27 de octubre de 2005

Juego de máscaras

«Je me suis bien amusé. Au revoir et merci.»

Era la despedida con panache de un escritor que se escondía detrás de otro escritor y que, durante años, disfrutó viendo cómo la crítica elogiaba las obras de alguien a quien creían superior a él, y que al cabo era él.

En 1974, un desconocido, de nombre Émile Ajar, publicó un libro, Gros-Calîn, que pasó sin pena ni gloria. Un año más tarde, el mismo y aún tan desconocido Ajar firmó La vie devant soi (La vida ante sí), obra que editó el prestigiosísimo sello Mercure de France y que narraba con maestría la historia (son palabras de un crítico) «du fils d’une femme qui se defénde avec son cul». En román paladino: el hijo de una prostituta.

La novela se llevó el Premio Goncourt, un galardón que, es una de esas características que lo hacen más deseable, sólo se puede ganar una vez en la vida. Y ese trofeo hizo que muchos se preguntaran por vez primera: ¿quién es Émile Ajar? El autor, para no decepcionar a sus seguidores, que a esas alturas eran legión, dio la cara y se presentó en sociedad como Paul Pavlowitch, sobrino por cierto de un escritor, Romain Gary, que había ganado el Goncourt casi veinte años antes, en 1956, con una novela titulada Les Racines du ciel (Las raíces del cielo). Su influencia (al decir de otro crítico) era perceptible en el trabajo de la nueva estrella del firmamento literario francés.

Ajar aún publicaría un par de novelas más, Pseudo (1976) y L'Angoisse du roi Salomon (La angustia del rey Salomón, 1978). Y no fue hasta 1980, tras el suicidio de Gary y el descubrimiento póstumo de Vie et mort d'Émile Ajar (Vida y muerte de Émile Ajar), sus memorias, cuando todo el mundo supo, incluida la venerable Academia Francesa, que el autor demodé (quien, en el camino, había publicado con un otro seudónimo más, Shatan Bogat) se había reído de todos ellos. «Je me suis bien amusé. Au revoir et merci.»


Jean Seberg y Romain Gary
Gary era un tipo pas comme les autres. Nacido en Lituania, se llamaba en realidad Romain Kacew y, además de escritor, fue diplomático, amigo de Charles de Gaulle, héroe de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, cineasta y marido de la impactante Jean Seberg.

Su fortuna en las librerías españolas es desigual. Sus obras, firmadas con uno u otro nombre, han aparecido en Editorial Juventud (Perro blanco, 1972), Mondadori (La promesa del alba, 1997; Las raíces del cielo, 1999), Galaxia Gutenberg
(La vida ante sí, 1997), El Cobre (Lady L, 2004, y en Círculo de Lectores al año siguiente).

Ahora, cuando se cumplen 25 años de su desaparición, Demipage recupera Au-delà de cette limite votre ticket n'est plus valable, título traducido simplemente como Próxima estación: final de trayecto, que en su días fue adaptada al cine por George Kaczender e interpretada por Jeanne Moreau y Richard Harris.

La vida de Gary fue excepcional, pero no se dejen epatar por el personaje: sus libros también merecen la pena, y la que Demipage nos ofrecerá dentro de pocas semanas será una nueva oportunidad de comprobarlo.

Tan lejos, tan cerca

El próximo aniversario del comienzo de la Guerra Civil (70 años ya) ha provocado una avalancha de títulos en la que, a buen seguro, no hace falta abundar. Está siendo, y no sé si podía ser de otro modo, ocasión para revisiones, confirmaciones, reivindicaciones... en fin, ustedes ya saben. Sin embargo, en este maremágnum hay novedades que no dejan de sorprender.

Barataria publica Otra colina, una novela autobiográfica sobre la peripecia de los voluntarios norteamericanos que lucharon junto a la República española firmada por Milton Wolff, el último comandante del batallón Lincoln. En Estados Unidos, la crítica la recibió con inocultable entusiasmo, y de ella se ha dicho que es «El mejor libro sobre la guerra desde Sin novedad en el frente» y que «es el mejor libro sobre la participación norteamericana en la Guerra Civil española».

