10 de noviembre de 2004

Aventuras editoriales

Enrique de Polanco arranca su aventura editorial, El Tercer Nombre, cuyo nacimiento adelantamos en este Círculo, con Tarifa, la venta del alemán, de Eduardo Iglesias y New York Shitty, de Germán Sánchez Espeso. No queda más que desearle buena suerte...

También contamos en su día que Rosa Ruocco dejaba Suma de Letras-Punto de Lectura para poner en marcha una editorial... que ya está en marcha. Se llama Kailas, que es el nombre de una cumbre ubicada en China, de 6.710 metros, sagrada para las religiones budista e hindú, y detrás de ella (de la editorial, no de la montaña) están los hijos de un notable constructor, hijos que abrigan ambiciones culturales y religiosas. El caso es que Kailas arranca con El arte de la felicidad en el trabajo, del Dalai Lama; El jardín de los justos, de Gabriele Nisim; y Santo Diablo. Es ésta una novela ambientada en los días previos a la Guerra Civil y escrita por Eduardo Pérez Zúñiga, cuyo libro de cuentos Las botas de siete leguas y otras maneras de morir (se lo recomiendo) publicara Punto de Lectura en su colección de inéditos.

Por último, en la colección El árbol de la memoria de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, hay preparadas tres obras con aroma de exquisitex: Niños y niñas eternamente, un ensayo de Allison Lurie; Vicios solitarios, un "libro de lector" de Alberto Manguel; y, de Antonio Rodríguez Almodóvar, El texto infinito, un ensayo sobre cuentos populares.

Mira tú por dónde

En estos tiempos de lecturas olvidables, los italianos dan la nota alzando hasta el segundo puesto de las listas de ventas a un clásico entre los clásicos: La Ilíada, en versión simplificada de Alessandro Baricco. Y tan llamativo o más es que, según leo, al socaire de ese éxito también se está vendiendo muy bien La Ilíada pata negra, es decir, la de Homero-Homero. Más aún: los espectadores acudieron en masa a dos públicas lecturas de la obra, una de 12 horas (versión simple) y otra de 24 horas (versión completa). ¿Quién decía que los clásicos han perdido vigencia y tirón popular?

Políticos con pluma

Miren lo que pasa en casa de nuestros vecinos de arriba, los franceses. Saben ustedes que allí un político sin libro es como un jardín sin flores, o similar. Bueno, pues en estos días dos destacados de la izquierda, el que fuera súper ministro económico Dominique Strauss-Kahn y el que fuera súper ministros, es decir, Primer Ministro, Laurent Fabius publican, el primero y en Grasset, su Lettre ouverte aux enfants d'Europe (Carta abierta a los niños de Europa) y, con tres días de diferencia, el segundo y en Plon, Une certaine idée de l'Europe (Una cierta idea de Europa, que -dicho sea de paso- pasa por decir NO a la Constitución).

La cosa no sería sino una desafortunada coincidencia si no fuera porque poco antes de que Strauss-Kahn publicara en 2002 La flamme et la cendre (La llama y la ceniza), Fabius le había hecho la cusqui a su compañero de partido, y sin embargo eterno rival, con un texto sobre los trabajos que aguardan a la izquierda moderna.

¿Y a mí que, de todo este lío franco-francés, lo que me interesa de verdad es que en Francia los políticos aún creen que los libros son una buena manera de propagar sus ideas?

Malos entendidos

Hace unos días, me hice eco de un boicoteo lanzado contra la obra más reciente de Gabriel García Márquez. No lo impulsé, me sumé a él, no era idea mía: dije que me lo habían mandado y me limité a hacer acuse de recibo.

Y sin embargo, alguien lo recogió en otra página web de manera tal que parecía que quien esto escribe, lo suscribe. Y de resultas de ese embrollo, recibí algunos correos electrónicos recriminándome mi talante inquisitorial. Debo aclarar que el entuerto está desfecho, pero quería reproducir —con permiso del abajo firmante— la carta que me remitió Iván Alonso (olvídense del rapapolvo, insisto: está todo aclarado) porque creo que merece la pena.

Tengo que lamentar mucho el que a estas alturas todavía haya caza de brujas, índice de libros "prohibitorum" y hogueras encendidas. Si usted no es capaz de distinguir la ficción de la realidad es que tiene entonces el problema de cierto hidalgo caballero, aunque por su actitud me recuerda más a su ama que arrojó a la hoguera tantos libros (no ha sido la única en la historia, desgraciadamente, ha tenido muchos émulos, algunos con el pelo rapado, bigotillo, ya sabe).

