9 de febrero de 2005

Grandeur y pasteles

El campeonato mundial de pastelería se celebra cada dos años en la ciudad francesa de Lyón. Este año, con motivo de su novena edición, se celebró a finales de enero junto con el Bocusse de oro, unos galardones de la misma índole pero para cocina.

El concurso se celebra a lo largo de dos días: el primero, concursan diez países; y el segundo, otros diez, siempre ante un jurado formado por 21 miembros, uno por cada país más el presidente, que es francés. Los competidores se ven las caras en cinco modalidades: figura de hielo, figura de caramelo, figura de chocolate, postre de helado y postre libre de restauración.

Los niveles son muy parejos aunque, todo hay que decirlo, este año países como México, Colombia, Líbano o Marruecos demostraron que tienen mucho trabajo por delante. Hubo después un grupo que sorprendió positivamente: Portugal, Rusia, China. Y, por fin, el pelotón de los favoritos o claros aspirantes: Estados Unidos, Japón, Italia, España, Holanda y, cómo no, Francia.

Y escribo “y cómo no” no sólo porque el concurso se celebra en su territorio, juegan en casa; no sólo porque es el país que más veces ha ganado; no sólo porque los grandes patrocinadores son franceses; no sólo porque dos jueces son franceses... sino porque, desde el principio, todo el ambiente denota una soberbia típica francesa: ¡qué presentarán los demás este año que pueda acercarse a nuestro nivel!

Para más inri, en pleno concurso mundial se homenajea a pasteleros franceses, también a quienes promocionan la pastelería francesa en países como Canadá (en Québec), y salen a relucir todos los MOF (meilleur ouvrier de France patissier)... ¡Vaya pasteleo!

Resultado: como siempre, o casi siempre, ganó Francia con toda la pomposidad imaginable, pegando su figura de caramelo una vez presentada (cosa que no está permitida) etc., etc.

Yo propongo a los demás países que, para hacer un concurso serio, se organice el torneo mundial cada vez en un país diferente y se evite caer en el juego petulante francés, narcisista donde los haya.

Pero no os quiero dejar con mal sabor de boca, así que os propongo disfrutar de un Fondant au chocolat.

Esta receta es muy fácil, pero hay que cogerle su punto de cocción. Es posible que tengais que repetirla varias veces hasta que te salga perfecta, hasta que le cojas la mano. ¡Por algo cocinará bien la abuela!

El fondant au chocolat, hoy en día, es un clásico en los restaurantes gourmand. Su creador fue Michel Bras. Estaba ensayando cómo hacer un bizcocho de chocolate caliente y líquido en el interior; en uno de sus ensayos, su madre le abrió el horno y le sacó los bizcochitos creyéndolos acabados. Bras partió uno y... ¡estaba como él quería, líquido en el interior! ¿Por qué? Porque estaba crudo. Hoy en día se siguen haciendo así, metiéndolos al horno muy caliente para que se hagan por fuera y el chocolate quede líquido por dentro.

 

Ingredientes para seis personas
100 gr. de chocolate ganache
100 gr. de mantequilla
3 huevos
140 gr. de azúcar
70 gr. de harina

Funde el chocolate al baño maría o al microondas con cuidado de no quemarlo; añádele la mantequilla.

Bate por otro lado los huevos, y añádeles el azúcar.

Mezcla las dos elaboraciones y, con una varilla, añádeles la harina tamizada.

Vierte la mezcla, repartiéndola bien, en moldes de hierro pequeños (como para yogurt) previamente untados con mantequilla y harina, para que no se peguen (si son antiadherentes, no es necesario). Mételos 13 minutos en un horno a 160º.

Sácalos (¡con una manopla, para no quemarte!) y desmóldalos al instante.

Recuerda que han de comerse en el momento, si no continuarán cociéndose.

Consejo: están deliciosos con un poco de chantilly o helado de menta.



mtorre@divertinajes.com
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