23 de febrero de 2005

Casablanca

(Que no Casa Blanca, que todavía hay clases, y agencias inmobiliarias).

Se celebró, sin gran despliegue mediático, el Undécimo Salón del Libro de Casablanca, con España como país invitado, algo más que lógico habida cuenta de que 2005 (buenas relaciones bilaterales obligan) es el año de la cultura española en Marruecos, en tanto que durante 2006 se lanzará una operación de sensibilización del público español sobre la cultura marroquí.

Por la ciudad de Rick pasaron Juan Goytisolo (casi casi anfitrión), Luis Mateo Díez, Gustavo Martín Garzo, Clara Janés, José María Merino, Sánchez Robayna, Santos Juliá, Ernesto Pérez Zúñiga, Mª Victoria Atencia... y más que no cito, aunque me lo puedan tener en cuenta, todos ellos cargados de loables intenciones.

Pero ya se sabe que los buenos propósitos no suelen ser combustible suficiente para la buena marcha de las iniciativas... na cosa es que Miguel Anxo Fernán Vello, presidente de la Federación de Editores Gallegos, proponga un proyecto editorial para llevar la poesía y el pensamiento actual marroquí al gallego, y viceversa, y otra que eso llegue a hacerse. Admitámoslo una vez más: en el negocio editorial no hay poesía que valga. Los argumentos cargados de futuro son los que esgrimen gentes como Isidor Cónsul, director editorial de Proa. En la Cataluña de hoy, recordó, la integración de la población de origen marroquí ha traido como efecto colateral que el árabe sea el tercer idioma.

Y ése es el tipo de argumentos que pueden encontrar eco. No se trata de mandar libros españoles al otro lado del Estrecho sólo porque el corazón nos lo pide. Lo dijo Larbi el Harti, escritor y coordinador del debate: además de la valentía, imprescindible, “es importante que se sepa que el mercado marroquí posee un gran potencial de negocio para los editores y los distribuidores españoles, dado el volumen en ascenso de la demanda del libro español”.

Ojo al dato, como diría el clásico del periodismo deportivo a la par que radiofónico: los cinco Institutos Cervantes sitos en Marruecos mueven unos doce mil alumnos al año. Además, existen cinco departamentos de lengua y literatura españolas en Marruecos, con una media de de 400 alumnos en cada uno. Y por si eso fuera poco, hay siete colegios españoles donde, me cuenta Larbi el Harti, “la demanda de plazas en dichos colegios es cada vez mayor”. Cierto, hoy en día para que un niño acceda a una plaza, debe tener muchos medios y estar en el circuito del poder. Pero el español es una asignatura obligatoria en los institutos de enseñanza media marroquí. “Yo calculo —concluye El Harti— que debe haber unos 80 mil consumidores del libro español seguros”. Y hambrientos. Un público cautivo. Tentador, ¿no?

Elogio de la locura académica

Leo esta noticia:

“España vuelve a ser el país de la Unión Europea que más estudiantes Erasmus recibe durante el curso académico, con un total de 22.530 estudiantes y 1.663 profesores en el curso 2003-2004.
Igual que el año anterior, España encabezó la lista de destinos más populares entre los estudiantes europeos, por delante de Francia, que recibió a 19.247 alumnos; Alemania, a 16.266; Reino Unido, a 15.956, e Italia, a 12.165. Los italianos, seguidos por los franceses, alemanes y británicos fueron los que más viajaron a España.”

La leo y me digo: algo falla. ¿No era éste un programa pensado para alcanzar la excelencia académica? ¿Qué hacen todos estudiantes norteños, altos y rubios como la cerveza, haciendo las maletas para viajar a nuestras cost... digo universidades? ¿Tan buenos son nuestros centros? ¿Tan irresistibles nuestros claustros académicos? ¿Tanto atractivo tiene el idioma español?

Cuando criticamos con tanto ahínco la enseñanza superior (manera de hablar, al maldecir de tantos), ¿estaremos cayendo en el pecado, oh cuán ibérico, de la autoflagelación? ¿Habrán advertido los foráneos virtudes que a nosotros se nos escapan?

Menos me extraña la continuación:

“Con los 20.034 estudiantes que viajaron a otro país, España ocupó la tercera posición en el envío de alumnos a otros países, sólo superado por los franceses, con 20.981, y los alemanes, con 20.688. Los destinos favoritos de los españoles fueron Italia, Francia, Reino Unido y Alemania.
También 1.949 profesores españoles aprovecharon una de las becas Erasmus de movilidad, pues el programa les permite impartir cursos en una universidad o en un centro de enseñanza superior de otro Estado miembro”.

Aquí vale lo que proclamaba Ketama: No estamos locos, sabemos lo que queremos.

