Lo que no dicen que dijo...

por Agustín Camón

En ese club tan exclusivo de la erudición, en el que uno, por azares de la vida, se siente marginado, es bastante común la expresión aquella de: “Como decía Fulano”. O bien: “Ya lo dice Mengano”, que viene a ser lo mismo. Naturalmente, Fulano y Mengano son siempre doctos e ilustrados personajes históricos o contemporáneos más conocidos que El Papus (que por cierto no sé quién era). Con ello, el citador, no pretende otra cosa que fortalecer sus propios argumentos que, por las razones que sean y, me temo, ni él mismo conoce, no valora lo suficiente.

Estarás de acuerdo lector, que esta debilidad o querencia es bastante común en muchos escritores. Y no digamos entre los que se proclaman filósofos o pensadores. Algunos, muy cercanos, como Ortega, llegaron a batir récords en esta disciplina; pero esa, es otra historia. En fin, lo que quiero decir, de argumentar, mejor, es precisamente lo contrario; me explicaré. Todas estas citas, frases, más o menos célebres, etc., y que cada día también nos dan la paliza en la prensa escrita, la radio o la televisión, son siempre positivas. Positivas para el que las dijo, en el sentido creativo, no pragmático del concepto, que a veces no. Pues bien, teniendo en cuenta que los citados, como aviso antes, son siempre el “no va más” en la historia de la cultura patria o universal, resulta bastante atractivo forigar un poco en sus biografías o, por mejor decir, en sus obras, y descubrir la especie de barbaridades que tales señores llegaron a pensar y, consecuentemente, a decir y que, generosamente, son obviadas por sus glosadores. Te invito, amigo lector, a que te recrees en este menester y te garantizo un buen divertimento. No pretendo que me des la razón, sólo tu esparcimiento.

Y, ojo, que no me refiero a aquellos asertos o hipótesis que la ciencia o el tiempo se ha encargado luego de desmantelar, no, eso no. Aludo solamente a aquellos pensamientos o creencias que ya en su tiempo, para un espíritu lógico y racional eran un auténtico disparate. No citaré nombres -incluidos los presocráticos, hasta hoy, todos- pero se podría escribir un libro muy divertido con ellos y con el tema. Os invito a hacerlo.

Creo que me explico, ¿no? Por si no, voy a poner sólo algún ejemplo para que ilustre un poco lo que quiero decir: El ínclito San Agustín -mi santo- cuando, despotricando en los púlpitos de su sagrada Iglesia, clamaba: “Dónde están esos cretinos que dicen que la tierra es redonda”. Por lo que se ve, Demócrito y Eratóstenes le resbalaban. ¿Y Descartes? Ayer, como quien dice. Este buen señor afirmaba rotundamente que los animales, por no tener alma, (nosotros sí, ¡faltaría más!), no podían sentir el dolor, ni el placer, ni ninguna otra sensación que él consideraba exclusivamente suyas, nuestras, de los humanos. Los animales, según él, están programados como los relojes, como máquinas; llevando las cosas al límite puedes eslomar a un perro de un garrotazo que, en su opinión -en la de don René, claro, no en la del perro- éste no va a sentir nada. Y cosas como éstas, hasta un caramullo, oye. En fin... ya digo, un divertimento. Para estudiosos, reitero la invitación, sería un libro muy interesante.



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