Dexter o la metástasis del mal

“Cualquiera puede ser encantador si no le importa mentir y soltar todas las cosas estúpidas, obvias y nauseabundas que la conciencia suele reprimir en la mayoría de la gente. Por suerte, yo no tengo conciencia. Y las digo.”

Con esta declaración de principios se presenta Dexter Morgan, otro asesino en serie (conocidos como “copycat” según la nomenclatura criminalista americana por el esquema repetitivo de su modus operandi) creado por el escritor americano Jeff Lyndsay en su trilogía de novelas aparecidas desde 2004 y que incluye los títulos El lado oscuro, Querido Dexter (ambas publicadas en España en Umbriel), y la recién aparecida en Estados Unidos Dexter in the dark. En su país de origen, el éxito ha sido sonado. No tengo referencias de España, pero supongo que después del pase de la serie realizada por Showtime en el canal de pago Fox y próximamente en Cuatro con el magnífico Michael C. Hall (el hermano pequeño de A dos metros bajo tierra) de protagonista, muchos querrán saber más de este, cuando menos, atípico asesino vengador.

Con unos antecedentes dignos de todo serial que se precie, nuestro protagonista fue maltratado, vejado y abandonado por sus padres a la edad de cuatro años y recogido y educado después por Harry Morgan, un oficial de la policía de Miami que descubre sus tendencias homicidas y encamina su afición a la vivisección humana por canales más ortodoxos convirtiéndolo en el famoso e importante forense patológico de la policía de esta ciudad que es cuando lo conocemos y comienza la historia. Hombre respetado por sus compañeros del cuerpo, educado, culto, amante de los niños, lleno de carisma, es una persona que cae bien a todo el mundo. Él, por la cuenta que le trae, potencia al máximo todas estas características y se esfuerza mucho por llevar una vida lo más normal posible que le sirva de pantalla perfecta para disimular su inmanente tendencia a matar. A ello le ayuda su relación sentimental con una mujer en camino de recuperación de una bestial violación sufrida por parte de su ex-marido y los dos hijos pequeños de ésta, así como la familiar que mantiene con su hermana adoptiva que trabaja también como miembro de la policía anti-vicio y a la que ayuda en la resolución de sus casos.

Pero hay otro Dexter, el pasajero oscuro, ese que él se ocupa activamente de ocultar; ese que busca, da caza y asesina con brutal frialdad y precisión a asesinos que han conseguido burlar a la justicia y siguen libres; ese que ha aprendido perfectamente como cubrir su rastro y no dejar pruebas de sus actos si no es una única gota de sangre de sus víctimas que guarda en su archivo secreto..

Y de pronto, su metódica doble vida se ve perturbada cuando otro asesino en serie aparece en Miami, un asesino que muestra un estilo tan idéntico al suyo a la hora de matar que no puede por más que sentir curiosidad y lanzarse al juego que parece querer proponerle.

Hay oficio, y eso que llaman “buenas maneras de autor”, en las dos primeras entregas de Jeff Lindsay . Se nota que se mueve a gusto en este subgénero de los serial killers y aunque logra crear perfectamente la atmósfera en que se mueven los personajes así como el perfil de algunos de ellos, en el caso de su protagonista hubiera necesitado hilar más fino —la sombra de Harris y Highsmith, creadores de los dos arquetipos de los que Dexter es deudor: Aníbal Lecter y Tom Ripley, es demasiado alargada—, y no logra del todo convencernos de los motivos que llevan al protagonista a ser tan absolutamente inaccesible a la idea de culpabilidad. Pero pese a ello las dos novelas se leen con avidez y no defraudan en absoluto al posible lector.

Por lo que respecta a su versión televisiva, yo se la recomiendo vivamente. En los antípodas del sobrevalorado y absolutamente tedioso CIS (no parece que se desarrollen siquiera en el mismo escenario, Miami ) la serie recrea perfectamente la atmósfera cotidianamente insana en la que se mueve el personaje. No hay violencia gratuita ni casquería superflua; tampoco hay tecnochismes absurdos que ayuden a la investigación ( a ver si se anima Dexter y se carga al flatulento Horatio y sus adláteres polis de diseño); tampoco se trata de resolver un caso en cada capítulo , si no más bien es una dilatada y macabra partida de ajedrez jugada entre dos mentes criminales en las que las figuras y peones son reemplazados por cuerpos humanos mutilados debidamente desangrados; aunque las motivaciones para matar de los jugadores sean diametralmente opuestas.

Y además, está el inmenso Michael C. Hall, que con una contención y sobriedad de gestos admirable, encarna la dualidad de su personaje haciéndolo creíble a base de miradas, gestos, movimientos. Un verdadero despliegue de talento que traspasa la pantalla y que asusta mucho, pero mucho, mostrándonos que cualquiera de nosotros podemos llevar en nuestro interior ese oscuro pasajero capaz de lo mejor y lo peor. Sólo hace falta encontrar la llave maestra que abre el armario de la bestia.

Dexter se emite actualmente los lunes a las 10,20 en el canal Fox, y próximamente, en abierto, en la Cuatro.





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