24 de septiembre de 2007


Liblogs para todos

Inevitablemente se llaman «blooks», contracción de «books» y «blogs», aunque desde ya propongo llamarlos «liblogs», de libro + blog (palabro que no podemos obviar: su traducción castellana, bitácora, no se ha impuesto y «librácora», que sería la opción consecuente, suena a animal fabuloso e irremediablemente dañino). En Wikipedia se nos dice que la palabra blook puede referirse a un objeto manufacturado para imitad a un libro; a un libro publicado online gracias a un blog; o a un libro impreso que contiene, o nace de, un blog.

La fórmula ha tenido la ventaja de permitir el salto cualitativo a quienes, porque nadie confiaba en ellos como autores o porque no era editar negro sobre blanco su objetivo primero, publicaron en blog lo que luego acabó convertido en book, con éxito desigual.

Aquí, entre los primeros en lanzarse se cuentan el argentino Hernán Casciari, argentino afincado en España que en 2003 empezó a escribir un blog,  Mujer Gorda que recientemente se publicó convertido en libro en Argentina (Editorial De Libros), y Arcadi Espada quien, en un tono y con unos objetivos completamente distintos, arrancó su blog sabiendo ya que tenía editorial, Espasa. De ahí el dominio: arcadi.espasa.com.

El camino (o mejor sería decir «los caminos», y de ida y vuelta entre Internet y los predios de Gutenberg) es prometedor y está transitado. Dentro de nada, Gadir meterá entre tapas el blog Tecnocidanos que desde hace tiempo mantiene Antonio Lafuente y que se proclama defensor «de la gobernanza, la participación en ciencia y el procomún».

Esta apuesta por los liblogs no hace, sin embargo, que Gadir pierda de vista sus amores primeros: acaba de publicar El reloj, de Carlo Levi, el autor de Cristo se detuvo en Éboli, y prepara dos Svevos (ustedes perdonarán la manera de decirlo), entre otras muchas cosas. 

¡Que sería de mí sin los lectores atentos!

Justo es reconocer (aunque ustedes lo saben ya) que las prisas son malas consejeras. «Vísteme despacio que tengo prisa», decía mi abuela. Y tenía razón.

La semana pasada publiqué un comentario sobre dos novedades que no lo eran tanto, y quienes me han puesto sobre aviso son dos lectores a los que agradezco sus correos electrónicos.

A propósito de Cardenio…

Paul Viejo, quien por cierto gusta del término «exinédito» que aquí acuñé, me sugiere la utilización de otros: «¿Será entonces exexinédita? ¿O simplemente édita, o reédita?». Y lo hace a cuenta de la información sobre la edición de Historia de Cardenio, que afronta Rey Lear y que, en realidad, ya existe. Aunque no es igual… pero sí es lo mismo. Me explico.

Efectivamente, tal y como apuntaba Viejo, ya fue traducida al español. Salió en 1987, y su editor fue José Esteban. ¿De dónde viene la confusión? Pues de que cuando Esteban la dio a conocer en nuestro idioma, la Royal Shakespeare Company aún no había autentificado la existencia de esa obra escrita por William Shakespeare y su colaborador John Fletcher e inspirada en Cardenio, uno de los personajes de la primera parte del Quijote. Este hallazgo se produjo hace unos meses, y no desvela si Shakespeare y Cervantes llegaron a conocerse, pero sí evidencia que el primero leyó con provecho la obra del segundo.

Fue el hispanista Charles David Ley, ya fallecido, quien descubrió este texto y lo tradujo al español. Ahora, su texto, pulido, revisado y —ahí está la novedad— avalado por el sello de la Royal Shakespeare Company, vuelve a las librerías en una edición en la que José Esteban, amigo y confidente de David Ley durante la búsqueda del Cardenio, explica la historia de la obra.

Gracias, pues, a Paul Viejo.

