3 de febrero de 2006

Con amigos como éstos...

Fue Gabriel Tortella, autor de Los orígenes del siglo XXI (Gadir), quien citó a Wellington en el trasncurso de la presentación de su libro. Estaba el economista escoltado por sus padrinos, Carlos Rodríguez Braun y Juan Pablo Fusi. Abrió fuego el primero, quien elogió la obra y enumeró sus coincidencias con las teorías de Tortella... antes de lanzarse a una detallada exposición de sus discrepancias. Fusi, menos prolijo, tampoco ocultó las diferencias. Por todo lo cual, don Gabriel se acordó del Duque: con amigos como estos, no necesitamos enemigos, y se mostró modesto: «no tienen razones para disentir, pero sí fundamentos».

Rodríguez Braun (quien, por cierto, llevó en un folio apuntadas las «poquísimas» erratas que encontró en el libro) se «asombró» de que Tortella siguiera invitándole, a pesar de sus constantes (y amigables) desacuerdos, y le pidió que le dedicara el libro mientras procedía a elogiarle, «antes de que empiece con las críticas». Cosa que éste no hizo: aguantó el «chaparrón» y, a continuación, procedió a estampar una dedicatoria cariñosa en la que, no obstante, se colaba un reproche: «estás en un error».

Claro, todo ello sucedía en un ambiente de camaradería profesional, respeto mutuo y amistad evidente. Siempre es así en las presentaciones, ¿verdad? Pero algunos periodistas no pudimos evitar comentarlo: ¡Qué distinto es todo cuando lo que se presenta es una obra más o menos literaria, y quienes actúan como padrinos no sólo no encuentran ni una coma mal puesta, sino que han decidido llegado el momento de comunicar al mundo la buena nueva de la bondad excelsa de quien, azorado pero complacido, asiste al meloso espectáculo!

Curioso también: el personaje más veces citado a lo largo de la presentación fue Marx. «Lógico —me dirán— cuando estamos entre economistas e historiadores». Concreto: el personaje más veces citado a lo largo de la presentación fue Marx, Groucho Marx.

Bienvenidos a Econolandia

El nacimiento de una editorial es siempre una buena noticia, y una buena señal: el negocio no va tan mal como algunos leones lo pintan. Ésta de la que nos ocupamos viene al mundo desde una librería, lo cual es toda una declaración de intenciones.

María García Morales abre cada día Ecobook, la librería del economista, y recibe a todos cuantos por allí pasan buscando ejemplares relacionados con la economía. Unos los quieren doctos, otros accesibles y pedagógicos, todos bien escritos y fundamentados. Y de ese contacto con los lectores nació la conciencia de algunas carencias que ahora ella quiere subsanar sirviéndose de esta nueva editorial, también llamada Ecobook.

Abre el fuego el catedrático Antonio Pulido con Momentos estelares de Econolandia, un viaje por el tiempo y las eras económicas que nos lleva de la Córdoba de 970 hasta el año 2013, en un recorrido con parada y fonda en las ciudades, los imperios y las encrucijadas de nuestra historia. El protagonista, empujado por el autor a una suerte de máquina del tiempo, tiene oportunidad además de entrevistar a figuras fundamentales: Fra Luca Pacioli en el siglo XV; Simón Ruiz o Teresa de Jesús en el XVI; William Petty o Jean-Baptiste Colbert en el XVII; el Conde de Campomanes o Adam Smith en el XVIII; Marx (esta vez sí, Karl) en el XIX y Keynes ya en el siglo XX, personajes todos ellos cuyas ideas y visiones cambiaron el mundo, también el de la economía. La idea es que el trabajo sirva para acercar la economía a los más jóvenes. Veremos, y leeremos.

Manías personales

Ser de Zaragoza y llamarse Eva tiene sus servidumbres. Durante algún tiempo, abrigué (era muy enclenque) la idea de hacer una colección de El manuscrito hallados en Zaragoza en distintas lenguas. Tengo una edición en francés y dos en español, pero mi arrebato terminó allí.

Luego pensé que tendría gracia guardar los libros en cuyo título apareciera mi nombre, que siempre es algo con más caché que guardarse versiones de Eva María se fue, el éxito indeleble de Fórmula V.
Así, entre otras pequeñas locuras sin importancia, no me deshice —aunque el título era casi ofensivo— de La culpa la tiene la tonta de Eva, de Aro Sainz de la Maza, guardo un ejemplar de Eva la moderna, de Escipión Sghiele, en edición facsímil del original publicado por Calpe
en 1932 como parte de la Colección Contemporánea, y atesoro como oro en paño un Diario de Adán y Eva, de Mark Twain.

Ahora, Lumen tiene el detalle de publicar dos obras que enriquecerán mi mini-colección: La maldición de Eva, de Margaret Atwood, y Mi querida Eva, de Gustavo Martín Garzo.

