23 de febrero de 2007


Puente aéreo y literario

La semana pasada les conté que me habían contado que dos grupos grandes estaban a punto de sacar sendas editoriales consagradas a autores noveles. Y mencionaba una llamada interprovincial (vivo en Madrid) que no tuvo frutos por lo que me abstuve de comentar la mitad de ese «soplo».

Ahora ya puedo. El segundo grupo señalado era RBA, donde me precisan que sí... pero no. Que lo que en realidad van a hacer, dentro de su plan de crecimiento es abrir una línea en castellano (y en el sello RBA), al frente de la cual está Malcolm Otero Barral y que arranca con Coco, novela en la que Cristina Sánchez Andrade repasa la intensa biografía de Coco Chanel.

Malcolm Otero, por cierto, pasará buena parte de su semana laboral en Madrid, donde la editorial catalana tiene ya a su disposición una planta entera de su edificio de López de Hoyos. Allí se instalarán también los comerciales y la recién fichada responsable de prensa, cuyo nombre me piden que no adelante aunque (me dicen) ella ya lo ha comunicado en la publicación cultural donde trabaja. Esta periodista se incorporará al proyecto a principios de marzo y llevará los sellos más literarios del grupo (Gredos y demás) en tanto que el resto se impulsarán desde Barcelona, todo bajo coordinado por Laura Santaflorentina.

Inasequibles al desaliento

Ya no sorprendo a nadie cuando anuncio el nacimiento de una nueva editorial, o de un nuevo sello. Pero no por ello voy a dejar de hacerlo, porque las buenas noticias hay que compartirlas.

Éste es un sello del Grupo Editorial Luis Vives que se sitúa bajo la advocación de San Ray Bradbury, puesto que el nombre elegido es 451 Editores. Ya se sabe que Fahrenheit 451 es una novela distópica (ganas tenía yo de decirlo) publicada en 1953 por el mencionado escritor estadounidense, del mismo modo que es conocido que la del título es la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde, y nadie ignora que la historia fue llevada al cine en 1966 por Truffaut, así como que el título inspiró el del documental de Michael Moore Fahrenheit 9/11.

«Queremos que nuestros libros ardan a 451º Farenheit en el lugar donde deben hacerlo: es la cabeza de los lectores», anuncian los responsables. Y pretenden lograrlo con dos colecciones de nombres informáticos:

451.http:// acogerá tanto a autores consagrados como noveles, españoles o extranjeros. Arranca el 1 de marzo con Elia Barceló (Corazón de tango), Berta Tabor (La pértiga del funambulista), Thorton Wilder (La mujer de Andros) y Stephen Leacock (Un verano en Mariposa).

451.Re: es más novedosa, y tardará un poco más en llegar a las librerías. En ella aparecerán obras clásicas reescritas por autores actuales, verdaderos remakes que van del homenaje a la parodia. Los primeros: ¡Mío Cid!, revisitado por Antonio Orejudo, Luisgé Martín y Rafael Reig; Lazarillo de Tormes, recreado por Martín Casariego, Nicolás Casariego, Marcos Giralt Torrente, Francisco Casavella y Marta Rivera de la Cruz; y Leyendas de Bécquer, contadas esta vez por Lorenzo Silva, Elia Barceló, Fernando Marías, Mercedes Abad, Juan Bonilla, Juan Bas, Marta Sanz y Carlos Castán. Luego vendrán, entre otros, Los artículos de Larra y Las mil y una noches.

El empeño es arriesgado. Les deseo, como a todos, mucha suerte. 

¿Conocen a Mario Levrero?

Cuenta Constantino Bértolo maravillas de un autor al que va a dar cabida, y por partida doble, en su Caballo de Troya: Mario Levrero, uruguayo, fallecido en 2004 a los 64 años de edad, cuya pluma fue calificada de «excepcional» y «luminosa».

