6 de octubre de 2005

Hay años que no está uno para nada

Pero también es cierto que no hay mal que cien años dure, así que... Ediciones B sigue en plena crisis. La llegada de Juan Pascual supuso el aterrizaje de, entre otras muchas, dos personas llamadas a liderar el nuevo proyecto: Julián León, director editorial, y Carmen Fernández de Blas, directora de relaciones editoriales de los sellos.

Pues bien: León ya está fuera y será Fernández de Blas quien asuma sus responsabilidades.

Fuentes de la casa aseguran que el relevo se ha producido con toda normalidad: León llegó a un acuerdo satisfactorio y seguirá colaborando con la editorial, presentando proyectos. Pero lo cierto es que desde el principio su actuación había generado "mal rollo" y que no cumplió las expectativas... Su salida fue comunicada a los trabajadores mediante una nota interna.

Ahora, Pascual ha pedido a Fernández de Blas que asuma la dirección editorial. Y se vislumbra algún cambio más en el organigrama. Ya lo dijimos hace tiempo: continuará...

Torrevieja, caja de sorpresas

En su voluntad de alejarse de su imagen 1, 2, 3, y deseando borrar de la memoria de los españoles la coletilla “un apartamento en Torrevieja, Alicante”, el ayuntamiento de esa localidad se alió hace cuatro años con Plaza & Janés para crear un galardón literario que, aunque sólo fuera por la dotación del premio, diera que hablar.

Por la tribuna de triunfadores pasaron Javier Reverte, Armas Marcelo y Zoé Valdés sin que nada extraordinario sucediera. Pero un día...


Vidal


Bonald

Un día, mejor, una noche, oímos decir que César Vidal era el ganador “por mayoría” y sólo pormayoría; y, luego, asistimos a una rueda de prensa en la que el ganador daba las gracias (en qué estaría él pensando) a la editorial Espasa Calpe, que patrocina este (¿cuál?) premio; y más tarde escuchamos a Caballero Bonald, a la sazón presidente del jurado, calificar la obra que el jurado que él preside había designado ganadora de literariamente aceptable (¡qué menos!) pero “ideológicamente detestable”; y aún después, en el turno de réplica, vimos al mentado Vidal afilando pluma y lengua para agradecer sus elogios a quien tal palo le daba y añadir, fiel así mismo, que sugeriría a la editorial que sacara a la venta el libro con una faja promocional en la que pudiéramos leer: "'Ideológicamente detestable'. Caballero Bonald".

Demasiadas sorpresas, dirán los espíritus sensibles, para un galardón que como todas las convocatorias mediáticas de esta talla debería estar atado y bien atado.

Me cuentan que ya en las deliberaciones, Caballero Bonald mantuvo la postura que luego hizo pública, en tanto que Zoé Valdés defendía a capa y espada los méritos (ideológicos, sobre todo) de Los hijos de la luz, que así se llama la novela de Vidal. Y que fue David Trías, secretario sin voto del jurado, quien a la vista de la división de opiniones, decidió que en la rueda de prensa posterior al fallo Caballero hablara de la novela finalista (La orden negra, de José Calvo Poyato, hermano de la Ministra Carmen Calvo) y no de la triunfadora, tarea esta que quedó en manos de Valdés...

Visto todo lo cual, a nadie extrañará que, entre veras y bromas, algún periodista sugiriera la conveniencia de vender el libro con el DVD de la rueda de prensa de regalo. Al menos, comentó otro informador, este año ha habido emoción.

Más pequeñas

La semana pasada comenté las novedades de editoriales pequeñas con grandes ambiciones. Permítanme un par de apuntes más...


Carver
Bartleby Editores, en su colección Miradas, ha anunciado la publicación de un libro de Mario Benedetti titulado Estos poetas son míos, una recopilación de ensayos y artículos sobre algunos de los poetas latinoamericanos más importantes de las últimas décadas, y de inédito en España con textos inéditos de Raymond Carver.

