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10 de octubre de 2005
Vientre andino por Beatriz Valdivieso A Mariadela le habían tatuado el mapa de América entre los pechos y el inicio de la selva púbica, con lo cual cada vez que flirteaba con un argentino o un chileno entraban en discusión acerca de la vegetación de la zona sur del continente y entre el acaloramiento y el vino que servía para mojar las bocas secas, la disertación terminaba con los oradores tirados por la alfombra desnudos, él con los calcetines y los zapatos puestos mirando al techo, y ella doblada con el Brasil tan plegado que se hacía irreconocible.
Esto sucedía allá por los años setenta, cuando Mariadela conoció a un inglés y se embarcó con él, dejando atrás familia y trabajo, para beberse los mares y todo el ron de la bodega y contar las nubes en los atardeceres antes de fumar la pipa de la paz con la tripulación y caer como un fardo sobre el camastro. Sucedió que durante una travesía se detuvieron a causa de una tormenta en el puerto de Ajaccio y allí conocieron a un artista que vivía de pintar tatuajes. Lo invitaron a cenar a bordo, el invitado sacó una bolsa con cannabis, fumaron toda la noche y con el entusiasmo Mariadela se desnudó y se tumbó encima de la mesa donde habían cenado entre tazas de ron y ceniceros. Con la borrachera no sintió dolor y al día siguiente cuando despertó y se vio tatuada, agarró su bolso y su pasaporte y dejó plantado al inglés. Con el poco dinero que consiguió sacarle a su ex amante tomó un taxi que la llevó hasta el hospital municipal con la intencón de que un médico pudiera borrarle el mapa, lo que resultó inútil. Al poco tiempo quedaba embarazada, no se sabe si por curiosidad del médico por ver en qué se convertían Panamá y los demás países de Centroamérica, o porque realmente la amaba. Mariadela, que había empezado a desconfiar de todo hombre, en cuanto acabó de amamantarla dejó abadonada a la criatura en la consulta del doctor y partió rumbo a lo desconocido.
Entre 1975 y 1995 no se supo más de ella. Pudo haber pasado un tiempo a la sombra, por culpa de algún delito cometido por necesidad, hasta que el 16 de agosto de 1996 su cuerpo desnudo fue mostrado en un programa de curiosidades en una televisión italiana, y para entonces el mapa ya estaba completamente transformado, no solo por la notable orografía a consecuencia de la edad y el sobrepeso de Mariadela, sino porque había sufrido dos operaciones, una de apendicitis que había eliminado las Galápagos y una cesárea que multiplicó la cordillera de los Andes por cuatro, hasta el punto de que los dos países en conflicto del cono sur habían salido beneficiados porque habían agrandado sus territorios. El norte no se veía apenas. Alaska y Canadá se intuían bajo los pesados senos que con la edad se habían descolgado, y los potentes Estados Unidos estaban irreconocibles en aquel nuevo espacio semejante a un paisaje lunar lleno de cráteres y grietas profundas. Todo el continente estaba irreconocible, como si lo hubieran barrido mil huracanes. El otro tipo que salía en el programa, un australiano de 150 kilos
de peso, recio camionero retirado gracias a un boleto de lotería
primitiva, lucía en sus enormes brazos anclas, serpientes y sirenas
exageradamente hinchados por el exceso de músculo de Donan,
que es como se llamaba este individuo que tuvo que pasar un tiempo a la
sombra por consumo y tráfico de anabolizantes, y al encontrarse
en aquel plató especial para estrellas nació de ellos por
fin el verdadero amor, el amor que ambos habían estado esperando
y que hasta entonces nunca habían hallado.
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