3 de noviembre de 2005

Inconfesiones

Son irresistibles... e insoportables. Son personajes odiosos, a los que la Historia recuerda por sus crímenes, y cuya leyenda más negra que blanca ha ido creciendo, negro sobre blanco, al hilo de las evocaciones, recreaciones e incluso mistificaciones que algunos pergeñaron. Me refiero a gentes como Gilles de Rais, un psicópata asesino de niños cuya vida, dulcificada, inspiró ya a Charles Perrault, que le pintó de azul la barba y convirtió su vida en un cuento que todos leímos, escalofriados aunque convencidos de que era sólo eso, un cuento; y luego a a Bela Bartok, que hizo de la narración una ópera.

Sin embargo, y aunque nos duela, no todo era monstruoso en la naturaleza del infame. Georges Bataille, autor de El verdadero Barba Azul. La tragedia de Gilles de Rais (Tusquets. Cuadernos ínfimos), escribió de él que «fue un monstruo absoluto sólo en la leyenda; en la realidad fue, también, un temerario Mariscal que luchó por Francia junto a Juana de Arco y un católico que, aun en sus momentos de bestialidad más sanguinaria, conservó la fe». Una fe que, justo es decirlo, se compadece mal con esas orgías en las que, tras secuestrar a los niños de la vecindad, los sodomizaba y los degollaba, o con las ceremonias de medianoche en los claros del bosque donde convocaba al demonio.

En España, el personaje ha generado menos literatura, aunque hay referencias más que curiosas. Ana Rossetti, en Yesterday (Torremozas), le dedica un poema titulado Inconfesiones de Gilles de Rais:

Es tan adorable introducirme
en su lecho, y que mi mano viajera
descanse, entre sus piernas, descuidada,
y al desenvainar la columna tersa
—su cimera encarnada y jugosa
tendrá el sabor de las fresas, picante—
presenciar la inesperada expresión
de su anatomía que no sabe usar,
mostrarle el sonrosado engarce
al indeciso dedo, mientras en pérfidas
y precisas dosis se le administra
audacia. Es adorable pervertir
a un muchacho, extraerle del vientre
virginal esa rugiente ternura
tan parecida al estertor final
de un agonizante, que es imposible
no irlo matando mientras eyacula.

Y ahora, en un registro bien distinto, Juan Antonio Cebrián (que definitivamente parece encontrarse a gusto en Temas de Hoy) nos invita a conocer la vida de aquel al que ha bautizado como El mariscal de las tinieblas, desde su infancia hasta su muerte, repasando en el camino episodios fundamentales de la Historia de Europa como los orígenes de la Francia que hoy conocemos o la guerra de los Cien Años. El libro saldrá a mediados de noviembre y si funciona tan bien como todos sus libros anteriores, será un éxito. Seguro.

Mujercitas y mujeronas


Dorothy Parker (más de 7.000 ejemplares vendidos) y Flannery O’Connor (dos ediciones ya) se han convertido en best sellers inopinados para Lumen, el sello que ha compildado en España y en sendos volúmenes los mejores relatos de ambas.

Silvia Querini, la editora que está detrás de ambos empeños editoriales, ha sacado petróleo de una convicción firme: el trabajo del editor no consiste únicamente en dar salida a lo último de lo último, sino que también consiste en volver la vista hacia esas pequeñas joyas que por razones mil, «y no hace falta que cuente cómo está el mercado editorial en este momento, han quedado olvidadas. Te prometo —me dice— que hay auténticas joyas que una redescubre con todo el placer del mundo, y la verdad es que además el público está respondiendo». Placer doble, pues.

Evidentemente, volver la vista al pasado no significa cerrar los ojos ante quienes, escribiendo hoy, representan el futuro de la literatura, pero ¿quién resiste la tentación de seguir recurriendo a esas escritoras orilladas? Querini, desde luego, no. Por eso, en marzo del año que viene su editorial pondrá en la calle una antología de cuentos de escritoras estadounidenses e inglesas de finales del siglo XIX y principios del XX. Edith Wharton, Willa Cather... en total, una docena mujeres que marcan la transición entre la literatura decimonónica y el Grupo Bloomsbury.