De Wolff escribió Hemingway poco después de la retirada de los brigadistas internacionales de España en 1938: «Veintitrés años, alto como Lincoln, flaco como Lincoln, tan valiente y buen soldado como cualquiera que hubiera mandado batallones en Gettysburg. Sigue vivo e ileso por el mismo azar que deja a una esbelta palmera en pie después del paso de un huracán.» La semana que viene, con unos pocos años más y los ideales intactos, este veterano nacido en 1915 nos visitará para participar en una serie de actos de homenaje a los brigadistas y para presentar su obra.

Otra sorpresa

Leí en El País hace unos días que se van a publicar las memorias de Pedro Patricio Escobal, Perico, que fuera capitán del Real Madrid pre bélico. Escobal estuvo cuatro veces a punto de ser fusilado, pero vivió hasta los 99 años: murió en 2002 de viejo en Nueva York. Impulsor del primer sindicato de futbolistas españoles, en 1968 escribió sus memorias, que aparecieron en inglés en 1974 y con el título de Death row. En España circularon algunas ediciones casi clandestinas, y ahora se publica de nuevo el texto bajo el título Las sacas (Ediciós Do Castro).

Este de la relación entre el deporte rey y la contienda del millón de muertos es un filón editorial en el que los interesados podrán profundizar cuando, a no tardar, Julián García Candau saque el libro basado en entrevistas a futbolistas de aquella época, algunos de los cuales aún nos acompañan. Saldrá en Espasa, como otros trabajos de este escritor deportivo empeñado en demostrar que fútbol y literatura no son tan incompatibles como algunos, futboleros iletrados o intelectuales obcecados, se empeñan en creer.

El hombre rojo

El zaragozano Lorenzo Mediano ha pasado por Madrid para promocionar su última novela, Tras la huellas del hombre de rojo (no confundir con Zapatero). Es la historia de amor entre un representante de la raza cromañón y otro de la neanderthal, y Mediano la abre con una cita de Shakespeare extraída de Romeo y Julieta.

El escritor se siente cómodo ambientando sus novelas en la prehistoria, y seleccionando momentos clave del ayer que nos dan pistas sobre el mundo de hoy. El secreto de la diosa se situaba en el fin del matriarcado o, si lo prefieren, el comienzo del patriarcado; en la que ahora promociona, de la xenofilia, la xenofobia, el choque de culturas y lo que sucede cuando dos culturas distintas entran en contacto. Y en la próxima, que ya está escribiendo y cuyo título guarda celosamente, del nacimiento del poder y de cómo la irrupción de una nueva tecnología nos cambia la vida.

«La prehistoria —dice Mediano— son 4 millones de años, y ahí se pueden encontrar muchísimas pistas de lo que nos está pasando ahora. Tiene una gran ventaja: el mundo era simple. Ahora hay millones de personas, las relaciones de poder, sexuales, jerárquicas, políticas y económicas son muy complejas, es muy difícil analizarlas. Sin embargo, en una sociedad prehistórica la pregunta es: ¿Cómo nos repartimos esta pieza de caza? Y ahí está todo, no hay sutilezas, no hay ideologías que confundan, los problemas derivados del poder, del sexo, del amor, de la amistad, del odio son puros».

Entusiastas

El centenario del Quijote ha sido ocasión para una catarata (hace un par de noticias hablaba de avalancha: los aniversarios, nos consta, son golosos) de acontecimientos de distinta índole, muchos de ellos enormemente publicitados.

Otros homenajes, sin embargo, pasan más desapercibidos aunque, muy probablemente, son más sinceros, más sentidos, que los celebrados bajo los focos. Una muestra son estos Diálogos de Rocinante y Rucio Panza, escrito por Jesús Sevilla Lozano y publicado por Editorial Alfonsípolis. la obra está siendo representada aquí y allá por entusiastas cervantinos, prietos de espíritu quijotestco, y en breve cruzará el océano para recalar en México. Sevilla participa además en una iniciativa que no sé si llegará a buen puerto, aunque de momento la han iniciado con entusiasmo: copiar el Quijote a mano. El hidalgo se lo merece todo.




Acuse de Recibo



R.L. Stevenson
La flecha negra
Punto de
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I. Zaldúa
Si Sabino viviría
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S. Clarke
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R. Menéndez
Salmón

Los caballos
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