18 de julio de 2003

El mundo al verrés

Yo, como el filósofo, sólo sé que no sé nada. Y que cada día entiendo un poco menos. Se lo dije esta mañana a Domi cuando bajé a por las revistas. Textual: “Domi, yo, como el filósofo, sólo sé que no sé nada. Y que cada día entiendo un poco menos”. Lo pongo entre comillas no para hacer bonito, sino para que ustedes entiendan que lo he reproducido tal cual lo dije.


Dicen que ha posado para
un artista contemporáneo...
¡No va a resucitar Goya!
Aprendo cosas, sí, por ejemplo ayer me enteré de que la rodaja de limón o de naranja que se pone en los refrescos se llama luquete. Claro, que no sé muy bien qué utilidad puedo darle a ese conocimiento, porque si le digo a mi Santiago que me ponga un luquete en mi MecaCola (una tiene su conciencia política), a lo peor saca algo de la caja de herramientas y lo pone a remojo. Saber no ocupará lugar, pero ahonda las diferencias.

Aprendo, pues, pero sigo perdida en las cuestiones esenciales de la vida. Por ejemplo: la chica que aparece en todas las revistas con Andrea, el hijo de Carolina de Mónaco, ¿es su novia Caroline (“Edipo rilouded”, apunta la niña, que está que lo vierte) o es otra? Desde luego, si es la misma no es igual. ¡Hola! asegura que es que la tal “Caroline ha aumentado su gran belleza y atractivo con una pequeña y acertada operación de estética en la nariz”. Pues será pequeña, y acertada, pero desde luego no es en la nariz, al menos no sólo, porque la boca y la barbilla las tiene diferentes. Sin embargo, Lecturas mantiene que el monegasco príncipe anda de la mano con otra, con otra que no es Caroline, de la que Semana apunta que pertenece a una “conocida, acaudalada y aristocrática familia”, no vayamos a pensar que al tal Andrea, lánguido, que es un lánguido, le ha dado un ataque de plebeyitis aguda en fase terminal. Luz y taquígrafos, necesitamos luz y taquígrafos y, en su caso, un parte médico aclaratorio.

La verdad es que los contrarios dan mucho que hablar en las revistas que nos ocupan, sobre todo a mí, que me traen loca. Sale en todas Virginia Blume, que acaba de ser mamá, posando con el bebé al lado del papá, “el submarinista belga Perry”. Perry... ¿qué? ¿O acaso ‘submarinista belga’ es el nombre de pila, y Perry es el apellido? Pero es que luego sacan unas fotos de Inés Sastre con su novio, “el irlandés Taylor”. Taylor... ¿a secas? Que ya tiene coña, porque como acertadamente apunta mi Santiaguín, que de algo tienen que servirle las clases de inglés, tailor es sastre pero en inglés, y si Taylor es Sastre con falta de ortografía, lo que el diccionario de Oxford ha unido, que no lo separe el hombre, cualquier hombre, un novio anterior o uno de recambio. Me dice el niño que ponga esto: “my taylor is rich, Inés is in the kitchen”. Espero que no sea una grosería, porque como yo no tengo el don de lenguas...

Hay más datos que aportan los semanarios y que, lejos de contribuir a mi potenciación como mujer y como maruja, me sumen en la más abismal de las confusiones.

¡Hola! habla de Celine Dion, de la que dice que es “la inolvidable intérprete de Titanic”. ¡Meidei, meidei! ¿De qué hacía? ¿De Leonardo di Caprio? No la sitúo, claro que con tanta agua me dio un ahogo y me tuve que salir del cine.

Guti, el telonero de David Beckham, se ha puesto extensiones. Pero que si quieres arroz, Catalina. Porque el inglés es muy fuerte. Aparece en Diez Minutos haciendo futin de blanco inmaculado, con pantalones del Real Madrid (qué detalle, señor, qué detalle. Don Santiago Bernabéu estaría orgulloso)... ¡y no suda! El que va a su lado chorrea, y él tan pancho. ¿Qué esperan los fabricantes de desodorantes para proponerle un trato? A no ser que esa sequía pertinaz sea fruto de algún tipo de doping, no sé, taponar los poros con cemento armado o así. Tengo que averiguarlo, porque cuando Santiago hace ejercicio (y en su caso, ir a la nevera a buscarse una cerveza ES ejercicio), suda un poco. Bastante. Vale, mucho.

