10 de febrero de 2006

Nuevos horizontes

Dos obviedades. Una: a las editoriales españolas les interesa, cada día un poco más, el mercado latino, y me refiero no (sólo) al de allá, sino también y crecientemente el de aquí, el que se ha generado en España. Otra: Enrique de Polanco es un editor inquieto. Aten cabos y tendrán un nuevo sello editorial, Nombre Latino, que Enrique lanza y que lleva Rosa Ruocco, que vuelve a sus costillares (juntos emprendieron esa hermosa aventura de bolsillo llamada, tiempo ha, Suma de Letras) tras su fugaz paso por Kailas.

Nombre Latino es una apuesta que De Polanco cruza pensando en un público al que le gustaría poder leer los trabajos de autores quizá no muy conocidos en España, aunque sí populares en los países del otro lado del charco.

El sello arranca con dos libros. Uno titulado El confidente de la mafia se confiesa que va sobre el narcotráfico colombiano y ha sido escrito por un abogado de narcotraficantes, Gustavo Salazar. Otro, de un también colombiano y también Gustavo aunque de apellido Bolívar, se titula Sin tetas no hay paraíso, y allá lleva cinco ediciones legales y unas cuantas piratas, es decir: que está arriba tanto en las listas oficiales de los más vendidos, como en las extra oficiales. Sin tetas no hay paraíso trata de las adolescentes y sus ambiciones para salir de su pobreza, jóvenes que serán capaces de cualquier cosa... pero que sin unas grandes tetas no son nada.

Polanco se quiere provocador. Tiene pinta de que, una vez más, va a ser fiel a su fama.

Vuelve el gato

Ya está aquí: Bruguera Editorial, ha vuelto y con ella, dice Ana María Moix, directora literaria, regresa «un amigo para generaciones de lectores. Vuelve ahora un sello clásico con un contenido nuevo».

A mí me gusta su gato, reminiscencia iconográfica del de la antigua Bruguera, creado ahora por el escultor y diseñador Francesc Polop, responsable artístico de la nueva colección. No deben ser supersticiosos en Ediciones B cuando se atreven a recuperar al minino negro, animal que regresa para sumarse al zoo editorial (no, no estoy pensando en ningún autor, ni siquiera en determinados editores) en el que ya pululan pingüinos, salamandras, colibríes e incluso focas... Suerte.

Si antes me confieso...

Les contaba la semana pasada que por ser de Zaragoza intenté coleccionar manuscritos hallados en mi ciudad natal por Jan Potocki, y que llamándome Eva tendía a guardar todos los libros que llevaran mi patronímico en el título. Pues no bien había cuadrado mi Círculo de iluminación cuando recibí una convocatoria de Planeta: La maldición de Eva. Cómo tomar las riendas emocionales de tu vida y ponerte la corona, de Rosetta Forner. Los de la editorial aseguran que «la autora aboga por que los lectores y las lectoras sepan convertirse en monarcas de sus propios corazones, sin dejarse embaucar por la purpurina del festejo, y así puedan formar parejas equilibradas, porque su libro (y su discurso) no apuesta por la soltería permanente ni por el feminismo rampante, sino por un conocimiento profundo de uno mismo, un respeto y un amor hacia uno mismo que a su vez permite que la pareja crezca, madure y pueda ser responsable de su vida y sus emociones». En fin.

Niños soldado

Hace algún tiempo, el cooperante Jordi Raich en su libro El espejismo humanitario (Debate), un análisis muy crítico con el trabajo de las ONG, dejó escrito que los niños soldados están de moda porque son «víctimas sexy»: resultan irresistibles para los medios de comunicación.

Puede que tenga algo de razón, puede que Occidente prefiera horrorizarse ante el drama de los pequeños al tiempo que cierra los ojos, ignorante o sabedor, ante el de los mayores, el de pueblos enteros. Pero incluso si eso es así, no se puede negar la eficacia sacudidora de conciencias de libros que nos cuentan las historias terribles, inimaginables para quienes vivimos una vida muelle, de esos niños obligados a matar... eso, en el mejor de los casos.

El recordatorio viene a cuento de que el año pasado llegaron a las librerías, y la enumeración no es exhaustiva, Mi vida de niña soldado (Maeva); Peter, niño soldado (Martínez Roca); y ya no en clave autobiográfica, Salvar a los niños soldado (Debate), donde el periodista Gervasio Sánchez nos trasladaba la experiencia del misionero Chema Caballero en el centro de rehabilitación de Saint Michael en Sierra Leona. Ahora, editorial EntreLibros (en catalán será La Campana) nos propone Yo fui niño soldado, el testimonio de Lucien Badjoko puesto negro sobre blanco por Katia Clarens, periodista. Lucien, que se sabe víctima y cómplice de los peores delitos, tiene actualmente 18 años y estudia para ser abogado. Él y Clarens visitarán España a principios de marzo.





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