Romance de la subida
por Oshidori

Para lavarle la cara
a este poblachón manchego
ha pensado Gallardón
en subirnos los impuestos,
y que el madrileño pague
el alza del presupuesto
aunque tenga que romper
la hucha en forma de cerdo
o levantar la baldosa
donde ahorra sus dineros,
porque Madrid necesita
un aire nuevo y moderno.

Al ver cómo estaba el patio
ha enfermado don Alberto
de un furor recaudatorio,
y no ha tenido más remedio
que encarecer los tributos
un 25 por ciento,
a pesar de que el envite
ha revuelto el gallinero
de su partido político,
y hasta su gallo gallego
ha tenido que pararle
los pies a este “verso suelto”
que tanto se empeña a veces
en mear fuera del tiesto.

Decía Álvarez del Manzano,
–pronto nos llega el recuerdo–
que el buen hacer en política
es “hacer más con menos”,
pero el nuevo regidor
nada más tomar asiento
se ha lanzado a meter mano
en los bolsillos ajenos,
para pagar su mudanza
al Palacio de Correos.

Ver teatro en el Español
costará ahora más euros
y eso que a Pérez Puig
no han tardado en dar boleto
para poner en su cargo
a quien no llene un asiento
pero sea del agrado
de aquella Alicia Moreno,
concejala de Cultura,
Guadiana del retroprogreso.

Uno piensa que el alcalde
es un político cuerdo
y que dejará Madrid
como un pincel velazqueño;
y está bien que le apetezca
dejarnos un buen recuerdo
siempre y cuando no pretenda
cobrarnos el justiprecio,
y si aspira a dejar pruebas
de su porte y su gobierno,
pues que baje del caballo
la estatua de Carlos III
y que se suba si quiere,
mas deje en paz los impuestos.





Volver
Archivo
Imprimir