1 de octubre de 2007


¡El pobre don Hector!

¡Anda que no están dando de sí las andanzas españolas de este caballero francés! Que por eso Hector no va con tilde: porque es francés.

La semana pasada abundé en la polémica desatada a raíz de la publicación, en Emecé, de una novela inédita» de Alejandro Dumas. «Inédita», se nos dice en la faja que ennoblece la edición, aunque luego en la contraportada se precisa: «Extraviada durante más de cien años —reza la contraportada—, ha sido descubierta por Claude Schopp». El problema, como a estas alturas muchos sabrán, es que otra editorial, Funambulista, ya publicó parte de ese material en el primer volumen de lo que se nos anunció como un todo de tres.

En mi círculo de la semana pasada dije que aún no había podido ponerme en contacto con Max Lacruz, de Funambulista. He de decir, y se lo agradezco, que él me escribió en cuanto leyó mi texto. Publiqué parte de esa respuesta (sospecho que a estas alturas necesitan ustedes un GPS para seguirme, pero hay cosas que son así: sinuosas) en mi primera columna semanal en Público (un poco de publicidad no nos vendrá mal), pero tengo aquí todo lo que Max me dijo, y que con mucho gusto les transcribo:

A raíz de la polémica planteada en relación con la obra de Dumas Hector de Sainte-Hermine quisiera decir que nosotros hemos publicado hace unos meses el libro, con presentación en la Feria de Madrid http://www.ferialibromadrid.com/noticias_detail.cfm?id=252 (de momento el primero de los tres tomos en que la hemos dividido), pues es una obra  de dominio público, dado que Dumas murió hace… ¡mucho más de cien años! (la novela apareció por entregas en Le Moniteur de 1869); y lo hemos hecho con arreglo a las fuentes. 

El que el texto no se publicara en su momento bajo forma de libro, argumento que se insinúa como decisivo en este asunto, no concede ningún derecho. Obra publicada es obra publicada en cualquier soporte. Basta con leer el preámbulo de la Ley de Propiedad Intelectual. Nada de la edición anotada del señor Schopp hay en nuestro libro. No cabe aquí inversión de la carga de la prueba. Avisamos de nuestra intención a todo el mundo en su día, hace muchos meses, para que no se creasen expectativas de «exclusividad» de ningún tipo.

Estamos en contra de que se «patrimonialicen» los textos del dominio público y se creen derechos «de exclusividad» sobre obras del patrimonio de todos. Al señor Schopp le cabe el mérito y la justa fama de haber desempolvado esta novela (y de haber cobrado mucho dinero por ello, el anticipo que se pedía era descomunal, no se olvide), y nadie se la quita, y de haberla anotado, y hasta de haberle dado un final de fantasía, pero la novela es de Alexandre Dumas, y según las leyes vigentes, por tanto, es una novela de todos y de cualquier editor que se tome la molestia de editarla ajustándose a las fuentes. Eso es el dominio público. En Francia, como aquí, cualquier editor puede publicar la novela.  Las obras sujetas a derechos son una excepción a ese derecho, no al revés.

Antes de amenazar con acciones legales, sería mejor examinar el libro y ver si hay base jurídica para afirmar que se ha vulnerado la protección de que disfruta le edición del señor Schopp, pues el que este señor se haya pasado muchas tardes en la biblioteca recopiando el texto o anotándolo, o el que sea un gran estudioso de la obra de Dumas, no le da patente de corso sobre ésta ni sobre ninguna otra obra de dominio público.( Él es el autor de sus notas y de sus variantes, pero no de la novela). Y a sus editores tampoco le cabe esa patente de corso.

Interrumpo el razonamiento de Max Lacruz para pedir al lector que se fije en lo que viene a continuación, por cuanto el editor de Funambulista llama nuestra atención sobre polémicas aún no desatadas, pero sí apuntadas.

Si no se defiende el dominio público contra este tipo de actuaciones,  que más tiene de intimidatorias que de jurídicas, daremos otro paso en esa «patrimonialización» indebida del dominio público que se avecina; Shakespeare y el agente literario Willie, serán el próximo episodio de este fenómeno, o, más modestamente, la novela  Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible, de la escritora Constance de Salm, libro del que Schopp y Phébus [editorial que ha publicado Saint-Hermine en Francia] han hecho  también una edición y que nosotros publicaremos en breve, por ser obra de dominio público también.  

Ojo, pues, porque no se trata sólo de un libro...

Sinergias, etc.

No es infrecuente que los editores de grupos grandes, grupos de esos con radio, tele y periódico, se quejen de lo mal que los suyos tratan a sus libros. Las sinergias, a veces, se nos vuelven huéspedes. Otras veces, sin embargo, la disciplina prevalece. Y cómo. El último libro de Javier Marías, Veneno y sombra y adiós, mereció primero, el domingo día 23 de septiembre, una entrevista con el autor (firmada por el omnipresente Juan Cruz) en EPS; entre semana, una entrevista en el programa que en la SER presenta Carles Francino y la presentación en un acto en el que Iñaki Gabilondo ofició como lector aventajado. El sábado, 29, fue apertura en Babelia… Paro ya, que me abrumo a mí misma.

Además, no tengo nada que objetar, los grupos están para eso y no seré yo quien ponga en duda que una novela de Marías es un acontecimiento. Lástima que el concierto javieriano arrancara con un gallo: en la entrevista de Juan Cruz se decía, y varias veces, que el título de la novela que cierra la trilogía Tu rostro mañana es Verano y sombra y adiós. (Gracias, J.R., por el chivatazo.)

