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9 de febrero de 2007
Está mal que yo lo diga...
¿Qué pasó en estos tres días? En la víspera del arranque, los participantes recibieron una carta firmada por Beatriz de Moura en la que se me reprochaba haber sacado de contexto una frase de un artículo suyo.
Es cierto que en la convocatoria incluí un entrecomillado extraído de ese texto: «¿Quiénes son estos nuevos editores para los tiempos nuevos? ¿Son, como apuntaba Beatriz de Moura en un artículo más que polémico, unos temerarios”, gente que piensa que montar una editorial es como “montar un chiringuito en la playa”? ¿O son los herederos de una gran tradición, las personas llamadas a garantizar el relevo generacional?». El porqué de una moda
Últimamente, han conseguido incluso que medios de comunicación en principio alérgicos a los cambios en el establishment se interesen por ellos. «Yo creo —apuntó Enrique Redel— que los periodistas andan buscando nuevas ideas, y lo que pasa es, sobre todo, que cuando se acercan a nuestros libros ven que es gran literatura.» «Sí —abundó Carola Moreno—, les hace gracia que de pronto haya más variedad.» «No es tanto que estemos de moda cuanto que, como las pequeñas tenemos un colchón pequeño y un margen de error mínimo, tenemos que cuidar mucho la edición —opinó Fernando Guerrero—. Por eso la calidad en una pequeña es mayor.» «Y si hay moda —apostilló José Pons—, bienvenida sea.» Editores sí, pero... ¿independientes? «Me gusta más el término “editorial insumisa” que acuñara Jorge Herralde», apuntó Juan Casamayor, incidiendo en aquel papel levantisco que algunas desempeñaron cuando se metieron de hoz y coz en la lucha contra la censura de mercado que imponen algunos grandes grupos. «Siempre hay una dependencia —dijo Santiago Tobón—, y si hay que favorecer alguna dependencia, es la que tenemos con los lectores.» Y luego están las dificultades. «No somos una editorial independiente, somos una editorial convaleciente», lamentó Pepo Paz.
Porque se mire por donde se mire, las editoriales son empresas y para sostenerlas, a veces hay que romper con la visión idílica del editor que publica sólo lo que le gusta. Todos los asistentes convinieron en la necesidad de defenderlo. ¿Cómo mantenerlo vivo? Hubo quien desgranó las dificultades de este empeño y quien, como Casamayor, comentó que se trata de aprovechar cualquier oportunidad: un premio, un aniversario... para recordar la presencia de esos títulos que no hay que olvidar. En definitiva, su trabajo es «una permanente vuelta atrás». «El problema de los libros de fondo no tiene una solución muy clara —reconoció Javier Santillán, quien no obstante apostó por una—, sólo batallar por ellos.» Autores españoles «Me costaría decirle que no a un amigo», arguyó Julián Rodríguez para justificar (en parte) su apuesta por los extranjeros. «Un editor veterano me recomendó que no editara autores españoles, porque vendrían los grandes y me los quitarían», recordó Luis Solano. Y si son noveles que triunfan, ni hablamos. «La publicación de autores primerizos es muy difícil, la promoción es muy complicada, sale carísimo» reconoció Carola Moreno, al tiempo que anunciaba la próxima aparición del libro de un desconocido, Carlos Herrero. ¿Dónde hay que estar, dónde hay que vender? «Los pequeños tenemos un espacio que son las pequeñas librerías literarias», aseguró Diego Moreno, aunque ni él ni nadie renuncia a estar en El Corte Inglés. «No sé si hay que estar, pero hay que intentarlo», dijo Santillán, al que Egido respondió: «El debate que debemos plantear es si tenemos lectores en El Corte Inglés». Donde no hay discusión posible es en el terreno de las preferencias: «si alguien debe apoyar a las librerías independientes es el editor independiente», aseguró Casamayor. A propósito del lector «No buscamos su complicidad, que suena a franquismo trasnochado —sentenció Pons—. Buscamos