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Romance de la subida por Oshidori Para lavarle la cara
a este poblachón manchego ha pensado Gallardón en subirnos los impuestos, y que el madrileño pague el alza del presupuesto aunque tenga que romper la hucha en forma de cerdo o levantar la baldosa donde ahorra sus dineros, porque Madrid necesita un aire nuevo y moderno. Al ver cómo estaba el patio ha enfermado don Alberto de un furor recaudatorio, y no ha tenido más remedio que encarecer los tributos un 25 por ciento, a pesar de que el envite ha revuelto el gallinero de su partido político, y hasta su gallo gallego ha tenido que pararle los pies a este “verso suelto” que tanto se empeña a veces en mear fuera del tiesto. Decía Álvarez del Manzano, –pronto nos llega el recuerdo– que el buen hacer en política es “hacer más con menos”, pero el nuevo regidor nada más tomar asiento se ha lanzado a meter mano en los bolsillos ajenos, para pagar su mudanza al Palacio de Correos. Ver teatro en el Español costará ahora más euros y eso que a Pérez Puig no han tardado en dar boleto para poner en su cargo a quien no llene un asiento pero sea del agrado de aquella Alicia Moreno, concejala de Cultura, Guadiana del retroprogreso. Uno piensa que el alcalde es un político cuerdo y que dejará Madrid como un pincel velazqueño; y está bien que le apetezca dejarnos un buen recuerdo siempre y cuando no pretenda cobrarnos el justiprecio, y si aspira a dejar pruebas de su porte y su gobierno, pues que baje del caballo la estatua de Carlos III y que se suba si quiere, mas deje en paz los impuestos.
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