Será culpa de los siempre socorridos duendes de la imprenta. O será que en el verano al que ya hemos dicho adiós siempre buscamos la sombra.

Oído por ahí

Desplegar las antenas, escuchar conversaciones ajenas, es una de mis actividades referidas en tiempo de ocio. He de decir en mi descargo, que no tengo una capacidad auditiva fuera de lo normal, por lo que créanme si les aseguro que cuando capto algo es porque quien lo dice utiliza un tono de voz reñido con la confidencia. Así las cosas…

El Rompido, Huelva. Un trío no de Telefónica, sino de bigardos, discute sobre la utilización de «habemos». El más osado arriesga una teoría: «Habemos… Habemos hambre, habemos sed… Hombre, sí, habemos, del verbo ser».

Olé, olé y olé, pensé. Y pensé también: eso tengo yo que escribirlo. Antes de hacerlo, por un tic que he adquirido, gogleé el palabro: habemos. Y miren ustedes por donde, encontré esto (lamentablemente sin fecha, aunque eso no obsta para mis propósitos):

Sr. Director de El Mundo de Andalucía: «Habemos reina»

Ayer, 28 de marzo, leí una carta de una lectora, curiosamente de Jaén –¡cómo no!- en la que poco menos que ridiculizaba  y se reía de la flamante Miss España, de Sevilla, que al tomar la palabra el día de la elección dijo el famoso «cualquiera de las que aquí “habemos” podía haber sido la ganadora». Pues bien, le diré a esa señora de Jaén y a tantos otros que han estado escribiendo sobre el ya archifamoso habemos, incluidos periodistas de los diarios más importantes de ámbito nacional, que efectivamente en castellano está mal utilizado el término habemos, ya que el apropiado al contexto en que se produjo era «estamos», pero en andaluz está perfectamente utilizado y es totalmente correcto. Esto lo sabemos bien los que tenemos una ortografía andaluza y utilizamos el andaluz como lengua, algo que dadas las estructuras centralistas del Estado español tardará bastante en reconocerse, pero es bastante significativo de cuán ignorantes somos los propios andaluces al desconocer que poseemos una lengua distinta del castellano, con términos propios que no aparecen en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, con perífrasis verbales y construcciones gramaticales distintas y, en suma, con un léxico diferente del castellano, aunque  no reconocido. Por tanto, quede claro, que la utilización del verbo haber en andaluz es distinta del castellano y no por «ignorancia», como se ha pretendido transmitir por los desconocedores de la historia y la  lengua andaluzas, sino por la utilización de un término que, aunque usado por el 60% de los andaluces, es ajeno a la terminología y léxicos castellanos. Como tantos otros. Ah, por cierto, en andaluz se escribe así: «Abémö».

Agustín Sáez

Ozú.

Premi Llibreter

Esta semana conocimos los títulos finalistas del Premi Llibreter en el apartado de novela:

· L'alè del búfal a l'hivern (Proa), de Neus Canyelles, inspirada en la vida de la escritora angloantillana Jean Rhys;

· Hace mil años que estoy aquí (Gadir), de Mariolina Venezia, texto del que hablábamos hace algunas semanas en esta sección, después de que le fuera concedido el Premio Campiello 2007;

· El tercer policía (Nórdica), de Flann O'Brien, un autor que está siendo recuperado para los lectores en castellano por la editorial de Diego Moreno;

· Claus y Lucas (El Aleph), de Agota Kristof (a la que en algunas informaciones rebautizan como Agata);

· y Margherita Dolcevita (Moll), de Stefano Benni, obra a la que los despachos de agencia añadían letras (Margheritta Dolcevitta, la llaman) y a cuyo autor rebautizan como Venni.

Cinco novelas, dos de ellas en catalán, aunque sólo una, la mencionada en primer lugar, haya sido escrita originalmente en ese idioma. La precisión viene a cuento, ya que como quizá recordarán en abril del año pasado cinco miembros del jurado del premio dimitieron porque, se justificaron, se sentían desacreditados por la junta directiva del Gremio de Libreros de Cataluña cuya presidenta, Imma Bellafont, había lamentado públicamente que ese galardón nunca hubiera sido para un libro escrito originalmente en catalán. Meses después, el premio 2006 era concedido a El quinto en discordia, de Robertson Davies, publicado por la novísima Libros del Asteroide; un espaldarazo para cualquiera, más aún para una editorial que empieza.

Este año, los miembros del jurado han vuelto a optar por editoriales pequeñas que hacen un gran trabajo. Gane la que gane, para todas será un acicate… y un alivio, porque el premio viene con un incremento de ventas bajo el brazo. Saldremos de dudas a finales del próximo mes de noviembre, durante el Salón del Libro de Barcelona.

Acuse de recibo


H. Sienkiewicz
A sangre y fuego
Ciudadela

Del autor de Quo vadis?



R. Musil
Prosa temprana y obras póstumas publicadas en vida
Sexto piso

Un homenaje en cuatro títulos: Las tribulaciones del estudiante Törless, Uniones, Tres mujeres y Obras póstumas publicadas en vida.


S. Worth
El ocaso de los Lancaster
Pàmies

Premio Glyph de novela.


S. Crane
La roja insignia del valor
Rey Lear

Del autor de Heridas bajo la lluvia.

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