20 de enero de 2005

Consanguinidades

Esto va de casualidades, al menos de una: la que hará aterrizar en las mesas de novedades, con pocas semanas de diferencia, una autobiografía de Paul Nothomb, tío abuelo de la extravagante Amélie (la de la peli no: la otra, la fetén) y una novela (¡histórica!) del nieto de Albert Camus, David.


P. Nothomb
Empecemos, cuestión de educación, por el señor Nothomb, un nonagenario con una vida sorprendente. Valgan algunos trazos para perfilar al personaje: nació en Bruselas en 1913, fue compañero de Malraux durante nuestra guerra civil, luchó después con la resistencia a la que traicionó, es conocido como exegeta de la Biblia, durante un tiempo enseñó hebreo en la Sorbona y en la actualidad vive en una residencia de ancianos a las afueras de la ciudad de la luz. O sea, en el círculo de iluminación parisino. ¿A que ahora entienden mejor lo de su nieta, la estupenda autora, entre otras, de Estupores y temblores?

Sobre su experiencia española pudimos leer, allá por 2001, Malraux en España, prologado (inevitablemente, me atrevo a decir) por Jorge Semprún, traducido por José Carlos Cataño y editado por Edhasa. Ahora, Funambulista nos propone El silencio del aviador (prólogo de José Ovejero, traducción de

D. Camus
Ramon Vilardell), titulada en origen La Rançon (el rescate), publicada en 1952 e inédita hasta hoy en español. Creo que hay intención de que esta primera no sea la última. El personaje, desde luego, lo merece.

En cuanto a David Camus, 35 años, busqué declaraciones suyas en las que (inevitablemente, he de decir) se refiriera a su abuelo. Reconoce Camus el joven que lleva la literatura en la sangre, y que le costó mucho lanzarse: las comparaciones, ya saben, son odiosas, además de injustas. Por eso se dedicó primero a realizar documentales para televisión, trabajó después en la edición y traducción de libros ingleses... hasta que publicó Les chevaliers du royaume, suerte de thriller histórico ambientado en la época de las Cruzadas, para evitar en lo posible toda comparación. Y ese libro, que en Francia se vendió muy bien, es el que llega en febrero a España gracias a Grijalbo y traducido como Caballeros de la Veracruz.

Pequeños roces sin importancia...

Unos me cuentan... Que una superficie tirando a grande pidió, como es su costumbre, a una editorial que realizara una edición especial de un libro de poesía, obra de una poeta, ya conocen la lógica: apoyaremos el libro, pero queremos un plus para nuestros lectores. Que en la editorial se mostraron de acuerdo cuando la superficie más que mediana sugirió que la poeta grabara un CD con doce de sus poemas para aumentar el valor, no sé si el precio, de los ejemplares. Y que la poeta se negó, muy digna, diciendo que sus lectores de Soria (un suponer) merecían el mismo trato y, por supuesto, exactamente la misma obra que los de Madrid.

Otros me dicen... Que la escritora no se negó, pero que pidió dinero y derechos de autor sobre la grabación. Y que la editorial pensó entonces que la torta le iba a salir un pan, vaya, que la hipotética subida de ventas no compensaría los gastos extra, que eran (hubieran sido) muchos.

En este mundo cruel, etc., etc., etc.

Poliedro

Hace algún tiempo, Julieta Lionetti, de Poliedro, se puso en contacto conmigo para invitarme a «su casa»: la página web de su editorial. Todas las editoriales tienen una, y les puedo asegurar que la mayor parte sirven para bien poco, son algo así como una enojosa obligación. Otras, sin embargo, resultan útiles, a la par que creativas. La utilidad depende de la información que proporcionan, y de lo accesible que resulten; la creatividad suele estar en función de lo mucho o poco que autores y editores se impliquen en ella. En el caso que nos ocupa, la implicación está fuera de dudas.

