4 de julio de 2003

Las cuarenta, el tres y el as...

... ¡la partida ganarás! En mi casa se jugaba al guiñote. Mi abuela sobre todo, que además hacía trampas, que era el nombre de un vaquero de El Virginiano, que era un tipo de luto que recorría el Oeste a lomos de un brioso corcel de nombre... bah, mejor lo dejo.

En mi casa, digo, se jugaba al guiñote. Y en las pelis veía cómo los tahúres del Misisipi jugaban al póquer, con cara de. Con cara de póquer, quiero significar, que es como decir, pero más profundo. Lo que nunca imaginaron esos tipos malencarados era que, en esta semana rosa, dos de las cuatro revistas del corazón llevarían a sus páginas un póquer de damas: el formado por Isabel Preysler, Isabel Sartorius, Valeria Mazza y Cayetana Martínez de Irujo, que por el tamaño debe ser el comodín, o asín.

“Póquer de damas en el polo de Inglaterra”, dice ¡Hola! qué tal en su portada. Y allí están, las cuatro huevonas, riéndose imagino que de todos nosotros. Lecturas prefiere titular: “Póquer de belleza y elegancia”. País de pelotas, oiga. Semana abandona el tapete verde y prefiere unir a Isabel y Camilla Parker-Bowles en el titular; claro, con Camilla rondando, las palabras “belleza” y “elegancia”, quedan desterradas. En cuanto a Diez Minutos, anuncia: “Póquer de damas para el Príncipe Carlos. ¿Y Camilla? No está, ¡como si fuera tonto, el orejas!. Otro titular de la misma revista, éste en portada: “Isabel Preysler de nuevo con el Príncipe Carlos”. ¡Uy, uy, uy, aquí hay temita! “... por una causa benéfica”. No sabía yo que Porcelanosa era una ONG, ni que el Príncipe Carlos, que tiene un palafrenero que le pone la pasta... en el cepillo de dientes, no me sean mal pensados, es un tipo benéfico.

Benéfico es lo que hace Semana, que coloca a María José Campanario en bikini en su portada. Es la reivindicación del botijo como referencia estética ineludible de las españolas de bien, y a mí, la tal cosa me llena de satisfacción. Menos satisfactorio me parece que, junto a un reportaje titulado Carolina de Mónaco, reina de la elegancia”, pongan otro de Isabel Pantoja y su Julián, de los que, a la vista de las pintas que traen, sólo pueden decir que son “inseparables”. Era eso, o “los emperadores de megagüen-el-buen-gusto”. Otra cosita: ¿por qué dedican una página a la (titular) “Boda de Juan de Bragation con Floriane del Río? ¿Para cuándo un breve con el (titular) “Aniversario de Doña Maruja Limón y su Santiago? Lo que es más: ¿cómo puede alguien apellidarse Bragation y no saltar a otra rama del árbol genealógico? Es como lo de ese papel, el papel Guarro... ¿cómo podemos escribir en ESO? Incorporo estos interrogantes a mi larga lista de la comp... digo, de misterios sin resolver.

Mi hijo Santiago, que me ayuda a escribir estas críticas porque yo tengo problemas de relación con el teclado del ordenador del centro de mayores donde las escribo, ha llamado mi atención sobre un hecho notable: Ortega Cano habla de sus hijos como si fueran objetos. José Fernando y Gloria Camila son de las cosas más bonitas que me han pasado en mi vida”. Y digo yo: ¿hay que llamar a los niños con los dos nombres? A mí me recuerdan al Monstruo de Sánchezstein: Luis Ricardo cantidubi, cantidubi dubi da. Claro que, para tontería con niño, la que suelta Lina Morgan. Le preguntan si no ha echado nunca de menos tener hijos, y ella contesta: “Sinceramente, no. En mi familia existe una gran afición a ser solteros”. Vuelvo la página, leo que Lina tiene 66 años... ¿nadie le ha explicado lo de que para tener niños no hay que estar casada? ¡Hasta mi Santiaguín lo sabe! Y de mi niña, ni hablamos. Si la Morgan se pasa por este vecindario, se lo cuento, empezando por lo de la semillita, para no escandalizarla y que se vaya emocionada y agradecida.

Pero si hay algo impresionante en esta semana, aparte (paréntesis: ¿por qué aparte se escribe junto? Otro misterio sin resolver) de la omnipresencia del jugador picante, David como se llame, es el regreso de Hola a sus orígenes.

Es cierto. Demasiado plebeyo en sus portadas, demasiado chiquilicuatre en sus páginas de color, demasiado arribista en su ecos de sucied... digo, de sociedad. Ya era hora de volver al Gotha: dos reportajes sobre Magdalena de Suecia; uno sobre “la princesa Máxima, que no es la protagonista de La Guerra de las Galaxias o similar, sino la mujer de Guillermo de Holanda; tres seguidos sobre la reina Sofía que aparece, sucesivamente, en Valencia, en el Teatro Real de Madrid y en la clínica donde su hija perdió el bebé que esperaba; uno sobre la Duquesa de Alba; dos sobre Carolina de Mónaco, más uno sobre Estefanía y su padre, más otro en el que los protagonistas son el príncipe Pierre (¿no puede decirle alguien que lleva el cuello de la camisa mal puesto EN TODAS LAS FOTOS?) y el príncipe Alberto (¿A quién se le ocurre sustituir la corbata, discreta a la par que elegante, por esos dos pompones de majorette?), más otro más en el que se elogia a Andrea; un reportaje sobre el príncipe Harry...

¡S.O.S., Maruja en apuros! ¡Un poco de sangre roja, por favor! A ver que dice Humberto Janeiro, que es de una dinastía pero de otra clase, aunque, bueno, decir clase refiriéndose a la troupe de Ubrique es, cuando menos, un acto de generosidad impropio de mí. “Yo no quiero el divorcio, ni la nulidad, ni nada por el estilo, porque nunca me casaré de nuevo. Pero si algún día me veo muy solo, me iré con una mujer”. Eso, para que te ajuste el suspensorio.

Casi me vuelvo a la realeza. A ver, a ver. “Carolina de Mónaco –otra vez ella, ahora en Lecturas- siempre exquisita”. Menos mal que luego viene su marido Ernesto de Janofa y se deja fotografiar sentado en el interior de un coche, con el piel descalzo pero envuelto en un calcetín marrón colgando por la ventana del copiloto. Será para compensar. Vamos, digo yo.




mlimon@divertinajes.com
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