19 de junio de 2007


¡Que arda Troya!

Y las llamas se lleven por delante a todos esos malditos troyanos, entendiendo por troyano un programa malicioso, astuto, ladino, pícaro y artero, capaz de alojarse en computadoras y permitir el acceso a usuarios externos, a través de una red local o de Internet, con el fin de recabar información o controlar remotamente a la máquina anfitriona. La mía, vaya. Porque un troyano fue el que me impidió acudir el día y a la hora previstos a mi semanal encuentro con ustedes vosotros.

No hay impedimentos para Impedimenta

Dice la Real Academia, siempre tan escueta, que impedimenta es el «bagaje que suele llevar la tropa, e impide la celeridad de las marchas y operaciones». Pero no creo que sean muchos los que, al escuchar la palabra, «impedimenta», piensen en soldados en general, y menos en soldados contemporáneos: todos volvemos la vista al pasado, al Imperio romano, cuyas legiones se desplazaban con una pesada e imprescindible impedimenta, es decir, esa precursora de la mochila en la que cada legionario llevaba raciones para tres días, así como la patera (una especie de sartén), y la situla (suerte de olla), así como elementos de limpieza, tanto personal como de la armadura, y mudas de ropa entre otros objetos. En definitiva, lo necesario para sobrevivir...

Confío en que los amantes de la historia sepan perdonar mis imprecisiones. Pero la introducción venía a cuento de una nueva editorial que adopta precisamente ese nombre, Impedimenta, porque su impulsor, Enrique Redel, quiere que en ella quepan todos esos libros sin los que no podríamos entendernos a nosotros mismos como lectores occidentales,
esos sin los cuales un lector no puede seguir avanzando, esos de los que no podemos prescindir, «los que tienen que ir contigo en toda mudanza».

Literatura patrimonial, pues. «La tradición que me interesa rescatar —dice Redel— es la europea de entre 1850 y 1950, cuando se produce la fractura entre Occidente y el mundo eslavo, una fractura que sigue marcándonos». Su idea es sacar entre 12 y 15 libros al año, en traducciones nuevas y prologados por escritores de prestigio porque, explica el editor, «necesito que haya un escritor actual que hable de la vigencia literaria de la obra. Y me interesa “dar bola” al mundo literario actual en mis libros».
La aventura empieza en septiembre.

Vayan haciendo músculo para acarrear tan preciada (más que pesada) Impedimenta.

El nombre de la cosa

Siendo «la cosa» la editorial. Porque, admitámoslo, algunas se llaman de curiosas maneras. Impedimenta es el último ejemplo, un nombre difícil... Antes llegaron, entre otras, la reciente Hotel Papel, cuyos impulsores se justifican así:

Nos gustan los hoteles. Son lugares de paso que se habitan a veces como si fueran hogares. Como los libros: lugares en los que instalarse un tiempito para reír, soñar o pensar. Se puede regresar o no a ese hotel, a ese libro, pero unos y otros van conformando nuestras vidas. Un libro te puede ayudar a alcanzar la caja de las galletas cuando mides un metro o la luna cuando eres más grande. En cualquier caso, un libro te puede acercar al paraíso, al tuyo, aunque lo vivas de la mano de otro. Un libro va contigo de viaje, o te trae los viajes a casa. Es un amor que va y vuelve, una habitación con vistas, un lugar donde pasar la noche o un techo donde protegerte de la ignorancia. El libro se toca, se huele, se anota, se gasta, se vive, se presta, se pierde y se encuentra años después.

No menos curioso es Abada Editores, denominación que puede pasar si más (suena bien), aunque merece una segunda lectura, a la que procedo con la inestimable ayuda de Fernando Guerrero:

El logotipo de ABADA es un rinoceronte, animal fuerte, serio, sólido. Nos gustaba como imagen para una editorial que viene para quedarse. Y nos gustaba además el grabado de Durero, que es el rino que utilizamos.

Pues bien, elegir el nombre de la editorial fue fácil, porque en español 'abada' significa exactamente 'rinoceronte', y como tal viene recogido en los diccionarios y enciclopedias actuales. Hoy ya no es término de uso habitual (hombre, intentaremos que vuelva a serlo...!), como sí lo era en el Siglo de Oro, por ejemplo (y así comienza Góngora su soneto 39:

Grandes, más que elefantes y que abadas,
Títulos liberales como rocas,
Gentiles hombres, sólo de sus bocas,
Illustri cavaglier, llaves doradas;

Hábitos, capas digo remendadas,
Damas de haz y envés, viudas sin tocas,
Carrozas de ocho bestias, y aun son pocas
Con las que tiran y que son tiradas;

Catarriberas, ánimas en pena,
Con Bártulos y Abades la milicia,
Y los derechos con espada y daga;

Casas y pechos todo a la malicia;
Lodos con perejil y yerbabuena:
Esto es la Corte. ¡Buena pro le haga!



