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Por qué el sol siempre sale por donde sale el sol por Jorge Dioni López
El libro recomendaba alargar los prolegómenos con besos en partes del cuerpo olvidadas como los pies o la cara interna de los muslos, justo antes de entrar en el sexo oral que se hacía de una forma totalmente diferente a como él siempre había pensado. No había que usar los dedos, sólo la lengua, los labios y los dientes.
Reservó una mesa en el restaurante al que solían ir cuando
salían y después se tomaron una copa en el pub al que solían
ir cuando aún no estaban casados. Cuando llegaron a casa, el hombre
indicó a su mujer que se sentara en el sillón y apareció
un minuto después con una botella de champán y dos copas.
Dejó la suya en el suelo al ponerse de rodillas frente a ella.
Le quitó el zapato izquierdo y saboreó cada dedo del pie,
el primer paso de todos los que tenía preparados. Si su mujer se
había corrido antes, no lo recordaba. El hombre que pensaba que
su matrimonio se estaba yendo a pique por la monotonía de su vida
sexual se durmió convencido de que había dado el primer
paso para recuperar la magia mientras su mujer comenzaba a llorar preguntándose
cómo no se había dado cuenta antes de que su marido tenía
una amante.
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