13 de abril de 2007


Efemérides

Aclaración previa. Por motivos que serían largos de explicar, no puedo ilustrar como conviene una entrega circular que escribo en circunstanias excepcionales, por lo extrañas. Sé que sabrán disculparme...

Ahora sí

No sé si a ustedes les gusta celebrar sus respectivos cumpleaños, pero lo cierto es que el mundo vive en gran medida al ritmo que marcan los aniversarios, tic, tac, ding, dong, y si del mundo editorial se trata, no hay duda: las efemérides dan para muchos libros.

¿Les dice algo el año 2008? Aviso a los de mi tierra: “es el año de la Expo” no es la respuesta. 2008 llegará 200 años después de 1808… ¿Se hacen una idea de la que se nos viene encima? Necesitaríamos la garra, el coraje y cañón de Agustina de Aragón para evitar la acometida de quienes, con las revistas de historia a la cabeza, se disponen a recordarnos lo que sucedió en ese tiempo, dos siglos atrás.

La Guerra de la Independencia es, desde luego, un excelente motivo editorial… a punto he estado de escribir “electoral”… ¿se imaginan, en unos meses, la contienda en las urnas al calor de los primeros actos conmemorativos? En fin. Editorial, pues. Y aunque el conflicto duró varios años, las fábricas de libros preparan la artillería pesada para los próximos meses. Adelantarse, ya saben, es tener media carrera en el bolsillo.

De entre las novedades que se avecinan, suena bien una que llegará firmada por Rafael Abella y Javier Nart, una historia de la guerrilla cuyo subtítulo, La forja de una nación, huele a polémica, en esta tierra en la que el contencioso territorial no está cerrado, y lo que te rondaré, morena. Lo publicará Temas de hoy.

Una tontería: Fernando VII calmaba los nervios haciendo punto. ¿Alguna editorial voluntaria para un libro que lo celebre, una edición especial con encuadernación de perlé y cantoneras de ganchillo, no sé, una obra magna titulada Tricotar, cosa de reyes?

Una hora menos, un libro más

Desde hace algún tiempo, recibo información sobre las novedades de una editorial, Artemisa, cuya sede está en La Laguna. Sé que cada vez son más, y más exitosos, los que se lanzan a editar desde la periferia, pero no deja de sorprenderme. Así que mepuse en contacto con su directora editorial, Marian Montesdeoca. “Bueno, sobra decir que las nociones de centro y periferia son relativas. Hoy, con las posibilidades que brindan las comunicaciones habría que preguntarse dónde está el centro, al menos en lo atinente a la mera producción, al trabajo editorial puro.” La primera, en la frente y en todo lo alto. “Ahora bien, si te refieres a la lejanía de los círculos de la crítica, de los medios de comunicación nacionales (madrileños y catalanes), sí que estamos lejos; sí que echamos de menos de vez en cuando residir en ‘la capital’, aunque procuramos acortar las distancias viajando a menudo (todo lo que podemos) a Madrid, Barcelona o Sevilla.”

“Por otro lado...” ¿Tiene aún más argumentos? “... a veces la distancia evita determinadas ‘contaminaciones’. Contaminaciones de aquellas que nos repugnan, ciertamente, como la obsesión por la pertenencia a la elite literaria, intelectual, de este país y la participación en las batallas entre autores y críticos y entre autores y autores. Procuramos alejarnos de todo ello, ya que perdernos en semejantes trivialidades nos alejaría de lo importante: de edificar nuestro modesto catálogo y de seguir practicando la artesanía editorial, que es lo que nos movió a fundar Artemisa y lo que nos mantiene ilusionados cada día.”

No parecen malas bases

Aunque nada sería lo que debe ser sin un buen catálogo. “El criterio es, simple y llanamente, nuestro gusto personal. Aquello que nos gustaría leer y que tenemos opciones de publicar (ya que no siempre las hay debido al precio de los derechos de autor o a la dificultad de encontrar el traductor adecuado) pasa a formar parte de nuestro futurible catálogo. Hasta ahora lo hemos hecho así, y así continuaremos haciéndolo mientras podamos. En general apostamos por obras que han sido mal traducidas, por obras que nunca han visto la luz en nuestro idioma o por autores que no han conocido buenas ediciones en castellano. Y también por autores que, sin ser conocidos, merecen ser editados, da igual el género al que pertenezcan sus obras.”

