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7 de mayo de 2007
Los lunes, al sol del Círculo
He cambiado de día de publicación. Más que un capricho, una necesidad: el fin de semana me proporcionará más tiempo para escribir una sección que, en ocasiones, adolece de una cierta premura. Será, pues, los lunes. Y los lunes enviaremos también el Divertín literario. Para iniciar la semana con buen pie. De cómo Manolo llegó a ser Manuel Hace unos días recibí, y desde luego no fui la única, una edición no venal de una novela de peso: La enfermera de Brunete, 1037 páginas, varios quilos de peso (exagero apenas), y un autor para mí desconocido: Manuel Maristany. En la carta que la editora Ana D’Atri adjuntaba, figuraba una pequeña biografía. Ahí supe que, aunque licenciado en Derecho, Maristany (1930) nunca ejerció esta carrera, sino que trabajó como fotógrafo y escritor. Y que en 1962, en compañía de cuatro amigos, atravesó África en moto. D’Atri glosaba el valor del texto apoyándose en una crítica elogiosísima de Sergio Vila-Sanjuán...
... y se rendía:
Me puse en contacto con la tal editorial, en la cual durante dos días nadie fue capaz de atender mi demanda de información. Al parecer, estaban trabajando… como si lo que yo les pedía no fuera de índole laboral. «No me extraña que Maristany les haya abandonado», pensé. Qué equivocada estaba. Tampoco tuve suerte con el departamento de prensa de Planeta, donde según quién falte nada funciona. Así que intenté encontrar al misterioso autor, hasta el que llegué gracias a un internauta ibicenco, Juan Manuel Grijalvo, quien le dedica parte de su web y tuvo la amabilidad de facilitarme el contacto.
—Es que yo estoy en Madrid, y usted en Barcelona… Instalados en el tuteo y aceptado el compromiso, Manolo («lo de cambiar el nombre fue cosa de la agente, le parece más serio Manuel que Manolo») me contó que La enfermera de Brunete es la novela de toda una vida. «Yo esta inquietud de escribir la tenía desde hace mucho. ¿Tienes tiempo?» Todo el del mundo, le contesté. Y entonces me contó… Cerrando el círculo … que allá por el año 1976, se dijo que tenía que escribir algo. Enterado de la convocatoria del Premio Planeta, se apuró para presentar la primera versión de esta novela. Era más corta que ahora, y quedó entre las diez finalistas. «Afortunadamente, ni ganó ni la publicaron.» Fue reescribiéndola, «cada tres o cuatro años», y presentándola a premios y editoriales, «pero siempre me la tumbaban». Cuando estuvo como finalmente es, recurrió a un pariente, Salvador Pániker, quien le aconsejó que, dado que el texto tenía algún elemento esotérico, lo sometiera a la consideración de la misteriosa Vedrá, donde («más por Salvador que por la novela», acepta) accedieron a publicarla. Corría el mes de mayo de 2006, y poco podía imaginar Maristany lo que se le venía encima. «Vila-Sanjuán hizo una crítica elogiosa apenas un mes después, y al poco tenía agente, Carmen Balcells, y a los de Planeta con un adelanto de 15.000 euros.» Su editor primero, lejos de poner obstáculos, le dio ánimos. «Y aquí estoy.»
