10 de noviembre de 2005

Jugar leyendo... o viceversa

En ocasiones, el mundo editorial afronta problemas en los que a una, en su infinita ignorancia (con lo que yo no sé se podrían escribir un par de enciclopedias, que diría el clásico), jamás se le hubiera ocurrido pensar.

Hablo con editores cuyo terreno de predilección es el libro infantil, ése que a tantos adultos perezosos les gustaría leer: dos líneas, tres dibujos, un pop-up; sonidos, colores, olores y (quiero creer) también olores; de secano y de «regadío», es decir, libros que se leen como se leen los libros y otros con los que te puedes ir no al baño entendido sólo como retrete, que es un clásico de la lectura («el tercer ojo», Eco dixit), sino al baño en el que te chapuzas: la bañera, vaya. Libros tan poco libros que bien pueden confundirse con juguetes.

Y aquí llega el lío. Porque los juguetes son juguetes y sufren un IVA del 16%, en tanto que los libros que se parecen a juguetes son libros, a pesar de todo, y por lo tanto sólo son gravados un 4%. ¿El problema? Que cuando esos librojuguetes llegan a Europa procedentes de los países asiáticos en los que son fabricados, hay puertos donde cuesta convencer a los aduaneros de la condición libresca de lo que, a todas luces (las suyas, al menos) es un trebejo. De ahí el empeño que tienen algunos editores en identificar los puertos book friendly, aquellos en los que la gente de Hacienda es más comprensiva, más generosa.

Verdaderamente, el trabajo editorial es una labor de titanes.

El golpe

¡Se sienten, leñe*! Para leer Harry Potter y el misterio del príncipe, digo. La sexta y penúltima entrega de la serie se pondrá a la venta el 23 de febrero de 2006. A las 18 horas, precisa la editorial, que al menos en el comunicado de prensa no especifica si serán las 17 en Canarias.

Y sentados habrá que estar para pasar una a una las seiscientas páginas del ejemplar, cantidad enorme que, en la edición inglesa, no desanimó a los pottermaníacos.

Ustedes ya lo saben: El lanzamiento se producirá simultáneamente en todos los países de habla castellana, abasteciendo una de las áreas geográficas más extensas —desde Tierra del Fuego hasta el norte de EEUU, desde México hasta la península Ibérica— de cuantas han de cubrir las editoriales que publican la serie en más de 150 idiomas. Como hace siempre, y bien por ella, Salamandra publicará tres versiones de la misma traducción —para España, cono sur de América y resto de América, incluyendo EEUU—, adaptadas a los diversos modismos idiomáticos del castellano. Tres versiones, dos formatos: en total, siete ediciones con una tirada conjunta que superará el millón de ejemplares. Y algunas páginas web dedicadas a la venta de libros ya permiten reservar un ejemplar, no vaya a ser que el día 23 (aniversario del intento de golpe de Estado, también de la expropiación de RUMASA) tengamos tantas cosas en la cabeza que se nos olvide lo que es importante.

Lo más curioso, sin embargo, es el especial hincapié que la editorial ha hecho en la condición de «libro verde» (nada que ver con escenas subidas de tono) de este libro. Cito: «Conscientes de la importancia que la preservación del medio ambiente ha cobrado en nuestra sociedad, y del valor ejemplar que la serie Harry Potter supone para millones de niños y jóvenes, Ediciones Salamandra, en consonancia con los deseos de la autora, J.K. Rowling, utilizará en la producción de Harry Potter y el misterio del príncipe un papel fabricado con pasta que se ajusta a las normas FSC, con un mínimo de 30 por ciento de fibra absolutamente respetuosa con el medio ambiente y una explotación forestal sostenible».

Imagino que a los niños les explicarán qué son las las normas FSC, aunque a lo peor ellos ya lo saben. Por mi parte, sugiero que con la séptima entrega nos regalan unas semillas para que plantemos un árbol. Hay que pensar en todo.

Lire cumple 30 años

Hace un par de semanas (cómo me gusta escribir eso. Eso, y «mira que te lo había advertido») hablábamos de un escritor singular, Romain Gary, también conocido como Émile Ajar, aunque su verdadero nombre no era ninguno de los dos.