Antes, en diciembre, tendremos en las manos la edición especialísima de La historia de la lectura, de Alberto Manguel, libro que cumple 10 años. En tal ocasión, Lumen va a convertirlo en algo muy parecido a La historia de la belleza, de Umberto Eco: una hermosura con 350 ilustraciones.

Y ya que estamos de cumpleaños

Alonso Quijano sigue cabalgando a lomos de su conmemoración centenaria.

Ya queda menos, es cierto, pero queda. Por ejemplo, un ciclo de conferencias sobre Andalucía y la invención del Quijote organizado y patrocinado por la Fundación Lara, bajo la dirección del profesor José Lara Garrido. La cuestión que se deberá dilucidar es ésta: ¿en qué medida y de qué modo Andalucía incide en la creación cervantina, y particularmente en el Quijote de 1605? No podemos olvidar, nos dicen los organizadores, que, dejando aparte el intervalo de un decenio aproximadamente que estuvo fuera de España, la mayor parte de la vida de Cervantes había transcurrido en Andalucía, incluidos esos años en que se engendra y escribe El Quijote, realizando continuos viajes a través de todas las tierras andaluzas. ¿Hasta qué punto fue Andalucía el taller del primer Quijote? ¿Hasta cuánto hay que rebajar las presunciones de algunos cervantistas que supusieron que, a su marcha definitiva de Sevilla hacia 1601, Cervantes tenía casi terminado el manuscrito de la novela?

Cada conferencias correrá a cargo de un especialista en la literatura del Siglo de Oro, o bien de un historiador o cervantista acreditado: Lara Garrido, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Málaga; Francisco Márquez Villanueva, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Harvard; Isabel Lozano Renieblas, profesora de Literatura Española de la Universidad de Dartmouth; José Montero Reguera, profesor de la Universidad de Vigo y presidente de la Asociación de Cervantistas; y Antonio Rey Hazas, catedrático de Literatura Española de la Universidad Autónoma de Madrid.

Lo dicho: en la sevillana Fundación José Manuel Lara, entre el 29 de noviembre y el 1 de diciembre.

Libros no guapos, ¡guapísimos!

Hay personas que llevan su pasión por los libros hermosos a límites insospechados. Benedikt Taschen es una de ellas. Controla sin desmayo la totalidad del proceso de edición de cuantos libros publica la editorial que lleva su nombre, no hay título que salga sin su plácet. El resultado es un fondo en el que conviven ejemplares extraordinarios, cuyo valor supera los 2.500 euros, con otros hermosos pero esencialmente divulgativos que no llegan a los 10. Me cuentan que busca local para abrir en Madrid una librería como las que ya tiene en otros puntos del universo mundo (París, Los Ángeles, y diseñada como esas por Philippe Stark), y que prepara un libro sobre Frida Kahlo que va a hacer afición.

La misma pasión desbordante une y anima a Ángel Gomáriz, Pilar Vela y José Luis Montiel quienes, desde un lugar editorialmente improbable de cuyo nombre sí quiero acordarme: Quintanar de la Orden, en la provincia de Toledo, pusieron en marcha hace algunos meses una editorial, Lavandera Blanca* (nombre de un pájaro que se presta a varias lecturas) y publican libros no ya hermosos: únicos.

«Nuestros libros son mucho más que el mero soporte de la letra escrita, y se convierten en objetos con interés propio, resueltos de tal forma que reclaman la sensibilidad y la emoción de los lectores y despierta en ellos una mayor atención hacia todos elementos que envuelven la lectura», proclaman. Y no se crean que es pura palabrería: en su página web, singular per se, encontrarán todos los detalles sobre unos ejemplares especialísimos.




Acuse de Recibo



S. Vilaplana
El último caballero
Maeva

A. Vicente
Zezé
Lengua de
Trapo


A. Caso
Las olvidadas
Planeta


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