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5 de noviembre de 2007
Hay días que parecen lunes...
Ven en tren Ferrocarril y lectura siempre han hecho buenas migas. Aunque ahora, con el vídeo y la música portátil, son muchos los que se pasan los viajes viendo y escuchando, los vagones de un tren siguen siendo un excelente muestrario de lo que se lee, y de quién lee. El pasado mes de julio nos desayunamos con la noticia de que, con el fin de fortalecer ese lazo, RENFE ofrecería gratuitamente a sus pasajeros obras de autores consagrados: Macbeth, de William Shakespeare, Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura, Pepita Jiménez, de Juan Valera o Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne, especialmente editadas por la propia empresa. El préstamo, nos dijeron, tendría lugar en vagones de media distancia a través de unos puntos de intercambio que en ese momento se encontraban en todos los trenes Madrid-Ávila-Salamanca y Cádiz-Sevilla. Eso por no hablar de los premios literarios que la empresa patrocina… Ahora me cuentan que RENFE aspira a proporcionar a sus pasajeros más placer lector, pero sirviéndose del canal audio. Exploran la posibilidad de grabar cuentos que el viajero podría escuchar por el mismo sistema que, en la actualidad, le permite seguir la película o distraerse con varios canales de música. Andan por ahí tanteando… En principio parece que buscaban material en las escuelas de creación literaria, aunque parece que alguien les sugirió que no estaría mal entrar en contacto con las editoriales que trabajan el cuento… Confiemos en que la iniciativa llegue a buen y literariamente atractivo puerto… ¡glups! estación. Ni la cuota Busco el blog de José Ángel Rojo en la página web de El País. El rincón del distraído, se llama, y es estupendo. Pero no me acuerdo de la URL, así que voy a la página donde están todos los blogs… Y, ¡oh, sorpresa!, el único destacado firmado por una mujer es el dedicado al sexo. No es que sea una puritana, pero es llamativo, ¿verdad? Reivindicación de la jota No, no se me asusten, que no por ser de Zaragoza les voy a endilgar una disertación sobre los cantos y danzas típicos de mi tierra. ¡Aúpa, mañica!
Pero a lo que voy. La obra ha sido traducida por el filólogo Marcos Canteli, y suya ha sido la idea de poner «jaikus» así, con «j», decisión que me ha permitido regresar a una de mis viejas obsesiones: la de la transcripción en castellano de palabras originarias de idiomas que no usan nuestro alfabeto. Un ejemplo: durante años, muchos aquí escribieron Nikita Khrushov cuando para que los castellanohablantes lo pronunciemos como lo pronuncian los rusos bastaba con recurrir a la jota: Jrushov. Ocurría que lo más parecido que tiene el inglés al sonido de la letra del jamón es esa combinación de «k» y «h». Acuse de recibo
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