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19 de noviembre de 2003
Digo que es una suerte porque aparte de disponer de cuatro días libres, se ha de disponer también de 420 euros que es el precio de inscripción al congreso (catas aparte). ¡Un congreso que cuenta con el apoyo de las instituciones locales y cientos de patrocinadores cuesta 420 euros! ¡Esta no es la forma de acercar la alta cocina a todo el mundo, ni siquiera a los jóvenes cocineros! ¿Es necesario que sea tan elitista? ¡Increíble! Para olvidar las penas (cada uno las suyas), hoy vamos a preparar una carlota. Carlota es el nombre de dos postres diferentes: uno caliente (el que prepararemos hoy) y otro frío (el ruso). El budín caliente fue creación de un cocinero en tiempos de Jorge III (el más famoso rey loco de Inglaterra), y se le dio el nombre de carlota en honor a la reina.
La versión fría, la carlota rusa, fue inspiración del famoso pastelero francés Antonin Carême, que trabajó para el zar ruso Alejandro I, en el siglo XIX; se trata de un postre elaborado que no necesita cocción, preparado en un molde cubierto con bizcochos de soletilla y relleno de crema. Carlota de manzana Mientras tanto, quita la corteza a las rebanadas de pan de molde y corta algunas en triángulos, para cubrir la base del molde (puede ser una flanera o un bol redondo de horno) donde vas a hacer la carlota. Sumerge los trozos de pan en el resto de la mantequilla derretida, colócalos con la punta hacia el centro de la base, montando un poco uno sobre otro, formando una rueda. Haremos lo mismo para cubrir las paredes, pero esta vez, las puntas hacia abajo. Una vez tapizado con el pan, llena el molde con la compota y cúbrelo con pan. Tápalo con papel de aluminio y hornéalo a 190ºC durante una hora. Saca la carlota con cuidado, volteando el molde, y pincélala con un sirope que harás con la mermelada de albaricoque y un poco de agua caliente (si te gusta, puedes añadirle licor de manzana). Sírvela caliente.
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