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25 de junio de 2007
Boqueando La temporada, digo. Y eso que aún quedan muchas presentaciones, y que todavía hay que perfilar la rentrée, cada año más exigente. Eso, por no hablar de la Semana Negra de Gijón, que este año tendrá lugar del 6 al 15 de julio, y cuyo programa, necesariamente provisional, pueden consultar pinchando aquí. 27 letras Ya la insigne María Moliner se animó a prescindir de los dígrafos CH y LL como letras independientes, dejando así el alfabeto español reducido a 27 letras, Ñ y W incluidas.
«En 27 letras cabe el mundo entero —dice María Mo... reno—, el 27 tiene innumerables connotaciones: el alfabeto, por supuesto, y también la Generación mítica y vanguardista del 27». Por ésas y otras razones, ella y su socia de aventuras Viviana Paletta han elegido ese nombre, 27 letras, para bautizar una editorial que echará a andar oficialmente en septiembre, aunque obviamente ellas dos llevan tiempo en el empeño. Apostarán sobre todo por textos en lengua española, de manera muy especial aquellos nacidos al otro lado del charco, escritores latino americanos que no escriben con afán e intencionalidad locales sino universales, autores a los que las editoras desean dar un tratamiento lo más alejado posible de ese toque folclóricos que tantas veces empaña la visión española sobre lo que allá ocurre. 27 letras tendrá tres colecciones: narrativa, ensayo y poesía, y la idea de Moreno y Paletta es editar entre 12 y 15 títulos al año. Encontrará su página web, todavía en construcción, pinchando aquí. Dar la cara Puede que sea una tontería, pero puesto que éste es un medio de comunicación digital y como tal, sospechoso por definición, permítanme la digresión. Mucho se critica que Internet acoja a tanto escribidor enmascarado, tip@s que ocultos tras el muro de las www escriben lo que quieren, contra quien quieren, sin dar la cara ni asumir responsabilidad alguna. A nivel de (o «en lo que es», que ambas fórmulas son igual de inanes) páginas web literarias, el fenómeno es habitual: agazapados tras sus alias, más de uno y más de dos se sienten libres para afirmar lo que firmando con su nombre y número de DNI jamás osarían aseverar. Y siempre hay otros tantos dispuestos a criticar esa cobardía... ... et pourtant, pourtant, los seudónimos gozan de una amplia tradición literaria. No hace falta que les repase la lista, es nutrida, al menos tanto con la nómina de razones que impulsaron a los escritores a cobijarse a la sombra de un buen nombre de pluma.
¿Misterioso he dicho? En realidad no tanto, puesto que hasta el 9 de julio imparte el taller Escribir en corto, un curso de guión específico para cortometrajes, en el madrileño y literario Hotel Kafka. Curiosamente, unas páginas más allá, el mismo De la Fuente conversaba con un editor, César Santos, responsable de uno de los fenómenos editoriales del año: Víctor Saltero, quien firma Sucedió en el AVE y El amante de la belleza (dos novelas denostadas por los críticos pero tan bien publicitadas que se han vendido como rosquillas). De F.M. el periodista dice que es experto en artes marciales y habitual de chamanes y hombres de medicina; de Saltero, que se asoma al Guadalquivir desde un ático de la sevillana calle Betis. Ambos prefieren esconderse y nadie les critica por ello, si acaso, valoran de manera muy diferente sus aptitudes literarias. En fin... Conocidos nuestros, aunque no lo sepamos
Desde ayer y hasta el próximo 2 septiembre, la Biblioteca Nacional de Francia expone el manuscrito de una novela conocida sobre todo por su adaptación cinematográfica: El puente sobre el río Kwai, del francés Pierre Boule, autor al que tantos buenos ratos debemos aunque apenas sepamos nada. Lo digo porque suya es, ente otras obras consagradas en la gran pantalla, El planeta de los simios que, junto al resto de su producción, le valió el título de «padre de la ciencia ficción francesa». Curioso destino el de algunos escritores, desde luego. Acuse de recibo
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