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9 de junio de 2005
El medio es el masaje
“En 1935, si usted quería leer un buen libro, usted necesitaba o un montón de dinero, o un carné de socio de una biblioteca. Había libros de bolsillo baratos, pero…”. Pero eran una porquería. En la página web que se ha regalado con motivo de su aniversario, Penguin no lo explica exactamente así (We are so british, aren’t we?), pero se les entiende todo. Además, tienen razón.
En Gran Bretaña, el aniversario de Penguin está siendo festejado como el acontecimiento merece: exposición de unas 500 portadas, las más características, y biografía del creador, en cuyo listado de méritos previos al nacimiento del sello del ave caradriforme del hemisferio norte (!) hay que incluir la publicación, por vez primera en el Reino Unido, del Ulises de Joyce. Pero lo más chachi es la edición especial de 70 títulos significativos, en pequeño formato y con portadas ilustradas. El 1 se titula Lady Chatterley’s Trial, fue publicado originalmente en 1960 cuando, exactamente 30 años después de que la casa fuera llevada ante los tribunales y juzgada por obscenidad tras atreverse a editar la novela de D.H. Lawrence Lady Chatterley’s lover, Penguin convocó a una serie de expertos para que juzgaran los méritos literarios del libro de la polémica; el que lleva el número 70 es On Seeing and Noticing, de Alain de Botton. Entre uno y otro, obras de autores como Sebald, Morrison, Updike, Nabokov, Dahl o Wodehouse que se pueden adquirir en el microsite Happy Birthday Penguin y en las librerías. En cuanto al título de esta crónica… En los años 60, la colección sufrió un “revolcón” creativo, en el que cabe atribuir parte de la responsabilidad a un error de imprenta (¡ay, esos duendes!) que acabó incorporado al título de un volumen.
La posibilidad de un enfado Me cuentan que los responsables de Anagrama no están nada contentos; tienen razones, desde luego, y hacen bien en airearlas, aunque, lamentablemente, luego no haya confirmación oficial y cuando una llama al departamento de prensa de la editorial, la única respuesta que obtiene es: “No tenemos postura”, enigmática sentencia que traduzco como “No hay declaraciones al respecto” o, políglota como soy, “No comment”.
Y puede que sea. No debe sorprendernos, y en algún momento de los últimos meses el muy solicitado autor dijo algo que puede servir de pista y explicación. Cuando el año pasado protagonizó en Francia uno de los traspasos editoriales más sonados de los últimos años (asustado ante tanto dinero y tan pocos modales, alguien habló de "maneras futbolísticas"), Houellebecq justificó su “traición” a Flammarion con una sola frase: “Je suis content, j’aime bien les grands groupes…” Y Fayard, su nueva casa, es grande, tanto como para haberle pagado más de un millón de euros y haberle concedido el capricho de llevar él mismo su novela al cine en la división audivisual de la mega-empresa.
PD: las fotos que acompañan esta nota son de la página
web oficial de Houellebecq.
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