15 de agosto de 2003

Reina por un día

Así me siento yo, gracias al regalo de despedida que me han hecho los amigos de Divertinajes, trucando esta foto. Gracias, compañeros del virtual, y que tiemble La Pantoja: Maruja ha llegado a las portadas y está ahí para quedarse.

¿Me ha parecido advertir en sus semblantes un rictus de pasmo y triste sorpresa al leer la palabra “despedida”? ¿O era una mueca de felicidad equivalente a un suspiro de alivio? Pues por su bien se lo digo, no se entristezcan demasiado y no se alegren sobremanera, porque me voy pero volveré, en cuanto consuma mis tres semanitas de vacaciones. Y por lo que pueda consolarles de esta pérdida a tiempo parcial, he dejado unas reflexiones sobre el mundo, el demonio y la carne (manera de hablar) que les mantendrán entretenidos, o eso espero.

Mas ocupémonos, queridos lectores, de las revistas de esta semana cuyas primeras páginas vienen copadas por cuatro mujeres de distinto tipo y calibre.

En la ¡Hola! pata negra aparece la señora de Iglesias (y el celibato, a tomar viento) cargando con sus gemelas como si las niñas fueran cántaros y ella, doña Miranda, una vaquera de la finojosa.

En Lecturas, una Carmen Ordoñez recauchutada pero con unas cartucheras que ríete tú de María de la O y su celulitis perfectamente localizada, dando la brasa.

En Diez Minutos, Isabel Gemio, la mujer que no comercia con su intimidad, haciendo balance de su vida junto a su cubano del alma, hombre contradictorio donde los haya por cuanto, llamándose Nilo, aparece y desaparece como el Guadiana.

Y en Semana, Terelu y Pipi, esa extraña pareja (sólo faltan Míster Nilsson y Pequeño Tío, el caballo) disfrutando de las vacaciones con la hija de la hija de La Campos, que se llama Alejandra y a su tierna edad pone un toque de cordura nominativa en ese hogar.

De este póquer de damas (que una tiene su cultura, forjada en esas tardes de sábado malgastadas frente al televisor viendo Sesión de Tarde), me quedo con Carmen e Isabel, cobre cuyas declaraciones quiero extenderme. Procedo.

Carmen amenaza: ha sido contratada como comentarista de A tu lado, así que desde septiembre la tendremos en la mesa camilla catódica, atizando el brasero.

Con este reportaje, mediante el cual “Carmen rompe su silencio” (y yo oigo una máquina registradora), la... la... la... (¿cómo defines a alguien cuya principal característica es no dar brote?)... la inoperante explica las razones de su larga ausencia: “Quería ser anónima”. A lo que se ve, la querencia le ha durado poco; además, eso de “ser anónima”, ¿no les suena un poquito raro? Una persona en sus cabales quiere ser feliz, o ingeniero de caminos, pero anónima... Quiere estar en nómina, como Ricardo Romero de Tejada, pero... ¿ser anónima? Confieso mi perplejidad. Luego, Carmen, Carmina, fluorescencia, asegura: “No temo envejecer ni estar gorda. No me agobia mi aspecto”. Afirmación previa a esta solemne declaración de intenciones: “No me planteo hacerme una liposucción ni pasar por el quirófano para estirarme la cara”. Sabido lo cual, y a pesar del calor agobiante, mi Santiago dice que ya puede dormir tranquilo. ¿Y luego me preguntan que por qué me casé con él?

Isabel Gemio
por su parte posa en Lanzarote y con Nilo, que en lugar de ser azul, como su pariente el Danubio, va de rubio platino, como Lana Turner. Confuso.

La presentadora anuncia su buena obra del año: se va a traer a Darling, que a pesar de su nombre es una niña, nicaragüense por más señas, que necesita ser... ¡anónima! Era broma: ser operada en España. Y como Isabel es mujer previsora, nos anticipa su propia angustia: “Lo peor será el momento de la despedida porque Darling tiene padres”. Es lo que tienen los niños: padres. “Pero si decidiera quedarse en España conmigo, ya veré que podemos hacer”. ¡Pues devolvérsela a sus padres en perfecto estado de salud, porque lo contrario se llama secuestro! ¿O alguien se cree que si mi Santiaguín fuera a pasar unos días con Julia Roberts y decidiera quedarse yo iba a permitírselo? Vamos, anda. De verdad que a veces estos famosos no están en lo que celebran.

Lapsus aparte, lo que hace la gente del colorín por los pobres del mundo es muy encomiable. Una panda de muchimillonarios se han reunido en Mónaco y han pagado 1.000 euros por cáspita (y es que es una pasta...) para hacer obras sociales fuera del Principado. Y esto provoca en mí tres interrogantes, además de un poco de urticaria:

- ¿No hay pobres en Mónaco? (Sí, pero en cuanto salen de ahí pasan a ser considerados clase media alta).
- ¿No podrían dar el dinero sin necesidad de organizar una cena de gala? Así, a los 1.000 euros se podría sumar la cantidad que se gastan en el ágape y habría más para repartir.
- ¿Por qué los ricos se ven en la golosa obligación de comer langostas y caviar para que los pobres se zampen una mísera ración de sopa instantánea? Quizá porque la caridad bien entendida empieza por uno mismo...

A veces, las obras sociales de los populares me dejan ojiplática. Diez Minutos titula telegráficamente: “Ana García Lozano, contra el cáncer”. Pero, ¿es que hay alguien que esté a favor? Porque le damos una somanta palos y que vuelta luego a por otra.

En fin, acabo ya que tengo que cerrar las maletas mientras Santiago se las apaña con la baca... que no, que la baca no es mi suegra, que ésa si acaso sería la vaca, para que luego digan que la ortografía no marca nuestras vidas. Termino con dos reflexiones que me llenan de esperanza:

- En Diez Minutos publican un pequeño reportaje sobre las vacaciones de José Luis Rodríguez Zapatero y hacen una comparativa fotográfica entre él y José María Aznar, al que hace poco veíamos también en Meyba o sus derivados. Lo que me hace pensar que no todo está perdido no es la exhibición corporal de los padres de la patria, Governator Chuacheneguer les saca los colores a ambos dos, sino el hecho de que el socialista lleve un traje de baño azul, y el conservador lo luzca rojo. Aquí hay temita...

- Ana Rosa Quintana ha hecho unas declaraciones de las que, creo yo, se arrepentirá:

* “Me gustaría tomarme un año sabático”. ¡Y a mí! A mí me gustaría que te lo tomaras, guapa. ¿Dónde hay que firmar?

* “¡Soy muy aburrida!”. ¿Y quién soy yo para llevarte la contraria?

Que os lo paséis muy bien, divertinos. Por mí, al menos durante las tres próximas semanas, no os preocupéis.




mlimon@divertinajes.com
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