Un pingüino en la bañera

Se llama Andrei Kurkov, nació en San Petersburgo en 1961 pero vive en Kiev. Su biografía destaca que a los 12 años era el feliz propietario de la séptima colección de cactus de Ucrania. Es, además, autor de ocho novelas (protagonizadas por animales: un topo, un camaleón, un papagallo) que han sido traducidas a diez idiomas, entre ellos el español.

En 2002, Nuevas ediciones de Bolsillo publicó Muerte ajena, obra cuenta la peripecias de Viktor, escritor instalado en la crisis que recibe un encargo que cambiará su vida: escribir las necrológicas de los personajes más conocidos de la ciudad. Nada demasiado extraño, ¿no? ¿O sí? Porque las de esos famosos locales son muertes cualquier cosa menos normales... aunque tampoco parece de recibo hablar de normalidad cuando uno vive con un pingüino instalado en la bañera.

Dos años después, en 2004, Lengua de Trapo editó Querido amigo, compañero del difunto. Y ahora, El tercer nombre saca Muerte con pingüino, novela en la que se narran las peripecias de Viktor, escritor instalado en la crisis que recibe un encargo que... Un momento. ¿Dónde he leído yo esto? En El tercer nombre me dicen que no sabían nada de esa edición previa. Curioso, lo poco que duran los derechos de algunas obras...

teatro y confidencias

Hace un par de semanas hablábamos en esta misma sección de la actividad teatral de Natalia Menéndez, quien poco a poco va borrando la imagen llorosa y televisiva que tantos tenían de ella. Les contábamos que prepara, en el María Guerrero, El invierno bajo la mesa, una obra de Roland Topor, autor prácticamente desconocido en nuestro país.

La traigo de nuevo a colación porque he encontrado su nombre en la portada de un libro: Las falsas confidencias, de Marivaux, editado por Cátedra. Suyo es el estudio crítico que precede a la obra, en el que me entero (mi ignorancia es enciclopédica) de que, “Las Falsas Confidencias es la traducción literal del título en francés Les Fausses Confidences. En su origen, el título de esta obra, fue escrito en singular La Falsa Confidencia". Nos cuenta Menéndez además que "en 1737, la comedia provocó un escándalo por mostrar el amor entre una burguesa y su criado; el clasismo imperante en el público no quiso tolerar tal aventura".

Cuenta algo más: "La búsqueda de una traducción de Las Falsas Confidencias no fue fácil; al principio parecía no existir pero, ¿cómo podía ser que no existiera?, era comprensible que en el siglo XVIII no hubiera llegado la comedia a España, pero, ¿a qué se debía que en el siglo XIX español, tan amante de la cultura vecina, no se hubieran percatado de esta comedia tan conocida y reconocida por los franceses? La única respuesta posible estaba en comprobar si se había cambiado el título, costumbre muy española en esa época; entonces apareció Engañar con la verdad de Manuel Bretón de los Herreros. Lo localicé en el Institut del Teatre de Barcelona. Cuando conseguí el texto de Bretón de los Herreros, pude comprobar que era una adaptación y no una traducción." Hasta aquí puedo leer. El resto, en el libro.

Feminismo para principiantes

¡Tiempos duros, estos nuestros, en los que hay que volver a explicar lo obvio y esencial! Y eso que no estoy segura de que Nuria Varela, periodista, escritora y feminista, suscriba lo que acabo de escribir.

Dice Varela que a ella le hubiera gustado que el libro se titulara Feminismo para principiantes (y principiantas) pero —admite— no quedaba bonito. Porque el texto no está destinado sólo a las mujeres, menos aún únicamente a las mujeres convencidas, sino que tiene la ambición de tocar también a los hombres, entiéndase, a los varones.

Hay en él historia, y pedagogía, y homenaje: el que se rinde, simplemente evocando quiénes fueron y qué significaron, a las feministas cuya lucha bien merece el calificativo de épica.

El recorrido, me explican, es detallado, intenso, aunque al final, Nuria se permite aligerar el tono en un capítulo titulado Tópicos y prejuicios en que el que habla de feminismo y machismo (no es lo mismo), del mito de Margaret Thatcher, y de esa imagen persistente en la mente de los más cerriles según la cual las mujeres feministas son feas, marimachos, víctimas de su insatisfacción sexual.

Un regalo ideal para quienes, como Victoria Abril, ahora andan proclamando que son femeninas, y no feministas.



Acuse de Recibo



P. Quignard
El sexo y
el espanto

Minúscula

S. G.-Clairac
En un lugar de
Atocha...

Grupo SM

L. Junco
Una carta de
Santa Teresa

La Discreta

M. Lacruz
Intemperancia
Ediciones B



eorue@divertinajes.com
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