El primer número
Viene el recordatorio a cuento de un aniversario: la revista francesa Lire, fundada por Bernard Pivot y Jean-Jacques Servan-Shreiber, celebra sus tres decenios de vida con un número especial en el que recuerda los libros que han marcado ese recorrido. El primero de todos es La vie devant soi, de Ajar, otroyó de Gary.

El caso es que con tal motivo reproducen un texto de Pseudo, en el que Ajar confiesa que ha mentido y descubre el pastel, un enredo gracias al cual se convirtió (aunque pocos lo supieran en su momento) en el único autor que ha ganado dos veces en Premio Goncourt, entre cuyas características esenciales está... que sólo se puede ganar una vez. Disfruten.

Y ya que hablamos de premios

Michel Houellebecq, cuya Posibilidad de una isla sale este jueves a la venta (Alfaguara) en España, acaba de ganar en Francia y por esta misma novela el premio Interallié, tras haber dejado escapar hace unos días el Goncourt.

Y el viernes 11 podremos adquirir Niágara, de Joyce Carol Oates, editado por Lumen, galardonada con el Prix Femina 2005 a la mejor novela extranjera.

Sospecho que los premios franceses no aumentan las ventas españolas, pero había que comentarlo.

Por cierto, que siempre se dice que el sistema galo parece más racional que el hispano, puesto que las obras recompensadas son obras ya publicadas cuyo valor todos pueden juzgar. Sin embargo, eso no evita las tentaciones... Quizá sepan ya que, la semana pasada, el Servicio Central de Prevención de la Corrupción (SCPC) de Francia disparó la alerta sobre los tejemanejes que estos premios propician.

«Los premios literarios y la importante cantidad de dinero que mueven benefician con asiduidad sospechosa a las grandes editoriales», dicen los inspectores, que algo se huelen y denuncian, además, que es casi imposible «separar la paja del trigo entre jurados que también escriben y las editoriales en las que publican». Los entrecomillados, que aparecieron reproducidos en el diario Le Parisien, no acaban ahí. «Las condiciones en las que son elegidos, o captados, los miembros del jurado, a menudo de por vida, son además poco claras, lo que les hace a priori sospechosos», dicen. Como, a diferencia de los jurados del Pulitzer (EEUU) o del Booker Prize (Reino Unido), los de los galardones franceses no se renuevan nunca, «gozan de sus privilegios sin oposición alguna».

El pasado mes de octubre, Guy Konopnicki publicó un panfleto titulado Prix littéraires: la grande magouille (Premios literarios: el gran chanchullo) en el que cuenta algunas cosas... en fin, ya saben de qué tipo. ¿Cómo era aquello de las habas que se cuecen en todas partes?

Y ya que hablamos de revistas literarias a la par que extranjeras

Aunque esto de quedarse ojiplático cuando alguien de fuera habla de alguien de dentro es un poco paleto, no puedo por menos que recoger lo que paso a comentar.

The New Yorker dedica un artículo largo y elogioso a Javier Marías, del que elogia su «grandeza clandestina». Puede parecer contradictorio, o incluso irónico y malintencionado, pero a lo que se refiere el autor del texto es al hecho de que el escritor es un grande conocido por pocos, al menos en Estados Unidos. De él asevera, entre otras cosas y citando textualmente frases de sus obras, que algunas de ellas «recuerdan la sintaxis paciente de Henry James». Y es sólo uno de los elogios.

* Licencia poética. Respeto la Ñ, que es sonora, y me ahorro la palabra malsonante. Aunque, a fin de cuentas, si es historia y está en las hemerotecas... ¡coño! Qué dilema.


Acuse de Recibo



J.-M. Thibaux
El misterio del
Prirato de Sión

Roca Editorial

C. Fabretti
La bola de cristal
Lengua de
Trapo


F. Deschamp
El jardín del Rey
EntreLibros

T. Aw
La fábrica de
sedas

Salamandra



eorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir