|
30 de junio de 2005
San Seacabó Es mi santo preferido. Lo era ya en tiempos escolares, cuando su día (variable: es un santo nada dogmático) marcaba el inicio de las vacaciones; lo siguió cuando daba mis primeros pasos laborales, y lo celebrábamos en la certeza, qué tiempos, de que a la vuelta, el puesto de trabajo seguiría estando ahí, para nosotras; y lo es ahora, cuando el trabajo se ha convertido en una (mala)suerte de ginkana y hay temporadas en las que no te atreves a invocarlo (San Seacabó, que nadie haga más barato lo que tan bien hago yo) no vaya a ser que, al cabo de algunas semanas de asueto, te quedes en el paro.
Este San Seacabó divertino es distinto: el círculo deja de iluminar no porque a quien lo enciende se le hayan acabado las pilas, sino porque el mundo editorial entra en stand-by. Así que la sección ocia (no se rían: el verbo ociar existe) hasta septiembre. Pero Divertinajes no descansa. No dejen de visitarnos... Mujerona
¿Las causas de tanta ignorancia? Si de cine hablamos, échenle la culpa al Holly... wood. Las que afectan a la obra literaria son más fáciles de acotar. En 1880, los editores carpetovetónicos suprimieron capítulos enteros y dulcificaron los términos considerados vulgares; se trataba (lo decía Gloria Méndez, traductora de la edición íntegra, en su prólogo) de ajustar Mujercitas «al gusto del público femenino de entonces». Tantos fueron los cambios made in Spain que el original ni siquiera terminaba como creíamos que acababa, con Jo y el profesor Bhaer comprometiéndose bajo la lluvia. En la obra fetén, había un capítulo más, La cosecha, en el que Alcott contaba la vida de casada de Jo y las March hacían repaso de sus vidas. ¡Jo! Un trasunto de la propia Louisa May, un personaje al que, Castor bendito, confesión, admiraba Simone de Beauvoir. Jo que (y esto, los censores celtibéricos no lo consideraron conforme a los cánones de la época) llega a decir: «Nadie me querrá, y es una suerte, porque en toda familia debe haber una solterona». Jo, la mujer que denuncia el gusto por los folletines, que debe sufrir algunas puyas por sus maneras masculinas de conducirse, y quiere ser escritora, por lo que prefiere aplazar su matrimonio. Pero al final se casa, y deja de escribir. De ahí que algunas llevaran años reflexionando sobre «la traición de Jo» o hablaran de «hacerle justicia a Jo».
La sangre llama
Quizá por eso, o simplemente porque corren tiempos nuevos en la editorial del Grupo Z, Juan Max Lacruz, hijo de Mario y ahora también responsable de una editorial, El Funambulista, ha llegado a un acuerdo con B para quedarse con el galardón. Lo cual no implica que B se descuelgue porque, como tributo a Lacruz, aportará el premio del premio: 6.000 euros. De lo que sí se olvida es de la gestión del proceso, que recae plenamente sobre Funambulista. De hecho, las cosas van a ir muy rápido: este viernes se abre el plazo de recepción de originales, que se cierra en noviembre, para que en enero conozcamos en fallo del jurado (en principio, serán los mismos) y leamos la novela en abril. Hay una novedad más: a partir de esta segunda edición, el premio pasa a ser a una primera novela. Quizá sea esta la mejor manera de reivindicar la labor de quien, como editor, supo ver que tras los nombres de Isabel Allende, Muñoz Molina o Pedro Zarraluki había escritores con proyección. No se rinde
Ahora, prepara su vuelta, un come back no cinematográfico sino editorial porque está escribiendo sus memorias con la ayuda del periodista Miguel Ángel Fernández. Y si cuenta todo lo que sabe, y recuerda todo lo que vivió, más de uno se quedará de piedra. Don de lenguas
Wolfram Fleischhauer quiso saber qué se escondía tras esta extraña representación de Gabrielle d'Estrées y una de sus hermanas, obra de un autor anónimo del siglo XVI. Gabrielle fue amante del rey Enrique IV de Francia y murió pocos días antes de casarse con él, favoreciendo así la boda de éste con una Médici.
Y lo dicho... ...hasta septiembre. Feliz verano.
Acuse de Recibo
|