¿Cine gay? (1ª parte)

Alberto Mira


Es posible que no exista el cine gay. Y muchos gays serían los primeros en negar que su sexualidad tenga nada que ver con su cinefilia. Las películas son buenas o malas. Las películas no se acuestan con nadie. Y aun consciente de esto, me he embarcado en un libro sobre el tema, sino que estoy creando un blog para hablar de películas gays y de lo que tiene de especial “ser gay” y “ver cine”. Cierto que hay ahora un cine vocacionalmente gay. Si dejamos de lado (aunque no tengo claro por qué habría que hacerlo) el porno, el “cine gay” existe de manera minoritaria pero consciente desde los años noventa como una serie de productos destinados al público gay que circulan sobre todo en Festivales especializados. Son películas que reflejan la experiencia gay, desde el clásico lésbico de Rose Troche Go Fish a Trick, de Jim Fall.

Pero de alguna manera esto no nos basta. Y es que los gays vemos otras películas. Y no podemos dejar de ver en ellas cosas gays. O, como trataré de dilucidar en mi proyecto, de verlas como gays. Durante muchos años, la presencia de la homosexualidad en las pantallas era limitada y deformada. Quienes crecimos en aquellos años nos tuvimos que acostumbrar a llenar ese confuso vacío entre nuestra experiencia y las cosas que aparecían en la pantalla.
Y tuvimos que aprender a sacar lo que se podía sacar de aquellas películas. Un poco como exprimir el jugo al limón. Así gays podían ser películas tan dispares como las de Mae West, Eva al desnudo, Los caballeros las prefieren rubias, Encrucijada de odios, Las señoritas de Rochefort, El mago de Oz, Cena a las ocho o Picnic, por poner ejemplos personales, aun cuando en ninguna de estas películas aparece un personaje que pueda considerarse “homosexual”. Cuando nos damos cuenta de que esto era algo que también sucedía a otros en circunstancias similares empezamos a preguntarnos si no habrá algo que una a esas películas que han dado lugar a complicidades por parte de los gays. Y ese “algo” sería el cine gay.

La respuesta no será sencilla. Y es que hay tantas maneras de que surja esa relación entre cine y los homosexuales como espectadores homosexuales. Cada uno es gay a su manera, aunque esto no evita que el concepto exista. Pues bien, también hay tantas maneras como individuos (como historias personales) de ser espectador gay. Obcecarse en encontrar estilemas, motivos narrativos o visuales que construyan un concepto fijo e inmutable bien puede ser inútil. Pero creo que podemos avanzar bastante si mantenemos una mente abierta y, siguiendo el consejo del hada Glinda, empezamos por el principio.

Parte de la complejidad en definir el cine gay es que hablamos de varias cosas, de varias vertientes. La homosexualidad no constituye una identidad con una definición simple como ser socio del Barça o ser funcionario. Se es del PP o no. Se es fan de Madonna o no. Pero dependiendo del criterio, se puede ser culturalmente gay siendo o no homosexual. O no. O un poco a medias, según, etcétera. La homosexualidad aparece históricamente como un concepto de control de la sexualidad y el hecho de que a partir de cierto momento los propios implicados empiecen a hablar desde esta posición introduce incertidumbre. La homosexualidad abarca cuestiones de experiencia personal, de adscripción social, de deseo, de tradición cultural que nunca son unívocas: una mujer que tenga relaciones sexuales con una mujer no es necesariamente “una lesbiana” (de hecho la mayoría no se han identificado así). O sí. Porque aquí también hay una incertidumbre entre lo que uno considera que es y lo que otros dicen que se es. Como vemos, demasiadas inestabilidades para que sean la base de un concepto unívoco.

De manera similar, las relaciones entre este espectador hipotéticamente gay/homosexual y el cine, son muy fluidas y resisten cualquier análisis. Al intentar describir los diversos significados de la experiencia gay del cine en mi proyecto, las he recogido en cuatro vertientes. La primera será inevitablemente subjetiva: películas que por razones simplemente biográficas, rabiosamente personales, han tenido un impacto en el modo en que nos vemos como gays, en nuestra evolución como individuos. Esto incluye cuestiones de homoerotismo, pero también se solapa con las otras tres categorías. La segunda tendrá que ver con los modos en que se introducen significados que se refieren a lo gay. Es decir, la aparición de personajes homosexuales. La tercera sería reducida y no creo que lleve muy lejos, aunque es la que ha generado más bibliografía: ¿Existe una estética gay? Finalmente, se puede hablar de películas que no tienen nada de gay pero que de alguna manera han pasado al acervo cultural de los gays.

En la segunda parte me detendré brevemente en cada una de ellas.