«Creo que en las experiencias más triviales y cotidianas hay material artístico; la condición es que en ellas esté presente el espíritu del artista. Por ejemplo, yo puedo estar parado en una esquina mirando el semáforo, a la espera de que cambié la luz para cruzar la calle. De hecho, estoy en esa situación varias veces al día. Y allí puede haber una experiencia espiritual; depende de qué pasa conmigo mientras estoy parado en esa esquina. O podría decírtelo de una manera completamente inversa... lo que se percibe en una obra de arte es el alma del artista, toda ella en su conjunto, por un fenómeno de comunicación alma-alma entre el autor de la obra y quien la recibe. La obra de arte sería un mecanismo hipnótico, que libera momentáneamente el alma de quien la percibe y le permite captar el alma del autor. No importa cual sea el asunto de la obra», escribió Levrero, al que Bértolo confiesa que acaba de conocer.

¿Quién se lo presentó? «Hace unos años —me dice Constantino— en un email le preguntaba a Ignacio Echevarría qué estaba haciendo y me respondió: "Leyendo:

Cuando se llega a cierta edad, uno deja de ser el protagonista de sus acciones: todo se ha transformado en puras consecuencias de acciones anteriores. Lo que uno ha sembrado fue creciendo subrepticiamente y de pronto estalla en una especie de selva que lo rodea por todas partes, y los días se van nada más que en abrirse paso a golpes de machete, y nada más que para no ser asfixiado por la selva; pronto se descubre que la idea de practicar una salida es totalmente ilusoria, porque la selva se extiende con mayor rapidez que nuestro trabajo de desbrozamiento y sobre todo porque la idea misma de ‘salida’ es incorrecta: no podemos salir porque al mismo tiempo no queremos salir, y no queremos salir porque sabemos que no hay hacia dónde salir, porque la selva es uno mismo, y una salida implicaría alguna clase de muerte o simplemente la muerte. Y si bien hubo un tiempo en que se podía morir cierta clase de muerte de apariencia inofensiva, hoy sabemos que aquellas muertes eran las semillas que sembramos de esta selva.

Sin embargo hoy vi, hacia la caída del sol, el reflejo de unos rayos rojizos del sol en unos ladrillo de cerámica barnizada, y me di cuenta de que aún estoy vivo, en el verdadero sentido de la palabra, y de que aún puedo llegar a situarme a mí mismo: todo es cuestión de encontrar cierto punto justo, mediante cierta voltereta espiritual; no puedo evitar la maraña de consecuencias, no puedo pretender ser el protagonista, otra vez, de mis acciones, pero sí me es posible rescatarme dentro de esas nuevas pautas, aprender a vivir otra vez, de otra manera. Hay una forma de dejarse llevar para poder encontrarse en el momento justo en el lugar justo, y este "dejarse llevar" es la manera de ser el protagonista de las propias acciones - cuando uno ha llegado a cierta edad.

»Supongo —continúa Bértolo— que intervino también la edad propia pero aquel texto me resultó impactante y a continuación le pregunté a Ignacio que de quién era. Me dijo: “De Mario Levrero”. Era la primera vez, para mi vergüenza, que oía ese nombre. A partir de ahí me fui haciendo, tarea nada fácil, con sus obras que me produjeron admiración y ganas de publicarlo y darlo a conocer en España donde apenas ha sido editado y nada o muy escasamente distribuido. Lo que me conquistó es el tono general de su escritura: escribe sin disculparse por hacerlo, como quien no espera demasiado de los lectores y sin embargo no nos desprecia».

Fruto de esta conversión es la anunciada salida de Dejen todo en mis manos y El discurso vacío.

Good vibrations

Las que percibe Juan Gómez Jurado ante la próxima aparición en Estados Unidos de su novela El espía de Dios (publicada en España por Roca Editorial). Y si hay buenas vibraciones es porque su editorial ha apostado fuerte por él, como lo demuestra este anuncio publicado en The New York Times - Sunday Book Review.




Acuse de recibo



Eugenio d'Ors
Cuentos
filosóficos

Gadir

Selección de
Carlos d'Ors


E. Pardo Bazán
Bucólica
Lengua de
Trapo


Considerada por
la autora como
su mejor novela


Clara Janés
Los números
oscuros

Siruela

XXI Premio
Internacional
de Poesía
Barcarola


L. Canales
Alias Lola
Temas de Hoy

Historia de las
últimas presas
políticas de la
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