Por un lado, algunos autores han decidido ampararse en este dominio para abrir blog. El primero será el del cubano Juan Abreu, autor de Cinco cervezas y Gimnasio (en Poliedro) y de cuentos infantiles (en Lumen y RqueR); luego vendrán otros, empezando por el de Gabi Martínez. Lo que escriban —me aclara Julieta— estará protegido por una licencia de Creative Commons.

Por otro, la propia Lionetti (editora, traductora —de E. L. Doctorow, Magnus Mills, Stephen Spender, Nic Kelman y Robert Anton Wilson— y ocasional «perseguidora» de informadores) tiene su propio blog, que se llama Cuaderno. «Trato de no escribir mucho allí. Pero es una manera de hacer la editorial más viva y también de hablar de una editorial virtual, la editorial imaginaria: como no puedo editar todos los libros que me gustan o considero importantes, si estoy leyendo algo que me parece especialmente singular, lo comento allí. El Cuaderno irá conformando nuestra editorial "ideal", una especie de biblioteca borgiana, pero sin connotaciones aterradoras, simplemente laberínticas. Espero no cortar el hilo de Ariadna».

Julieta viene de Argentina; también de Muchnick Editores (de la que se hizo cargo cuando quedó descabezada por diferencias entre los socios Mario Muchnik y Joan Seix). Son muchos años leyendo, y ahora unos tres editando en este Poliedro. Atentos, pues.

Extra Rosa

Mi quiosquera, Paqui, no cabe. Y no es que no quepa en sí de gozo: simplemente, no cabe. En su quiosco. Ya saben, ese sitio donde antes SÓLO se vendían periódicos y revistas, y que ahora es la versión española del Todo a cien (la original, ya saben, es china). El caso es que, sabedora de mis intereses editoriales, en mi última visita llamó mi atención sobre dos colecciones nuevas, me las quitan de las manos: la de Amanda Quick, de RBA, y la Biblioteca Danielle Steel, de Planeta de Agostini. A Paqui, nada de lo dicho la altera: el negocio es el negocio.

Pero a mí todo lo mentado me pone en estado de alerta. ¿Qué nos pasa? Hace unos meses, supimos que Roca estrenaba colección de novela romántica: Terciopelo. Y luego, recibí una nota de prensa en la que se me/nos anunciaba que Santillana también apuesta descaradamente por ese género. «Descaradamente», escribo, porque la colección lleva por nombre Manderley, alusión meridiana a la obra de Daphne de Maurier, aunque a mí este tsunami rosa me provoca temblores más propios de una sesión de tarde con Alfred Hitchkock. Y luego no hay que olvidar a las habituales del género: Harlequín, Titania, B...

... en fin. El éxito de Pasión de Gavilanes no se produce por generación espontánea. Y aunque nadie podrá negar que hay un semillero de lectoras españolas esperando la ocasión para abalanzarse sobre estas obras que destilan almíbar, tengo un amigo que apunta una posible causa para esta fiebre: la presencia de lectoras procedentes de países de América Latina. Puede ser...

Hablando de amigos

Permítanme felicitar a un compañero, Guillermo Galván, quien acaba de obtener el Premio de Narrativa "Alfonso VIII" con la obra Llámame Judas, elegida entre los 53 textos que se presentaron al certamen por un jurado presidido por Almudena Grandes. Cuando hablo con él, siempre le digo —medio en serio, medio en broma— que debería contarme el secreto. ¿Cómo se ganan tantos premios? Porque atesora ya el Tiflos con La mirada de Saturno, el Río Manzanares con Aislinn, Sinfonía de fantasmas, y el Felipe Trigo con De las Cenizas. Él me dice que escribiendo. Será cierto.




Acuse de Recibo



J.M. Villalobos
La vida frágil
de Annete
Blanche

Losada

T. Krabbé
La hija de
Kathy

Salamandra

W.S. Maugham
El estrecho
rincón

Sexto Piso

D. Kidd
Historias de
Pekín

Libros del
Asteroide




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