A la espera de lo que pueda venir, Manolo Maristany sigue escribiendo aunque nada tan ambicioso como La enfermera de Brunete. «Sabes —me dice—, yo creo que un escritor solamente puede escribir una novela en su vida, lo demás son repeticiones», asegura. Sin duda, la que Planeta está a punto de dar a conocer es la novela de una vida. El vaivén En el día después de las elecciones francesas, comentar un libro como el que me ocupa, zigzagueante, tiene su gracia. Una se pregunta a quién habría votado Romain Gary, y a quién Émile Ajar, aunque semejantes disquisiciones no tengan ningún sentido. Pero en algo hay que ocupar la mañana… ¿Se acuerdan? Hace algún tiempo les conté la historia de este autor de doble personalidad, pelín marrullero a la par que fascinante, poco conocido en nuestro país. Decía entonces que «en 1974, un desconocido, de nombre Émile Ajar, publicó un libro, Gros-Calîn, que pasó sin pena ni gloria. Un año más tarde, el mismo y aún tan desconocido Ajar firmó La vie devant soi (La vida ante sí), obra que editó el prestigiosísimo sello Mercure de France y que narraba con maestría la historia (son palabras de un crítico) "du fils d’une femme qui se defénde avec son cul". En román paladino: el hijo de una prostituta. La novela se llevó el Premio Goncourt». Así, con el ardid del nombre falso, Gary burló a los académicos que ya habían reconocido su talento con anteriorirdad y se llevó por segunda vez un galardón que, lo estipulan sus bases, sólo se puede ganar una. En 1978, Plaza & Janés publicó en España Gros-Calîn, cuya traducción corrió a cargo de Ana María de la Fuente, quien tuvo a bien no verter al castellano el título. No era la única decisión dudosa: faltaban trozos, y también juegos de palabras. Además, el final no era el final.
Confieso que del «caso Mimos» me interesaba tanto la recuperación misma del título como la editorial de nombre movido. ¿Qué es Vaivén? En interés creció al recibir, días después de tener noticia de la novedad, un ejemplar acompañado por una carta de Inés Bértolo (hija de Constantino), de la que acababa de leer la traducción de una obra del también francés Jules Vallés editada por Periférica. Inés, que figura como la persona que ha supervisado la traducción de Mimos, firmaba la misiva indicando su pertenencia al Departamento de Comunicación de A. Asppan, S.L. Un lío, vamos. «No es fácil, no», admite Kliczkowski, cuyo apellido dirá mucho a los amantes de libros de arte. «El sello Vaivén fue creado para publicar este libro… Fue un proyecto mío, y quería diferenciarlo de los libros que hacía mi padre. Luego, pensamos en editar un libro sobre arte emergente y, entonces, con Manuela Villa, una periodista de arte, y el diseñador Miguel Ordóñez, decidimos crear una cooperativa editorial.» La distribución de sus ejemplares corre a cargo de Asppan, distribuidora nacional, que junto con la editorial HK (Hugo Kliczkowski) y Onlybook (distribuidora internacional), forma el grupo. Aclarado, pues. Aunque están pensando ya en sacar un libro de fotografía, Kliczkowski and company no tienen de momento proyectos a largo plazo. Pero sueñan con que muchos acepten ser los mimos de Gary-Ajar. Blogs que dejan de serlo Es un fenómeno curioso, imparable: cada vez son más los escritores de talento, consagrados y publicados, que se apuntan a la imprenta virtual y cuelgan sus pensamientos en la red, tal vez porque se dan cuenta de que así alcanzarán más público del que nunca soñaron. La pena es que pocos se mantienen fieles al estilo, el formato y el espíritu de la red y, antes o después (casi siempre mucho más temprano que tarde) acaban poniendo negro sobre blanco lo que antes sólo existía on line. Hay casos, como el de Arcadi Espada, paradigmáticos: su blog nació pensando en el papel, hasta el punto de que la URL (arcadi.espasa.com), además de constituit un juego de palabras (espasa es espada en catalán) revelaba la editorial que se haría cargo del trasvase. Otros tienen presentcia simultánea en ambos soportes: basta con echar una ojeada a los periódicos estos días para constatar hasta qué punto los blogs (a la sazón, electorales) se han apoderado de los diarios. Así, a nadie sorprenderá que El Boomeran(g), el blog literario latinoamericano patrocinado por La Oficina del Autor tenga ya en la calle sus primeros títulos, editados (cómo no) por Alfaguara, colección Libros del Blog.
Un recordatorio: la cabecera del blog, El Boomeran(g), alude a la generación literaria del boom. En él, y desde cinco ciudades –París, Barcelona, Nueva York, México y Buenos Aires–, cinco escritores mantienen el cotidiano diálogo con los lectores y usuarios. Cosa distinta es saber hasta qué punto lo escrito al calor del día a día resiste el paso al papel ideado para resistir. Juzguen ustedes mismos.
Acuse de recibo
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