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1 de octubre de 2003
El escanciador accidental El mayor evento turístico que se celebra en España es Fitur, la Feria Internacional de Turismo. Si nunca la has visitado y, aunque no pertenezcas al mundo de la hostelería o el turismo, tienes la posibilidad de estar en Madrid a finales de enero, no le dudes, ¡acude! Pero recuerda que los primeros días es sólo para personas acreditadas; deberás ir el fin de semana, cuando la entrada es libre. Mi escuela de hostelería tenía la cafetería del stand de mi región, Asturias; o sea, que todos sabíamos que siete de nosotros irían una semanita a Madrid para hacerse cargo del chiringuito. A mí me apetecía el viaje, por eso, cando el profesor dijo que a lo largo de la semana escogería “cuatro de servicios” para desplazarse, yo empecé a coger la bandeja con más clase, a tener el lito bien estirado y a mantener los zapatos bien limpios. No era, no soy, ningún fenómeno, pero con algo de tacto y un mucha suerte, fui escogido. Llegar a un montaje del género, un lunes por la mañana, con una acreditación colgada del cuello, era como llegar al estadio olímpico el día dela inauguración de los Juegos. IMPRESIONANTE. Cientos y cientos de personas sobre miles y miles de metros cuadrados, regiones, países, continentes, grandes marcas comerciales, compañías aéreas, hoteleras... todos allí representados. Ocupamos nuestra pequeña cafetería, en la que servíamos gratis todo tipo de productos de nuestra región; era, además, el punto neurálgico de reunión para quienes llegaban a nuestro territorio (periodistas, personalidades, políticos) y para todos los que trabajábamos en los distintos departamentos del stand (turismo rural, deportes de riesgo, empresas...). El momento cumbre, por lo menos para mí, todavía me sonrojo al acordarme, se produjo cuando se presentó el vicepresidente del Gobierno.
Yo estaba en la barra, tranquilo, puesto que la cafetería era cerrada y no se podía saber qué sucedía fuera, a menos que salieras. Entonces, entró el delegado de turismo a toda prisa. ¡El vicepresidente! ¡Alguien que le eche sidra! ¡Ya! Estábamos dos, porque los otros se habían ido a desayunar. “Yo no sé”, dijo mi compañero. “¡Yo tampoco, coño! ¡No se la voy a echar yo!”, gritó el delegado. Sólo quedaba yo. No he tenido muchas veces en mi vida esa sensación, la de tener que hacer algo aunque sepas que vas a meter la pata hasta el corvejón... bueno, la verdad es que he hecho bastantes exámenes con ese feeling: el deber me llama, no tengo nada que perder, bueno, sí, mi imagen pública. Cogí la botella, el vaso... y salí. Allí había no diré cientos, pero sí decenas de fotógrafos; el excelentísimo señor alcalde de Madrid, el excelentísimo señor presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, una excelentísima que no sé quién era, el excelentísimo presidente de mi región, el delegado y, por supuesto, el grandísimo, súper, excelentísimo vicepresidente del Gobierno. Todos con su excelentísima sonrisa de oreja a oreja y yo, más que acongojado. ¡Todavía tengo sidra en el pelo! Las manos, temblando, el vaso no estaba en su sitio y la sidra se hizo esperar. “Está nervioso el chico”, dijo uno de los excelentísimos. “El chico no tiene ni idea”, pensaba el delegado. “!Hago lo que puedo!”, pensaba yo. Resolví la papeleta como pude y me marché para meterme debajo
de una piedra. Al día siguiente vi una sola foto de la escena y pienso
que si alguien, algún día, me quiere hundir, la sacará.
Brochetas de fruta flambeada
(Versión para imprimir) Ingredientes
Este es un postre muy sencillo y muy rico que se puede preparar con todo tipo de fruta siempre que no sea ni muy líquida, ni muy blanda. Aquí lo vamos a hacer con plátano, piña y mango, acompañados con una salsa de turrón. Ingredientes para dos personas 2 plátanos
Lo primero que tienes que hacer es el sirope. Mezcla el agua con 200 gramos de azúcar y, en un cazo, llévalo a ebullición. Una vez rompa a hervir, el sirope estará listo. Corta las dos tiras de vainilla por la mitad, de arriba abajo; nos servirán para espetar la fruta. Sumérgelas en el sirope y déjalas allí durante dos horas. ¡Ojo, no tires el sirope! Lo utilizaremos más tarde. Después, hornea la vainilla a 80º durante otras dos horas, en una placa con un papel de horno. Así conseguirás que estén duras.
Corta la fruta en dados no muy grandes y hazles un agujero con un palillo. Atraviesa los trozos intercalados (uno de plátano, uno de piña, uno de mango, uno de plátano...) con la vainilla, hasta tener las cuatro brochetas. Entonces, calienta en una sartén dos cucharadas de mantequilla hasta que se disuelva; añádele los 50 gramos restantes de azúcar, para hacer caramelo de mantequilla. Dora las brochetas lentamente y, en el último momento, flambea un poco de coñac (con cuidado, no te quemes). Para hacer la salsa, mete el turrón con un poco del sirope del que
conservaste tras utilizarlo con la vainilla en una licuadora. ¡Ya
está! Bon appétit!
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