Por qué el sol siempre sale por donde sale el sol

por Jorge Dioni López


El hombre que pensaba que su matrimonio se estaba yendo a pique por la monotonía de su vida sexual entró en la tienda que le había recomendado su amigo del instituto y extendió un papel al dependiente, que afortunadamente era un dependiente. El joven leyó en voz alta el título del libro, sus autores y la editorial antes de ponerse delante del ordenador que usaba para localizar los ejemplares y volvió a repetirlos antes de comenzar a teclear e insistió una tercera vez mientras los transportaba del papel a la pantalla. Cada vez que el joven abría la boca, el hombre miraba alrededor por si, en cualquier momento, tenía que salir por piernas. Pero no tuvo que moverse. Ni siquiera la cuarta vez que el joven recitó la ficha del libro al entregárselo después de encontrarlo en una de las estanterías. Pagó en efectivo y se metió en un bar para comenzar a hojearlo.

El libro recomendaba alargar los prolegómenos con besos en partes del cuerpo olvidadas como los pies o la cara interna de los muslos, justo antes de entrar en el sexo oral que se hacía de una forma totalmente diferente a como él siempre había pensado. No había que usar los dedos, sólo la lengua, los labios y los dientes.
El acto sí seguía las pautas que él había pensado durante toda su vida pero el libro explicaba algunos trucos como el cambio de ritmo, todos los posibles roces y la eyaculación interna, aunque esto último era sólo para expertos. Durante la semana, memorizó el libro en los ratos muertos de trabajo e practicó en la ducha mientras su mujer hacía la cena. Decidió que el sábado pondría en práctica todos sus nuevos conocimientos.

Reservó una mesa en el restaurante al que solían ir cuando salían y después se tomaron una copa en el pub al que solían ir cuando aún no estaban casados. Cuando llegaron a casa, el hombre indicó a su mujer que se sentara en el sillón y apareció un minuto después con una botella de champán y dos copas. Dejó la suya en el suelo al ponerse de rodillas frente a ella. Le quitó el zapato izquierdo y saboreó cada dedo del pie, el primer paso de todos los que tenía preparados. Si su mujer se había corrido antes, no lo recordaba. El hombre que pensaba que su matrimonio se estaba yendo a pique por la monotonía de su vida sexual se durmió convencido de que había dado el primer paso para recuperar la magia mientras su mujer comenzaba a llorar preguntándose cómo no se había dado cuenta antes de que su marido tenía una amante.



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