Sé que el mérito no es mío, que la culpa de todo la tiene la otra Eva, la de la manzana. Pero no me digan que esto no tiene pinta de género literario... El evismo es un abismo.

À propos...

Jarnés

Soy autora de Espasa, en realidad coautora (junto con Sara Gutiérrez de Rusia en la encrucijada, 1997). Y un par o tres de Navidades, la editorial tuvo el detalle de enviarnos un regalo, un libro: Las fábulas de Perrault, o Lo rojo y lo azul, de Benjamín Jarnés, en una edición facsímil como la mencionada más arriba de una obra de Sghiele.

Lo rojo y lo azul... Un título evocador. En efecto, Jarnés, zaragozano de Codo, escribió esta obra en homenaje a Stendhal.

HOMENAJE
1831-1931
A TI, VIEJO AMIGO STENDHAL
EN EL PRIMER CENTENARIO
DE TU INIMITABLE
JULIÁN SOREL

Ahora, en La Casa del Libro saldan estos facsímiles que quizá, sólo quizá, ya no alegran las Navidades de ningún autor. Y entre las obras a 2,95 he encontrado otra fechada en 1931 y titulada La educación sentimental. Y no, su autor no es Flaubert sino el poeta mexicano Jaime Torres Bodet (1902-1974) quien achaca la ocurrencia a un amigo cuya biografía se nos relata.

Los rastreadores de plagios se lo pasarían pipa en aquellos años.

Más à propos

La semana pasada, y a propósito de la fiebre del libro rosa y de la colección Manderley, mencioné a Daphne du Maurier y a su inmortal Rebeca. Pues bien, ha querido la casualidad que, al poco, cayera en mis manos Bésame otra vez, forastero, tres relatos de esa autora editados por El Nadir.

Un libro cuyo aspecto tiene poco o nada que ver con los de la Daphne cuyas novelas adaptó el cine, la de Rebeca o Mi prima Rachel, la Du Maurier de las novelas góticas. «Una mujer que alcanza la fama, se casa con un guapo héroe de guerra y tiene niños encantadores —me dice Elena Lambíes, de la editorial—. Esa Du Maurier que llega directamente al público y gana millones de lectores y de dólares o libras con cada película que es llevada al cine».

Ésta es «la otra», la Du Maurier de Bésame otra vez, forastero, El joven fotógrafo, El manzano (las tres en el volumen que comentamos) y Los pájaros, una escritora más incisiva y dura, de explicaciones más hondas, psicoanalíticas en su comportamiento. «¿Recuerdas la mujer frígida de un Sean Connery joven y apuesto, Tippi Hedren en la versión cinematográfica? —me pregunta Lambíes. Es una pregunta retórica, claro—. El ambiente romántico y algo más tópico de sus novelas, desciende a la calle. Ellas son perversas, vampíricas por algo que les excede y no siempre controlan».

»Las mujeres de estos relatos despliegan el encanto de las otras, son capaces de seducir a los hombres y también ¡tragárselos!: a veces una taquillera de cine hechiza a un espectador llevándole a un cementerio; otras, una dama casada y rica, busca un amante para las vacaciones en la Costa Azul y encuentra a un guapo fotógrafo cojo con el que se cita a la hora de la siesta junto a un precipicio. O un ama de casa gruñona que no perdona al marido su fracaso existencial y le atormenta. Son relatos con un "morbo" distinto.

»Ellas son, inocentes o egoístas, ricas o pobres, verdaderas reinas destronadas que arrastran con valor y decisión sus traumas. Ellos son las víctimas, algo les han hecho o dejado de hacer. Los hombres, carecen de su fuerza, parece a veces como si entablaran un duelo a vida o muerte con ellas. Es como si Du Maurier diseccionara o investigara aquellos ambientes, llegando al fondo de las cosas. Du Maurier es ya una mujer mayor, una mujer que se aleja del "glamour" de cuando las cosas eran de otra manera, la misma costa ha dejado de ser, como ahora en España, un paraíso».

Daphne du Maurier es distinta, el mundo también. Estamos en la década de los 50-60, la Segunda Guerra Mundial ha quedado atrás, pero sus secuelas son evidentes. La escritora sigue siendo romántica, por la imposibilidad de alcanzar el objeto de su deseo, pero es también más moderna, menos elemental, de una contundencia aplastante, tensa, condensada. «Son relatos crepusculares de pasmosa sencillez».

Redescubrir a una autora a la que teníamos perfectamente (mal) catalogada. He ahí una tarea que merece la pena.

 




Acuse de Recibo



G. Rozier
Un amor
clandestino

Salamandra

C. McCullough
Ángel
Vergara

J. Moreno Luzón
(editor)

Progresistas
Taurus



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