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28 de julio de 2006
Un error muy sabroso
La responsable de todo, según se dice, fue una cocinera de la región de Nantes llamada Clemence quien quería hacer una salsa bearnesa y olvidó ponerle huevos... A pesar de lo cual su salsa fue maneras un éxito. Por cierto: si una vez hecha la salsa le añadimos una cucharada
de nata doble, entonces obtendremos una mantequilla nantesa (beurre
nantaise). Ingredientes La cosa es más sencilla de lo que parece; además, mientras preparamos la salsa nos dará tiempo a poner a punto el resto de las elaboraciones, así que... Pela las echalotas, córtalas muy finas y mételas en una
cazuela con el vinagre de vino y la pimienta molida. Ponlo a fuego lento
a reducir. Ya fuera del fuego y con cuidado de que no salte, añade la mitad del vino blanco; tápala y retoma el fuego hasta que las almejas se empiecen a abrir (2 minutos aprox.). Pasa todo esto por un colador y saca las almejas de las conchas. Por otra parte pela los langostinos con cuidado de quitarles la tripa ayudándote de un palillo. Con las cáscaras de los langostinos y las cabezas elaboraremos el jugo. Coloca una sartén al fuego con un poquito de aceite y dora las
cabezas y las pieles de langostino. Una vez que estén bien doradas
(pero sin quemar), fuera de fuego añade el resto del vino blanco,
deja reducir un minuto y añade entonces el jugo de las almejas.
Cuando vuelva a hervir, pásalo por un colador apretando bien para
que suelte todo el jugo de las cabezas, jugo que añadiremos a la
salsa que tenemos reduciendo. Seca las almejas en un papel absorbente de cocina, pásalas ligeramente
por harina y saltéalas en aceite con el puerro cortado hasta que
las almejas cojan color y el puerro este tierno (unos 30 segundos). Salsea ligeramente con el beurre blanc y acompaña con
un buen vino blanco seco.
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