Carlos Herrera, en su columna de Diez Minutos, analiza lo ocurrido con Sara y Tony, la extraña pareja, una semana después de que la española declarara en ¡Hola! aquello tan terrible: “Mis hijos me han dado la felicidad como madre, pero me han hecho una desgraciada como mujer”, mal trago que Saritísima suavizó gracias al dinero de la exclusiva. Y reflexiona Herrera sobre la relación apenas carnal del matrimonio transoceánico con una frase que tiene su guasa: Tony es, asegura, el hombre con el que Sara “se podía relacionar por esporas”. Y los de la fecundación in vitro, creyéndose que habían inventado algo, jesús, jesús, qué cosas.

Insisto en que me estoy rayando, a fuerza de leer cosas que desafían la más elemental de las lógicas, que es la mía, porque yo soy un tanto primaria, debo admitirlo. No recuerdo dónde he leído que Gonzalo Miró, hijo de Pilar, pidió la mano y el resto del cuerpo de Natalia Verbeke, actriz. A mí eso de pedir la mano ya me parece una tontería, pero bueno. Y el periodista asegura que la cosa se produjo “en un acto sencillo al que acudieron los Reyes, el Príncipe y Felipe González”. Hombre, sencillo sería, no digo yo que no, porque los Reyes y el Príncipe no llevarían puesto el toisón de oro y la gran cruz de isabel la católica (lo pongo todo en minúsculas para que parezca aún más sencillo), y porque Felipe González, en lugar de fumar cohíbas, fumaría un purito reig. Pero en mi barrio, cuando los reyes, el príncipe y Felipe González aparecen por un acto, cualquier acto, inmediatamente dejamos de pensar que el acto en cuestión es sencillo. Como que la palabra “sencillo” no nos encaja con la realeza y sus suburbios... Digamos que las categorías son distintas.

Por ejemplo: las revistas hablan de la boda del hijo de Alberto Cortina y Alicia Koplowitz con la hija del duque de las Cumbres Altas. ¿Acaso los títulos nobiliarios son ahora como los ocho miles esos de los que los alpinistas hablan con embeleso? ¿Tienen los nobles que presumir de su alta cuna también en los títulos? ¿Les prestará José María Aznar su metro para ver quién la tiene más alta? Con lo bonitos que son los títulos rupestres, tipo Duque de Suárez. Yo no diría que no al Marquesado de Limón... porque la historia, no sé si lo saben, es cítrica. Y arrieros somos, y en el Gotha nos encontraremos.


¿Les habrá abierto
también su monedero?
Atención, pregunta: ¿Sufre Bisbal de incontinencia urinaria? Vale, soy consciente de que semejante interrogante supone una vuelta a la realidad demasiado brusca, tras nuestra anterior excursión por los picos montañosos de la nobleza patria, pero necesitaba preguntarlo. ¿Se hace pis? Porque es la única explicación que se me ocurre para esa pose que adopta en dos de cada tres fotografías, cuando se apoya sólo sobre una pierna mientras repliega la otra en dirección a la entrepierna.

En fin, no sé por qué me preocupo por la próstata de Bisbal, cuando acabo de descubrir una foto en Semana que demuestra que Ana Aznar Botella es el clin, clan, clon de Ana Belén, lo cual demuestra que la derechona se está apoderando de nuestros mitos izquierdistas (lo digo con doble intención, a ver si no van a saber leer entre líneas) y ¡Hola! anuncia, en un rinconcito y de manera vergonzante, que sube la revista 10 céntimos. Tengo que decírselo a Domi, que siempre me agradece estas lecciones de filosofía: “Domi, yo no sé ni de donde venimos, ni adónde vamos, ni cuánto nos va a costar”. Bueno, sí, 10 céntimos más.




mlimon@divertinajes.com
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