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13 de abril de 2005
Grande Cuando llegué a Lugano, me pareció una ciudad extraordinaria. Pequeña (unos 30.000 habitantes) con un gran lago, a orillas del cual se expande la ciudad. Enfrente, Italia. Lo más llamativo sin duda es el carácter tranquilo de los suizos y su alto nivel de vida (no es difícil encontrar porches o ferraris, grandes mansiones, enormes joyerías o tiendas de ropa de marcas exclusivas). El restaurante al que yo iba a trabajar se encontraba bajo el Palacio de Congresos de la ciudad y enfrente del lago, en el centro de la ciudad. Era mi primera experiencia en una gran cocina internacional, con cocineros italianos, suizos, turcos, yugoslavos, alemanes...
Cuando llegué, apenas conocía el italiano y el jefe me mostró la cocina explicándome las diferentes partidas, algo que más que entender intuía. El restaurante se encargaba de organizar grandes bufetes, y una media de 200, 250 cubiertos a la carta en cada servicio. Mi primer puesto fue de gardemanger (entradas y platos fríos) como ayudante de un turco que, por lo que pude percibir, hablaba el italiano fatal. ¡Cuello! ¡Cuello! repetía el tipo. Alison resultó ser al final un tipo estupendo, pero al final... Hoy os daré la receta de un plato típicamente suizo, que
aunque resulte bastante sencillo, bien preparado es exquisito. Fondue de queso Ingredientes Frota la cacerola con un diente de ajo aplastado, para impregnarla de
sabor. Raya los dos quesos. Cuando la cacerola esté caliente, añade el vino junto con
el limón y, cuando llegué al punto de ebullición,
añade el queso y la fécula, disuelta en el kirsch, remueve
con una cuchara de madera y añade la pimienta y la nuez moscada. Lleva a ebullición hasta que la fondue quede cremosa y bien fundida. Consejo: Si la fondue está muy líquida,
añade queso; y si está muy espesa, añade más
vino. Basta colocarla en el centro de la mesa y ya se puede disfrutar mojando
el pan pinchado en un tenedor. ¡Atención! La tradición dice que
el que pierda su trozo de pan en la fondue paga una botella de vino.
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