienes le llaman Mosquito, pero el ¡Hola! es como un pregón extra luxury. Sin embargo, Diez Minutos cuenta que a Julián Muñoz le llaman Cachuli, (cuando no cosas peores), y no consta ninguna queja al respecto.

Pero volvamos al Principado de Mónaco, que dónde me vas tú a comparar con el de Asturias, por más que en Oviedo se empeñen en que la madre de Harry Potter se merece el Premio Príncipe de Asturias a la concordia, a no ser que se trate de premiar los méritos de quien, por fin, logró apaciguar con sus acreedores y conciliar sus ingresos con sus gastos (inciso: ¿para cuándo el Príncipe de Asturias de la Paz para Corín Tellado?).

Andrea
, que aunque se llama como la hija de Belén Esteban es hijo de la princesa (qué buena estás) Carolina, anda el muy lagartón paseándose con otra. Con otra que no es la española María Jurado quien, a su vez, es motivo de entrevistas porque ha desfilado vestida de novia. “No creo en los príncipes azules, ni verdes ni amarillos”, declara la ex. A mí eso me suena a Viva la Gente: ¿De qué color es la piel de Dios? Dije negra, amarilla, roja y blanca es... Renovación carismática, no sé si me entienden.

Afortunadamente para el orgullo patrio, las revistas incorporan un nuevo ejemplar a nuestra colección de hembras que han conquistado el corazón de famosos foráneos. El fichaje se llama Carla Alapont, es hija de valenciano y estadounidense, y es novia de uno de los actores de la serie Friends. No sé si en aras de esa relación, o a beneficio de su cuenta corriente, la señorita Alapont nos ilumina con unas declaraciones hermoseadas con fotos suyas, entre otras, una con un chihuahua que tiene pinta de hámster maltratado. Cuenta cómo se conocieron, y nos tranquiliza: los compañeros de serie de su novio la tratan “con toda naturalidad”. ¿Qué esperaba? ¿Qué la encerraran en una jaula y le echaran cacahuetes a través de los barrotes? Digo yo que mientras no se presente a las cenas vestida de Fallera infantil, no hay riesgo...

Ya que hemos mentado a Andrea (Janeiro), hablemos de Jesulín, del que alguna revista asegura que está “abatido” por la disputa en la que se han enzarzado sus padres a cuenta del divorcio. “Como hijo, apoyo a los dos por igual”, declara el diestro siniestro. ¿Se puede ser imparcial en este caso? Sospecho que no. Pero aquellos polvos traen estos lodos: se empieza llamando Ambiciones a la casa y se acaba en un enredo que ríete tú de Falcon Crest.

“Las comparaciones son odiosas”, me dice Santiago al ver la última frase. “Es que –se justifica, porque sabe que me pone del hígado que lea lo que escribo- estaba imaginándose a Jesulín en el papel de Lorenzo Lamas”. Debo admitir que el churri tiene razón. Un ejemplo: Semana publica una foto enoooorme de Martina Klein desfilando con un vestido azul; al lado, muestra a Ana Aznar Botella ¿luciendo? el mismo modelito. Claro, no es lo mismo...

... no es lo mismo y un alma sensible como la mía se escandaliza por la crueldad de la comparación. Es como cuando veo la casa de Cindy Crawford y leo que en ella vive “viendo algo hermoso por todas las ventanas”. Hombre, mi vecino del cuarto en medalla no está mal, pero yo veo pocas cosas hermosas por mis ventanas, todas ellas abiertas a un patio de luces. Snif.

Más snif. Y encima, me llama Emilia para ir al AhorraMás. Bueno, acabo con dos anotaciones:

Tita Cervera asegura que su hijo “está muy interesado por el arte”, y yo pregunto: ¿por el arte en general o por la colección de arte de su madre? Una vez más, no es lo mismo.

Concha Velasco dice: “Los actores somos sensibles y cultos porque tenemos obligación de serlo”. Que se lo pregunten a Andrés Pajares, sin ir más lejos. O sí, váyanse más lejos y pregúntenselo a Stallone. Y luego, me lo cuentan.




mlimon@divertinajes.com
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