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23 de febrero de 2005
Casablanca (Que no Casa Blanca, que todavía hay clases, y agencias inmobiliarias). Se celebró, sin gran despliegue mediático, el Undécimo Salón del Libro de Casablanca, con España como país invitado, algo más que lógico habida cuenta de que 2005 (buenas relaciones bilaterales obligan) es el año de la cultura española en Marruecos, en tanto que durante 2006 se lanzará una operación de sensibilización del público español sobre la cultura marroquí.
Pero ya se sabe que los buenos propósitos no suelen ser combustible suficiente para la buena marcha de las iniciativas... na cosa es que Miguel Anxo Fernán Vello, presidente de la Federación de Editores Gallegos, proponga un proyecto editorial para llevar la poesía y el pensamiento actual marroquí al gallego, y viceversa, y otra que eso llegue a hacerse. Admitámoslo una vez más: en el negocio editorial no hay poesía que valga. Los argumentos cargados de futuro son los que esgrimen gentes como Isidor Cónsul, director editorial de Proa. En la Cataluña de hoy, recordó, la integración de la población de origen marroquí ha traido como efecto colateral que el árabe sea el tercer idioma. Y ése es el tipo de argumentos que pueden encontrar eco. No se trata de mandar libros españoles al otro lado del Estrecho sólo porque el corazón nos lo pide. Lo dijo Larbi el Harti, escritor y coordinador del debate: además de la valentía, imprescindible, “es importante que se sepa que el mercado marroquí posee un gran potencial de negocio para los editores y los distribuidores españoles, dado el volumen en ascenso de la demanda del libro español”. Ojo al dato, como diría el clásico del periodismo deportivo
a la par que radiofónico: los cinco Institutos Cervantes sitos
en Marruecos mueven unos doce mil alumnos al año. Además,
existen cinco departamentos de lengua y literatura españolas en
Marruecos, con una media de de 400 alumnos en cada uno. Y por si eso fuera
poco, hay siete colegios españoles donde, me cuenta Larbi
el Harti, “la demanda de plazas en dichos colegios es cada
vez mayor”. Cierto, hoy en día para que un niño acceda
a una plaza, debe tener muchos medios y estar en el circuito del poder.
Pero el español es una asignatura obligatoria en los institutos
de enseñanza media marroquí. “Yo calculo —concluye
El Harti— que debe haber unos 80 mil consumidores
del libro español seguros”. Y hambrientos. Un público
cautivo. Tentador, ¿no? Elogio de la locura académica
“España vuelve a ser el país de la Unión Europea
que más estudiantes Erasmus recibe durante el curso académico,
con un total de 22.530 estudiantes y 1.663 profesores en el curso 2003-2004. La leo y me digo: algo falla. ¿No era éste un programa pensado para alcanzar la excelencia académica? ¿Qué hacen todos estudiantes norteños, altos y rubios como la cerveza, haciendo las maletas para viajar a nuestras cost... digo universidades? ¿Tan buenos son nuestros centros? ¿Tan irresistibles nuestros claustros académicos? ¿Tanto atractivo tiene el idioma español? Cuando criticamos con tanto ahínco la enseñanza superior (manera de hablar, al maldecir de tantos), ¿estaremos cayendo en el pecado, oh cuán ibérico, de la autoflagelación? ¿Habrán advertido los foráneos virtudes que a nosotros se nos escapan? Menos me extraña la continuación: “Con los 20.034 estudiantes que viajaron a otro país, España
ocupó la tercera posición en el envío de alumnos
a otros países, sólo superado por los franceses, con 20.981,
y los alemanes, con 20.688. Los destinos favoritos de los españoles
fueron Italia, Francia, Reino Unido y Alemania. Aquí vale lo que proclamaba Ketama: No estamos locos, sabemos lo que queremos. Un pingüino en la bañera
Se llama Andrei Kurkov, nació en San Petersburgo en 1961 pero vive en Kiev. Su biografía destaca que a los 12 años era el feliz propietario de la séptima colección de cactus de Ucrania. Es, además, autor de ocho novelas (protagonizadas por animales: un topo, un camaleón, un papagallo) que han sido traducidas a diez idiomas, entre ellos el español. En 2002, Nuevas ediciones de Bolsillo publicó Muerte ajena, obra cuenta la peripecias de Viktor, escritor instalado en la crisis que recibe un encargo que cambiará su vida: escribir las necrológicas de los personajes más conocidos de la ciudad. Nada demasiado extraño, ¿no? ¿O sí? Porque las de esos famosos locales son muertes cualquier cosa menos normales... aunque tampoco parece de recibo hablar de normalidad cuando uno vive con un pingüino instalado en la bañera. Dos años después, en 2004, Lengua de Trapo editó Querido amigo, compañero del difunto. Y ahora, El tercer nombre saca Muerte con pingüino, novela en la que se narran las peripecias de Viktor, escritor instalado en la crisis que recibe un encargo que... Un momento. ¿Dónde he leído yo esto? En El tercer nombre me dicen que no sabían nada de esa edición previa. Curioso, lo poco que duran los derechos de algunas obras... teatro y confidencias
Cuenta algo más: "La búsqueda de una traducción de Las Falsas Confidencias no fue fácil; al principio parecía no existir pero, ¿cómo podía ser que no existiera?, era comprensible que en el siglo XVIII no hubiera llegado la comedia a España, pero, ¿a qué se debía que en el siglo XIX español, tan amante de la cultura vecina, no se hubieran percatado de esta comedia tan conocida y reconocida por los franceses? La única respuesta posible estaba en comprobar si se había cambiado el título, costumbre muy española en esa época; entonces apareció Engañar con la verdad de Manuel Bretón de los Herreros. Lo localicé en el Institut del Teatre de Barcelona. Cuando conseguí el texto de Bretón de los Herreros, pude comprobar que era una adaptación y no una traducción." Hasta aquí puedo leer. El resto, en el libro. Feminismo para principiantes
Dice Varela que a ella le hubiera gustado que el libro se titulara Feminismo para principiantes (y principiantas) pero —admite— no quedaba bonito. Porque el texto no está destinado sólo a las mujeres, menos aún únicamente a las mujeres convencidas, sino que tiene la ambición de tocar también a los hombres, entiéndase, a los varones.
El recorrido, me explican, es detallado, intenso, aunque al final, Nuria se permite aligerar el tono en un capítulo titulado Tópicos y prejuicios en que el que habla de feminismo y machismo (no es lo mismo), del mito de Margaret Thatcher, y de esa imagen persistente en la mente de los más cerriles según la cual las mujeres feministas son feas, marimachos, víctimas de su insatisfacción sexual. Un regalo ideal para quienes, como Victoria Abril, ahora andan proclamando que son femeninas, y no feministas.
Acuse de Recibo
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