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La novela más histórica, la prehistórica Lorenzo Mediano*
La Prehistoria tiene además una gran ventaja: el mundo era simple. Ahora hay millones de personas, las relaciones de poder, sexuales, jerárquicas, políticas..., son muy complejas, tan complejas que es muy difícil analizarlas en lo concreto. Sin embargo, en una sociedad prehistórica la pregunta es: ¿cómo nos repartimos esta pieza de caza? Y ahí está clarísimo todo, no hay sutilezas, no hay ideologías que lo confundan, los problemas derivados del poder, del amor, del sexo, de la amistad... son puros porque hay poca gente y se pueden permitir el lujo de ser puros y claros. Y luego eso nos puede ayudar en la vida cotidiana. ***
Sí, estudiar lo que ocurrió entonces nos puede ayudar a entender lo que pasa ahora. Primero, porque el ser humano siempre ha sido igual a sí mismo, afortunada y lamentablemente. Y por otro lado, porque la distancia nos permite examinar los problemas de una manera más objetiva. Si yo hubiese escrito, por ejemplo, sobre la Edad Media, lo haría influido por los prejuicios: que si los moros son los buenos o los malos, que si los cristianos son los buenos o los malos... muchos prejuicios, muchas ideas. En cambio, como la Prehistoria es algo desconocido, no tomamos partido. Vemos un neandertal, vemos una cromañón, y podemos identificarnos con ambos. De hecho, mi última novela es una historia de amor entre un neandertal y una cromañón y continuamente estás cambiando de punto de vista, cómo ve las cosas él, cómo ve las cosas ella. Se van acercando el uno a la otra, pero las dos maneras de ver el mundo nunca se llegan a unir porque eran demasiado distintas Cuando empecé a escribir esta novela** quería escribir sobre la xenofobia y el choque de culturas, buscaba un momento en la Prehistoria en que eso hubiese sido máximo, porque me gusta la novela histórica sobre temas que ahora estén de actualidad y nos importen, para no solo pasarlo bien sino también meditar sobre los problemas de ahora. Y yo pensaba ambientarla en Palestina porque allí fue donde chocaron por primera vez los neandertales y los cromañones. Pero luego, investigando, me enteré de lo de la frontera del Ebro, sobre la que hay grandes discusiones en los medios arqueológicos, y entonces pensé: ¿para qué me voy a ir a Palestina si España me lo conozco mejor? Para una cosa importante de la Prehistoria que ha pasado aquí, la vamos a aprovechar. Y encima en lo que hoy es Aragón, mi tierra. ***
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También me limita el lenguaje, pero en otro sentido. Nosotros, ciudadanos del siglo XXI, tendemos a creer que toda persona no civilizada, más si es analfabeta, apenas va a hablar más que con gruñidos. Pregunta: ¿En la Prehistoria hablaban sólo con gruñidos? Respuesta: pues no. ¿Por qué? Porque hay idiomas prehistóricos o casi prehistóricos muy complejos. En Papúa Nueva Guinea hay una tribu que tiene creo que son 16.000 formas verbales personales y mil y pico impersonales. Los inouit tienen 40 presentes, cuando nosotros tenemos sólo tres y el presente de subjuntivo lo estamos perdiendo. Y decía que ése es un prejuicio que a mí como escritor me condiciona a la hora de enhebrar diálogos creíbles, verosímiles. Siempre he de tener muy en cuenta que debo contar lo que considero que era verdad, no atenerme a lo que a nosotros, ahora, nos gusta pensar que era la Prehistoria. He elegido el vasco como idioma de los cromañones porque es la
lengua más antigua que existe, y si iba a escribir sobre los humanos
más antiguos que existen, ¿por qué no escoger el
vasco como lengua? Es evidentemente que en realidad ellos no hablarían
el vasco, y que aunque hubiera sido su lengua originaria, después
de 30.000 años habría cambiado tanto... Pero tienen unos
sonidos muy adecuados, me permite utilizar nombres que significan algo,
no son aleatorios (los lectores que sepan vasco dispondrán de pistas
que a otros se les escaparán) y, de paso, recuerdo al mundo que
en España existe un idioma que es el más antiguo del mundo.
Sin embargo, los nombres de los neandertales, como no son simbólicos,
no significan nada, son simplemente sonidos para localizar a una persona
o coordinarse en la caza.
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