Entre ellos, Antonio Ansón, cuya primera novela editarán en los próximosdías. “Se titula Llamando a las puertas del cielo, y es un texto de estilo y estructura muy peculiares. Es un texto limpio y ágil, pero lleno de ironía y profundidad, que fotografía los cruciales años de la transición española en un pueblo del interior de nuestra Hispania profunda.”

Disculpe si hablo de dinero, pero...

Me interesaba saber si, del mismo modo quealgunas publicaciones tienen un precio peninsular, y otro en Canarias, ellos fijan PVP’s diferentes... “Nosotros fijamos el precio de nuestros libros al margen de las sutilezas impositivas. En Canarias no se paga IVA, de manera que, claro está, los libros resultan un 5% más baratos. Pero si te refieres a cómo repercute en nuestras arcas (modestas), ni se nota la variación de precios. Lo que realmente se nota es la poca buena literatura que se vende en Canarias.” Por lo demás, las ayudas... pues eso, que ayudan. “Como la práctica totalidad de las editoriales (grandes y pequeñas) concursamos a determinadas convocatorias de ayuda a la edición. Pero lo hacemos sólo con algunos títulos, con los que tienen mayores dificultades para abrirse paso en el mercado. Sin embargo, ello no nos obliga a nada más que a editar aquellas obras (pocas) que son objeto de subvención. Lo que editamos lo elegimos siempre nosotros: jamás nos dejamos llevar por las ‘indicaciones’ de una institución ni preparamos un libro porque pueda ser objeto de ayuda. De hecho, no nos hace ninguna gracia la ‘cultura de las subvenciones’, aunque hay veces que si quieres editar a autores como, por ejemplo, Sainte-Beuve, debes buscar una fórmula que lo posibilite; dar con un apoyo económico que sufrague al menos una parte del coste de producción de la obra. Pero, como verás, generalmente nos lanzamos a publicar los títulos que nos interesan, aunque no tengan tirón comercial.”

Como el perro y el gato

No es que los responsables de Artemisa se llamen así, sino que en su página web aparecen un can y varios felinos como miembros del equipo editorial (bueno, no me lo tomen muy al pie de la letra). Cuestión ineludible: ¿qué lugar ocupan en el escalafón de la empresa? “Buena pregunta. La mejor. El perro se llama Julio (en honor al ‘enormísimo cronopio’), el gato blanco y negro se llama Benito y el atigrado, el benjamín de la empresa, Jacinto. ¿Qué lugar ocupan? Es difícil precisarlo: sobre todo, reciben a los autores. Julio mueve animadamente el rabo cuando un poeta lo acaricia y tiene un olfato exquisito para distinguir a los buenos escritores, así como un ladrido profundo para ahuyentar a los malos. Benito y Jacinto nos decoran la vida con su grandísima elegancia y con su estatus enigmático; entendemos perfectamente que el gato de Cortázar se llamara Adorno.”

Rescates

Hace algunos días acusé el recibo de una novela, Un perro en las nubes, de Carmen Botello, publicada por Nadir, la crónica terrible de la violación continuada de una joven disminuida.

La de Blas Parra es una editorial perseverante que, además de novedades, rescata clásicos olvidados o en desuso. Uno: Perfume, una novela psicológica sobre un trío peculiar cuyos vértices son una madre, su hijo y la esposa de éste, primera traducción de Luigi Capuana (1839-1915), autor prácticamente desconocido en nuestro país. Otro: Rarahu. El matrimonio de Loti, novela en parte autobiográfica que dio a su autor, Pierre Loti, fama universal. Cuenta el gran amor de una niña de 14 años con un oficial de la marina en Polinesia, describe paisajes que parecen sacados del paraíso, pero también la corrupción reinante extendida por el colonialismo y la indolencia de los nativos. Fue tal la fama que alcanzó la novela, que muchos hombres quisieron emular al protagonista. Entre otros, Gauguin, cuya decisión de huir de Occidente fue adoptada en gran medida bajo el influjo de un texto delicioso, y de una personalidad, la de Loti, de difícil catalogación.

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