Por lo demás, el nombre parece provenir del malayo 'badaq', que en portugués dio 'bada' (con determinante femenino: a bada), y de aquí, uniendo artículo y nombre, abada.

¿Sabías que en Madrid, en el centro, hay una "Calle de la Abada", que es una perpendicular de Gran Vía, y que junto al nombre, por cierto, aparece el dibujo de un rinoceronte?

Por fin, que no por último (o viceversa: el tema da para mucho. Otra vez será), recuperemos el porqué de un nombre, Lengua de Trapo, cuyo editor en jefe, Pote Huerta, explicó en su día escribiendo lo que transcribo:

Cómo nació el nombre Lengua de Trapo

Antes de ser editor desarrollé una modesta actividad como pintor. Lengua de Trapo fue el título de una exposición que preparé en una pequeña galería de Madrid. Más tarde, en 1995, cuando iba a fundar la editorial, andaba buscando un nombre sonoro y que además sintetizara las intenciones del proyecto. Entonces me acordé del título de aquella exposición. Sonoro era. El tiempo me ha demostrado que, efectivamente, provoca una segunda mirada y contiene una idea que a mí me parece veraz, y es que, en el Arte, lo esencial es innombrable. Me gustaba también la modestia que imponía a un proyecto que en realidad es ambicioso. Definitivamente, Lengua de Trapo era un nombre idóneo para impulsar la carrera de jóvenes autores.

Sin embargo, muchos lo identifican con la literatura infantil y juvenil, antes que con la obra de nuevos talentos, y de ahí algunas anécdotas. En una ocasión una mujer con acento extranjero se acercó a nuestra caseta en la Feria del Libro de Madrid de la mano de su hijo, que debía de tener unos ocho años, para que le recomendáramos algún título; le dije que no publicábamos literatura para niños, y ella me preguntó que cuál era entonces la razón por la que la editorial se llamaba así. Le expliqué que no sólo los niños tienen lengua de trapo: también los extranjeros como ella, por ejemplo, con esa manera tan divertida que tenía de expresarse en español. Reaccionó algo ofendida diciéndome que conocía lo suficientemente bien nuestro idioma como para saber que muchas veces se emplea esa expresión con los borrachos. «Ha dado usted en el clavo —le dije en broma—. Lo que verdaderamente somos es una editorial de beodos». Lejos de sonreír, la mujer giró sobre sus tacones mientras le tapaba con la mano los ojos al niño, que hasta entonces había permanecido fascinado contemplando las extrañas ilustraciones de nuestras cubiertas. Mientras se alejaban la oí murmurar: «Borrachos, borrachos... Ya tuve bastante con el borracho de mi primer marido». Yo le saqué la lengua, resacosa; el niño sonrió.

Todos al andén

Este martes en Madrid, mañana en Barcelona, se presenta la editorial El Andén (¡otro nombrecito!), de la que ya les hablamos aquí hace tiempo. Ojo al dato: dicen que han fichado ya a más de 140 autores, y contratado unas 300 obras. Es lo que se llama empezar de sopetón. Repasen la lista de nombres... no, no lo hagan en la página web, que no funciona aún, al menos mientras escribo estas líneas. Hay nombres para todos los gustos, y de todas las editoriales. Los editores subrayan en su catálogo promocional que entre ellos está Gregori Dolz, entre cuyos méritos profesionales destacan el de ser hijo de Antonia Kerrigan, dos de cuyos autores, Javier Sierra y Juan Gómez Jurado, aguardan en el andén que salga su tren editorial.

Suerte.


Acuse de recibo


D. Chopra
Buda
Suma



D. Chiappe
Entrevista a Mailer Demon
La Fábrica

Segundo título de la colección BlowUp Novelas Cortas.


C. Ruiz Zafón
Las luces de septtiembre
Planeta


M. Morey
Pequeñas doctrinas de la soledad
Sexto Piso

Una invitación a pensar nuestra soledad inmersos en la lectura

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