su respeto.» Correctores y traductores Se habló, y mucho, del trabajo de esos profesionales, incluso de lo que se les paga. Y todos convinieron en que están mal pagados («miserablemente», llegó a reconocer Carola Moreno), argumento que suscribieron algunos traductores presentes en la sala. «Sería necesario subir el precio del libro para repercutir el costo de la traducción», señaló Redel, convencido como todos de que un texto de calidad es imposible sin una traducción de calidad. Otra posibilidad: «recurrir a las subvenciones» que, sobre todo en el caso de literaturas emergentes (polaca, rumana...) están al alcance de los editores. Más madera La paradoja estructural es evidente: en un país donde leen pocos, muchos editan. Y cuando hay quien piensa que el panorama está saturado, hay quien, veterano de la edición, se atreve a lanzar un nuevo proyecto. Animados por Juan Pascual, dos editores, Carlos Pujol (colección literaria y bolsillo) y Enrique Murillo (proyectos especiales), se han unido ya al equipo de El Andén, una aventura que se proclama ambiciosa y a la que también se suman Fernando Rivarés (autores en lengua española) y Gregori Dolz Kerrigan (best-seller internacional, ¿de qué me sonará a mí ese segundo apellido?). Se proponen publicar en torno a 125 novedades al año, básicamente en trade y en colecciones de ficción, tanto literarias como de entretenimiento. Pero también publicarán no ficción, con libros dirigidos al gran público, e incluso colecciones de bolsillo en donde encontrarán acogida todos los géneros, con un promedio de 70 novedades al año. La editorial, cuya sede está en Barcelona, abrirá pronto delegación en Madrid. Vaya, que vienen pisando fuerte. En cuanto a los primeros títulos... tendremos que esperar hasta el próximo mes de septiembre. Un tipo misterioso El mundo de la edición está poblado de elementos misteriosos, inquietantes, cuya personalidad es un enigma dentro de un misterio envuelto en un... vale, la frase no es mía y ni siquiera estoy muy segura de que sea exactamente así, pero ahí los tenemos: vendiendo mucho, y manteniendo sus secretos a buen recaudo. Uno de esos autores de cuya vida y milagros sabemos tan poco es Paul H(einrich) Koch, de quien
He podido hablar con él. Lo menos que puedo decir es que Herr Koch es un tipo frío, tranquilo y distante. Responde sin dar mayor importancia a las cosas, como si no hablara de sí mismo sino de un amigo. Su actitud general recuerda a la de un gato: en estado de reposo, pero en constante alerta por si tiene que enseñar las garras o salir corriendo en cualquier momento. Esta entrevista exclusiva ha sido difícil de conseguir porque se trata de un ser básicamente esquivo, que se niega a facilitar datos precisos sobre su vida y actividades («es por razones de seguridad», insiste).
Y otro menos recóndito
Éste 2007 es el Año de la Ciencia. Imagino que todos los años deberían de ser Años de la Ciencia (y de la Literatura, y del Medio Ambiente), pero lo que hay es lo que tenemos. Y aunque supongo que lo hubieran editado incluso si no lo fuera, lo cierto es que es en este contexto en el que Roca Editorial publica El castillo de las estrellas, del Doctor en Ciencias Físicas Enrique Joven, una novela concebida como un homenaje a dos grandes maestros. «Yo quería escribir una novela histórica basada en las figuras de los astrónomos Tycho Brahe y Johannes Kepler», dice. El resultado es una búsqueda protagonizada por Héctor, un profesor jesuita, en busca del secreto que se esconde tras el Manuscrito Voynich, «temible volumen» en el que, lo creía Sir Walter Scott, «yace el misterio de los misterios». «Tenemos mil novelas con Leonardo da Vinci como protagonista, pero casi ninguna —que yo sepa— con Tycho, un tipo singular y de una inteligencia deslumbrante», asegura el autor. Justicia matemática, pues. Lista para ser leída.
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