A propósito de Saint-Hermine…

Alejo Sans me dice que la obra inédita de Dumas de cuya aparición toda la prensa hizo eco en días pasados y de la que yo también hablé, no lo es tanto. « Perdone, pero... ¿esto no debe ser una especie de ex-post-inédito?», pregunta. Y hace bien, porque en su día editorial Funambulista publicó, con el título Hector de Sainte-Hermine. La forja de un héroe, la que era presentada como «la última novela de Dumas por fin recuperada». Di que sólo tenía 400 páginas, y la que ahora sale editada por Emecé ronda el millar…

He intentado, de momento sin éxito, ponerme en contacto con Juan Lacruz Bassols, editor de Funambulista, así que como no puedo conocer su versión de los hechos, reproduzco más abajo el artículo que Matías Néspolo firmó en El Mundo explicando parte de lo sucedido. El meollo del cogollo está aquí: si alguien lee que otro alguien está preparando la edición de una obra evidentemente publicada, y decide adelantarse editando parcialmente lo que a todas luces va a ser, si no un éxito de ventas, sí un acontecimiento editorial... ¿actúa correctamente? Y también: ¿en qué medida el trabajo que presenta Funambulista es labor propia a partir de un texto sobre el que ya no pesan derechos de autor? O, por preguntarlo de otro modo: el traductor de Funambulista, ¿qué tradujo?

Sí les diré que, aunque el asunto tiene más que enfadada a la editorial del Grupo Planeta que pagó millones por los derechos de la obra para sacarla en español (por mediación de la agente literaria Anne-Marie Vallat, que representa a Éditions Phébus), Funambulista ha recuperado el libro de la discordia y lo coloca en la página de bienvenida de su web. Hay que aprovechar el momento.

Gracias también a ti, Alejo.

Planeta y Funambulista se enfrentan por los derechos de la obra

MATIAS NESPOLO

BARCELONA.- «Henos aquí en las Tullerías -había dicho el primer cónsul...», así comienza un libro. «Estamos en la Tullerías -le había dicho el primer cónsul», reza el otro. Uno tiene un millar de páginas y se titula El caballero Hector de Saint-Hermine (Emecé). El otro, Hector de Saint-Hermine. La forja de un héroe (Funambulista), no llega a las 400. Su autor es el mismo, Alejandro Dumas, y se trata de la misma obra: su último folletín hasta ahora inédito en castellano. ¿Cuál es la genuina y cuál la apócrifa?

La primera fue presentada ayer, con bombos y platillos, como el testamento literario del genial autor, en versión castellana de Javier Albiñana sobre la base de la edición canónica de Claude Schopp, publicada en Francia por Editions Phébus en 2005. La versión de Funambulista apareció a soto voce en librerías en julio pasado.

«Desconozco el origen de la edición de Funambulista, pero me consta que no ha pagado derechos de ninguna clase. El editor francés y yo estamos estudiando juntos la posibilidad de iniciar acciones legales», afirma la editora de Emecé Berta Noy. Aunque se trate de un autor muerto hace más de un siglo, la obra en cuestión «nunca tuvo forma de libro. Ha sido el paciente trabajo de diez años de Claude Schopp, el mayor especialista del mundo en la obra de Dumas, quien se la ha dado, corrigiendo, editando y enlazando episodios del folletín», remarca la editora del Grupo Planeta. «Y todo ese trabajo está sujeto a derechos». Derechos millonarios que pagó Planeta con la mediación de una agente literaria.

Fuentes cercanas a Funambulista aseguran que Max Lacruz, socio mayoritario del sello, ante la imposibilidad de responder a la puja de Planeta, habría decidido contratar los servicios de Rafael Blanco Vázquez para que tradujera el folletín inconcluso directamente de los microfilmes de Le Moniteur Universel conservados en la Biblioteca Nacional de Francia. Lo temerario de la empresa habría motivado, según dichas fuentes, la salida del editor Enrique Redel de Funambulista, a principio de 2007.

