30 de marzo de 2007


Zascandileando

El miércoles (28 de marzo), la Comisión de Educación del Congreso, animada por una iniciativa del diputado del BNG Francisco Rodríguez, emplazó a la Real Academia Española de la Lengua a "estudiar" la definición de la palabra "gallego" como "tonto" y "tartamudo", acepciones recogidas en el Diccionario de la RAE desde 2001.

Poco importó a sus desocupadas señorías (digo yo que si tuvieran algo que hacer, se dedicarían a ello, y no perderían el tiempo en estas bobadas) que el diccionario especifique que "gallego", con ese significado, sólo se usa en El Salvador (donde llaman así a un tartamudo) y en Costa Rica (país en el que equivale a tonto). Y aunque no dejaron de mencionar el respeto que la independencia de la Academia les merece, aprobaron lo que aprobaron.

Para mí que se quedaron cortos. Yo hubiera propuesto la creación de una comisión viajera, integrada por parlamentarios de todos los grupos debidamente acompañados, para que fuera hasta el infinito y más allá... digo, para que se desplazara al otro lado del Atlántico con la misión de convencer, uno por uno, a los salvadoreños que utilizan la palabra “gallego” para definir a un tartamudo, y a los costarricenses que se sirven del mismo vocablo para describir a los alelados, de lo malas que son esas prácticas. Respetando, eso sí, su independencia de castellanohablantes, usuarios de una lengua que es la nuestra, y la de tantos.

Por lo demás, a continuación voy a utilizar esta tribuna, circular a la par que modesta pero orgullosa, para dar ideas y soliviantar a personas de diferentes procedencias:

A las mujeres de cualquiera de las Castillas, que quizá aún no saben que, en su acepción tercera, tomada como adjetivo, y dicho de una gallina, la palabra “castellana” significa: “De cierta variedad negra muy ponedora”. Sí, ya sé que los académicos se ponen la venda antes de resultar heridos anotando que se refieren a un animal, pero a mí esos remilgos no me engañan: estoy íntimamente convencida de que algunas naturales de Castilla no apreciarán que su gentilicio sirva para definir a aves de pluma oscura y reputación dudosa. ¡Ah! Y estajanovistas de la puesta. De paso, los académicos podrían alterar el significado de “gallina”, porque quizá las hembras de los gallos no valoren positivamente que las personas cobardes, pusilánimes y tímidas sean así denominadas.

A los valencianos, a los que tal vez no les gustará saber, si no lo saben ya, que en México (país que, de no abandonar su recalcitrante actitud, dejará de ser lindo y querido) llaman así, valenciano, a la parte baja de las perneras del pantalón que se vuelve hacia fuera y hacia arriba. Todavía, si llamaran a la parte del muslo, que tiene más caché… Pero ¡a la parte baja! ¿Qué se han creído esos mexicanos que son? ¿O que somos? ¿Rastreros?

Y a los extremeños, tan orgullosos de su tierra extremeña, quienes a buen seguro no querrán que todos los habitantes de los extremos de una región, cualquier región, defiendan su derecho a ser llamados “extremeños”, derecho que la Academia les concede por el mero hecho de habitar “en los extremos de una región”. Extremeños, los de Cáceres y Badajoz. Los demás, si acaso, periféricos o asín. Aprovecho para cizañar contra el corrector de Word, que admite sin más los plurales de “castellano” y de “valenciano” pero subraya como falta de ortografía el término “extremeños”.

No quiero continuar, que a lo peor luego me acusan de algo. Además, es injusto bucear sólo en las miserias grandes o pequeñas del diccionario del español, y no hacer lo propio con los de gallego, catalán, vasco… y yo no tengo a mano diccionarios de esas lenguas. Pero tampoco quiero acabar sin sugerirle al diputado Rodríguez que haría bien en impedir que en Argentina y otros países de la zona llamen “gallegos” a los españoles (creo que los académicos lo llaman “sinécdoque”: designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa), porque a lo peor alguien se siente utilizado, o excluido. E incluso le aplaudo si embarca a sus compañeros de escaño (es coña) a buscar para condenar a quien en su día colgó esto de la web:

Quisquilloso

Del blog de Arcadi Espasa, que a su vez remite al de Arsenio Escolar y a Google:

Gramáticas
(I)
Observo con gran sorpresa, en los fastos linguales de Cartagena, que no se aprovecha el cuarenta aniversario de Cien años de soledad para corregir su principal error de gramática. Mucha pavada para sustituir "kilómetros" por "leguas", "sirio" por "cirio" y "forasteros" por "los que vienen", y ahí sigue impertérrito el "había de recordar" de su primera frase que, cuarenta años después, sigue tan mineral e incomprensible como el primer día, nunca, antes de Gabo lo dijo nadie, y lo que es peor, nunca nadie lo ha dicho después
.

Eso escribió Arcadi, y al poco se dio cuenta de que muchos se habían ocupado antes de este asunto. Tiren del hilo aquí, y aquí.

Un par de apuntes

· Punto de lectura estrena página web, que descubirá pinchando aquí.

· Belacqua edita Hollywood Station, de Joseph Wambaugh, especialista en las llamadas procedural stories, con la que inicia la colección de novela negra LA ORILLA NEGRA.

La Semana que viene...

... es Santa y vacacional. Volveremos el viernes 13 (lagarto, lagarto) de abril. Disfruten de estos días.


Acuse de recibo



Revista Eñe
La fábrica

Número dedicado a la televisión. Con textos de F. Marías, I. Kadaré, E. Moliner, E. Medel, J. Puntí... e ilustraciones de S. Martín Begué



Revista Mercurio
Fundación José Manuel Lara

 


I. Svevo
Diario para la
prometida

Funambulista

Traducido al español por vez primera.

Balthus / Rilke
Mitsou. Historia de un gato seguido de Cartas a un joven pintor
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El resultado del encuentro de Rilke con un entonces jovencísimo (12 años) Balthus.
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