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Casi treinta años después… Max Aub, novela por Javier Quiñones. Barcelona, febrero de 2007
Lo peor vino después: la penuria de datos acerca del escritor, la inexistencia de ediciones, la búsqueda infructuosa en bibliotecas y librerías de viejo. Con todo, el azar me deparó otros encuentros epifánicos –Alberto Manguel dixit- en mi relación con la obra de Aub. Aún alcancé a comprar, antes de ser descatalogada, la edición del Jusep Torres Campalans, ese pintor de ficción amigo de Picasso, de Alianza Editorial, de modo que fue éste el segundo texto aubiano que leí. ¿Cómo es posible, me preguntaba entonces, que un escritor capaz de escribir libros como aquellos no figurara entre los más destacados de la literatura española, no se editasen sus obras y su nombre no fuera reconocido y celebrado? No olvidaré fácilmente la alegría que me produjo el hallar, perdido entre hileras de libros viejos en la feria del libro de ocasión de septiembre en el Paseo de Gracia de Barcelona, un ejemplar de la segunda edición de La gallina ciega, editada por Joaquín Mortiz en México, en 1975. Lo encontré en septiembre de 1977, como señala con precisión mi ex-libris. Recuerdo aún la amargura de la queja de Aub ante el desconocimiento del público lector cuando efímeramente regresó a España en 1969: "¿Quién soy yo para todos estos que llenan estos cafés del centro de Barcelona y sus enormes terrazas? Nadie. No, nadie sabe quién eres." A partir de aquel momento me propuse intentar saber quién era en realidad Max Aub y leer su obra a ser posible en su totalidad.
Nacieron, al hilo de ese descubrimiento, mi tesis de licenciatura y los primeros artículos -el primero en El socialista y el segundo en Ínsula- que dediqué a Max Aub y a su obra. En mi tesis de licenciatura incluí un proyecto que tuvo que esperar trece años y la socorrida intervención del azar para convertirse en Enero sin nombre. Los relatos completos del Laberinto mágico, editado por Alba Editorial con una presentación de Francisco Ayala, libro en el que recogía y prologaba los cuentos testimoniales de Aub clasificados en tres apartados: cuentos sobre la guerra civil, los campos de concentración y el exilio. Era el año 1995. Como ejemplo de otras sincronías aubianas, destacar la del año de 1992, que fue para mí trascendental. De libertad tendidas mis banderas, el cuento mío cuya acción transcurría en Alicante y Albatera en
Vino, dos años después, en 1994, la consecución de otro premio de narrativa, el que otorgaba la Editorial Anthropos, a mi novela Voces apagadas, presentada bajo el título El invierno de la vejez. Las dificultades por las que entonces atravesaba esa editorial impidieron que el libro se publicara. Años después, en 2002, lo recogí en El final del sueño.Publiqué también, en 1995, en Alba mi novela De ahora en adelante, que no ganó ningún premio pero tuvo la fortuna de conocer hasta cinco ediciones. Me sumergí en los años siguientes en otra figura representativa de la España de la República, la del socialista Julián Besteiro. Fruto de ello surgió mi segunda novela, Años triunfales. Prisión y muerte de Julián Besteiro (Alba, 1998), galardonada con el premio Ciudad de Barbastro de Novela del año 1997 y que se editó con un prólogo de Camilo José Cela. En 1999, también editada por Alba, apareció mi novela Nada que no seas tú, continuación y cierre de De ahora en adelante.
Como una sincronía más, Josep Mengual y yo nos fuimos a Valencia a presentar Aforismos en el laberinto en pleno conflicto de la guerra de Irak, ¡qué aubiano resultó todo aquello, presentar un libro de Aub en medio de una guerra, él que tuvo que soportar tres, la Primera y Segunda Guerras Mundiales y la Guerra Civil Española! Yo ya había redactado por entonces el primero de los capítulos de lo que después sería Max Aub, novela. Josep me vio en el tren corrigiendo el manuscrito, pero no me preguntó nada, aunque suponía que era una obra de creación. Yo tampoco le dije nada, porque no me gusta hablar de mis proyectos hasta que están acabados. Seguí trabajando incansable en la novela, a veces abrumado por la angostura del laberinto en el que me había metido, pero sin perder nunca la esperanza de encontrar una salida airosa al reto. Entre medio, en enero de 2005 se publicó en la revista Quimera un monográfico sobre el cuento del exilio que coordiné por encargo de Fernando Valls, el director. Fue Fernando quien me propuso editar una antología de toda esa narrativa breve, que vio la luz en abril de 2006 bajo el título Sólo una larga espera. Cuentos del exilio republicano español (Menoscuarto, 2006), en la que incluí, cómo no, un cuento de Aub. Me centré después en terminar la novela y cuando estuvo lista, se la presenté a Edhasa; la leyeron, les gustó y decidieron editarla; por fin, en estos días llegará a las librerías Max Aub, novela.
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