Bienvenidas, ahora sí

Saben quienes me leen (¡los hay!) que este Círculo se enorgullece de acoger a quienes crean editoriales necesariamente pequeñas y se lanzan al —ustedes perdonarán— proceloso mar de las librerías. Lo que algunos tienen por demostración de irresponsabilidad («hay ya demasiadas editoriales, demasiados libros») es, para la guardiana de este rincón iluminado, un ejercicio de valentía.

Hace algún tiempo, les conté que dos mujeres valientes preparaban una editorial que acabó llamándose Veintisiete Letras.

«Veintisiete Letras es una editorial literaria y de pensamiento que efectúa una apuesta especial por Hispanoamérica, en narrativa, poesía y ensayo –explica María Moreno, una de las dos propietarias-editoras—. Creemos que mucho de lo mejor que se está escribiendo en castellano, se está escribiendo allí y aquí sólo nos llega una pequeña muestra. Pretendemos dar a conocer la obra individual de reconocidos autores latinoamericanos cuyos planteamientos éticos y propuestas estéticas tienen una clara vocación universal. Además, nos interesa también el rescate de textos que consideramos clásicos por la vigencia de sus planteamientos.».

Ahora, sus primeros libros están ya listos para someterse al juicio de quienes, al cabo, tienen la última palabra, los lectores.

«Salimos con tres a la vez —me dice el otro 50%, Viviana Paletta—, representativos de las tres colecciones: la novela El profundo Sur, del argentino Andrés Rivera, sin duda uno de los más profundos escritores de lengua castellana; el poemario Sacrificiales del autor colombiano Rómulo Bustos, dos veces premio nacional; y el ensayo Tres milenios de Europa, de Denis de Rougemont, una magistral síntesis de cuanto sobre el concepto de Europa han reflexionado más de cien pensadores, filósofos y escritores del continente desde la antigüedad hasta nuestro tiempo.»

Suerte.

Hablando de «irresponsables»

Una buena amiga me da la buena nueva del nacimiento de una editorial, Pàmies, impulsada por Carlos Alonso, quien se presenta diciendo de sí mismo: «Hasta hoy no he tenido mayor relación con el mundo de los libros que la de una persona a la que siempre ha gustado mucho leer». Subrayo lo de «hasta hoy»…

Alonso abandona al mundo que era suyo, el de las finanzas, y se mete de cabeza en la edición sirviéndose de un logo, la garra de un oso, que pone imagen a un sueño: quiere que sus libros agarren al lector. Confío en que no lo destrocen.

De momento (subrayo «de momento»), se va a centrar en la novela de género con dos colecciones: novela negra y novela histórica. La colección de novela negra se llama Thriller Misterio Noir; la colección de novela histórica se llama, simplemente,  Histórica.

El objetivo de Alonso es sacar en su primera temporada 25 títulos con unas tiradas de entre 2.500 y 5.000 ejemplares.

Pues lo dicho: suerte.



Acuse de recibo


D. Crombie
Un pasado oculto
Navona

Tercera novela de misterio de Deborah Crombie, la heredera de Aghata Christie.



T. Vilhjámson
Arde el musgo gris
Nórdica

«Descubrir a Thor Vilhjámson es absolutamente obligatorio: es un autor realmente genial.»
Les Inrockuptibles.


A. González
La satisfacción del esclavo
Celya

V Premio León Felipe de Poesía. «Alicia González nos arrastra con su antropofagia amorosa, nos succiona con su lenguaje transitivo, pues irradia turbulencias íntimas que, al adoptar la desnudez de una representación, nos hace partícipes de lo que en este poema unitario sucede.» Javier Lostalé.


W. Maxwell
La hoja plegada
Libros del Asteroide

Del autor de Vinieron como golondrinas, que fuera editor del New Yorker y es considerado uno de los grandes de la literatura norteamericana del XX.

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