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1 de diciembre de 2005
Berkeley repite mantras, suenan a consignas
El terremoto fue bautizado con el nombre de Contracultura. Lo de ‘contra’ se debía más a una actitud irreverente y juguetona, que a un impulso destructivo. Los manifestantes contra la guerra de Vietnam trataban de engatusar a los policías con flores silvestres, no les tiraban cócteles molotov(ni adoquines como en el mayo francés).
Aquarius patrocina la Era Acuario La que parecía iba a ser la Era de Acuario ha terminado por ser la de Aquarius: te la venden como transparente y dulce, pero no te explican sus ingredientes y jamás experimentas lo mismo que el tipo del anuncio. Aparte de la bebida isotónica y Jean Paul Gaultiercon sus estampados del Che Guevara, muchos han sido los que se ha apropiado, y echo caja, de los símbolos y consignas de esa época. Lo que antes servía para inspirar un futuro mejor, funciona vendiendo pantalones Diesel, que también patrocina el Verano del Amor. Telegraph Ave. Esta avenida comunica el campus universitario de Berkeley con la ciudad. Me imagino que en los 60 estaría llena de hippys tocando guitarras y panderetas, aunque quizás me equivoque. Lo cierto es que hace un mes cuando la visité no me encontré con ninguno, ni siquiera vi a nadie en pantalón de campana. Parecía que el único reducto de los 60 era un puesto en el que se vendían esas camisetas sicodélicas, que de vez en cuando se vuelven a poner de moda. Lo que seguro no se va a poner nunca de moda, ni Jean Paul Gaultier lo lograría, era la indumentaria a medio camino entre homeless neoyorquino, leñador de Wisconsin y mira tío, ¿qué le voy hacer?, es lo único que quedaba en el fondo de mi armario que vestía el dueño de un puesto, que parecía no haber cambiado en cuatro décadas. Lo que tampoco había cambiado era la fuerza que contenían los mensajes y las consignas que vendía impresos en pegatinas y camisetas. Frases que por quien las dijo o por lo que dicen, o por las dos cosas, comunicaban como ningún otro medio un espíritu inconformista, utópico y algo ingenuo. Entre los autores de las frases: John Lennon, Martín Luther King, Ghandi, Bob Dylan, Jim Morrison... y lo que decían los anónimos eran cosas del estilo: “haz el amor y no la guerra”, “fluye con la corriente”, “soy la clase de persona sobre la que mis padres me advirtieron”, “tú tienes que ser el cambio que quieres ver en el mundo”. Las consignas de entonces se extendieron como la pólvora, y descubrieron a muchos una nueva forma de pensar, sentir y actuar. Y aún hoy provocan pequeñas explosiones en quien las lee. La Rueda del Samsara
Entre el mantra y la consigna Me despedí del templo y su guía. Y también de Berkeley, pues el día siguiente emprendía mi vuelta a casa. Durante el camino me pregunté cual era el deseo que me había llevado hasta allí. Pero tras darle muchas vueltas, terminé por darme cuenta que lo importante era decidir el deseo que me iba a mover a partir de entonces, que iba a hacer girar mi propia rueda del samsara. Y que significado y sentido le iba a dar. Bien podía ser ese deseo la satisfacción de mi propio interés, la igualdad racial, el fin de la pobreza, la salvación del planeta o la paz mundial o... Bien podía ser buscar un significado y sentido a los mantras que dicen que yo soy el que ve, o que no hay separación entre tú y yo. Bien podía cultivar flores, repetir mantras, poner en práctica alguna consigna de los 60 y beber aquarius, confiar y dejar de preocuparme tanto...
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