Es este último el que llama mi atención. Sin heroísmos, por favor es una recopilación de los materiales que nunca se incluyeron en sus libros de relatos o poemas, con cuatro cuentos inéditos publicados cuando Carver era un desconocido en revistas literarias y quedaron allí, en el olvido, hasta que William Stull le propuso a Tess Gallagher recuperar ese material. Lo curioso es que, según me cuentan, Mondadori tuvo los derechos durante cinco año y no los utilizó. El editor de Bartleby, Pepo Paz Saz, se hizo con ellos el verano de 2004. Un gozo, sin duda.


Werfel
Editorial Minúscula, por su parte, publica por su parte Reunión de bachilleres, de Franz Werfel, un autor cuya vida es ya una novela. Suena a tópico, lo sé, pero así es. Lean su biografía: nacido en Praga, y en 1890, cultivó tanto la poesía como el teatro, la narrativa y el ensayo. En su juventud vio publicados sus poemas en la legendaria revista Die Fackel, que dirigía Karl Kraus. Estrechó lazos de amistad con Franz Kafka y Max Brod y en 1917 conoció a Alma Mahler, su futura esposa. A partir de entonces se estableció en Viena.

En esa época comenzó a escribir novelas y relatos (además de Reunión de bachilleres cabe destacar La muerte del pequeño burgués y Una letra femenina azul pálido) mientras algunos de sus textos dramáticos se representaban cada vez con más frecuencia en distintos teatros alemanes. En 1933, tras la publicación de Los cuarenta días del Musa Dagh, obra que narra la trágica persecución de los armenios por parte del ejército turco durante la Primera Guerra Mundial, los nazis quemaron sus libros. En 1938, cuando las tropas de Hitler entraron en Austria, Werfel se encontraba en Capri. Ya no regresaría a Viena. En 1940, en París, los alemanes lo buscan para deportarlo: con Alma y varios amigos cruza los Pirineos a pie y consigue llegar a Lisboa, desde donde se embarca rumbo a Estados Unidos, país en el que permaneció hasta su muerte, ocurrida en Beverly Hills, California, en 1945.

Valeria Bergalli, editora de Minúscula, me cuenta que, al parecer, fue un encuentro de Werfel con Willy Haas y Ernst Deutsch (destacado periodista y escritor el primero, famoso actor el segundo, ambos compañeros de estudios de Werfel y luego también integrantes del círculo en el que participaban Franz Kafka y Max Brod) en 1926 lo que sirvió al autor que nos ocupa de inspiración para publicar dos años más tarde esta "historia de una culpa juvenil" como reza el subtítulo del relato. La reunión reavivó las experiencias que los tres habían compartido de jóvenes en las aulas, en las canchas de tenis, durante las fiestas veraniegas o incluso en improvisadas sesiones de espiritismo. Este material le sirvió de base a Werfel para escribir un libro sobre, entre otras cosas, los sentimientos que probamos ante los que en muchos aspectos consideramos superiores a nosotros, por su inteligencia, por su sensibilidad, por su sentido de la bondad. Y sobre lo que puede ocurrir cuando esa superioridad nos resulta insoportable. Algo especialmente importante durante la primera juventud, bien lo saben o deberían de saber los que ahora analizan el fenómeno del bullying en nuestras aulas.

Me dice también Valeria que no recuerda con exactitud cómo llegó este libro a sus manos. Lo leyó hace bastante tiempo, cuando vivía en Alemania, seguramente porque algún otro autor que leyó en ese momento lo mencionaba (este suele ser el camino más frecuente para llegar a los libros). Y cuando, ya metida en el proyecto editorial que dio en llamar Minúscula (que, por cierto, este año cumple un lustro de vida) elaboró el proyecto de la colección Alexanderplatz, lo incluyó inmediatamente porque piensa que constituye un certero retrato de la generación a la que le tocó en suerte vivir un período especialmente convulso, entre dos épocas, al final del imperio austríaco.



eorue@divertinajes.com
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