No se detenga usted en pedir la reclusión perpetua de Gabriel García Márquez y el hecho de que sea linchado en la plaza pública, le animo a desterrar y perseguir el libro Lolita de Vladimir Nabokov, que habla también sin lugar a dudas de un caso de pederastia insufrible, Plataforma de Michael Houellebecq, asqueroso testimonio del turismo sexual, pedófilo conocido. Del mismo Gabriel García Márquez, para qué ir más lejos, también podríamos arrancar de la historia de la literatura su Cien años de soledad donde le recuerdo casan a una niña de 12 años, Remedios Moscoso, con el coronel Aureliano Buendía, ¿repugnante verdad? También recuerdo que en los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós se casa una niña joven con un caballero galán. No nos olvidemos a Roberto Bolaño y sus conocidas procacidades. Los textos de la Grecia clásica también son abundantes en "espectáculos" tan poco edificantes para la ciudadanía, eliminémoslos pues. Nos quedaremos con la literatura de ONG para irnos a reunir con mecheritos a la luz de la luna gritando "Yo también soy Ana Karenina".

En fin, perdone la ironía, tiene todo mi apoyo el día que decida perseguir a los criminales que violan a tantos niños y niñas pobres en su soberbia de europeos todopoderosos, pero dejemos la literatura en paz porque no es más que eso, literatura. En verdad mire usted bien que no son gigantes sino molinos de viento.

Saludos.

Iván Alonso


La buena noticia es que todavía quedan buenos lectores dispuestos a defender la buena literatura.

Arguiñano's

Los que no sabemos cocinar somos un filón, oiga. Dos pruebas editoriales:

El País-Aguilar ataca con su nueva colección de Cocina Express, recetas sencillas y prácticas con un toque desenfadado que presentan como «Una alternativa a los manuales tradicionales que aporta nuevas ideas para aquellos que no renuncian a comer bien, aunque dispongan de poco tiempo para la cocina» y que firma Cris Lincoln. Al de las latas le auguro un gran éxito.

Plaza Janés presenta Recetas para todos, otra muestra de gastronomía al alcance de patosos.

Yo, y por aquello de que cada uno lleva el agua a su molino (o al lector a su texto), les recomiendo que, además de hacerse con estos libros, lean las recetas de nuestro cocinero de cabecera, Manuel G. Torre. Para chuparse los dedos.

Carlitos (y su papá) según Eco

La semana pasada, tras el envío del Divertín, añadimos a nuestro Círculo un texto que, por si acaso no leyeron, me atrevo a recuperar. Les contaba que Umberto Eco es un apasionado de Charlie Brown (o de Charles M. Schulz, si es que ambas cosas no son lo mismo). Y que por ello no debía extrañarnos que ahora, cuando la editorial El Aleph publica El gran libro de Charlie Brown, sea el italiano quien ejerza de prologuista. Estamos ante una antología de tiras, un vuelven las divertidas aventuras de Charlie Brown, Snoopy y su pandilla, prieto de ironía y ternura.

Lo interesante no era lo que yo les decía, sino que habíamos tenido acceso al mentado prólogo que —les contábamos— arranca así:

El mundo de Carlitos, por Umberto Eco

Ni fuma, ni bebe ni dice palabras malsonantes. Nació en Minnesota en 1923. Vive modestamente y es predicador laico de una secta llamada Iglesia de Dios. Está casado y, según tengo entendido, tiene cuatro hijos. Juega al golf y al bridge, y le gusta la música clásica. Trabaja solo. No tiene ningún tipo de neurosis. Este hombre de vida tan anodinamente normal se llama Charles M. Schulz. Y es un Poeta.

Cuando digo «Poeta» lo digo para enojar a más de uno. A los humanistas de profesión, que no leen las tiras cómicas; a quienes acusan de esnobismo a los intelectuales que fingen apreciar los tebeos. Me gustaría que quedase claro: si por «poesía» se entiende la capacidad de otorgar ternura, piedad o malicia a unos momentos de extrema transparencia, como si se enfocasen con una luz que hiciera imposible discernir de qué pasta están hechas las cosas, entonces, Schulz es un poeta. Si la poesía es individualizar personajes típicos en circunstancias típicas, Schulz es un poeta. Si la poesía es hacer brotar de los acontecimientos cotidianos, que solemos identificar con la superficie de las cosas, una revelación que nos haga llegar al fondo de dichas cosas, entonces, de nuevo, Schulz es un poeta. Y si la poesía es tan sólo saber hallar el ritmo privilegiado y a la vez improvisar en una aventura ininterrumpida de variaciones infinitas, para que del encuentro quizá mecánico de dos o tres elementos surja un universo siempre nuevo, cantado sin pausas, en ese caso, también podemos afirmar que Schulz es un poeta. Más poeta que muchos otros.
No obstante, la poesía es un poco de esto y un poco de aquello, y no es nuestra intención perdernos en definiciones estéticas con la mediación de Schulz. Se decimos que Schulz es un poeta lo hacemos sobre todo como desafío y como toma de posición. La afirmación «Schulz es un poeta» es sinónima de: «Charlie M. Schulz nos gusta sin condiciones, con fervor, con emoción, de forma intolerable, y no vamos a permitir que lo pongan en duda: quien afirme lo contrario es un malvado o un ignorante».

(Parte del prólogo de Umberto Eco en El Gran Libro de Charlie Brown de Charles M. Schulz. El Aleph Editores, noviembre 2004)

Acuse de Recibo



A. Bashir y
L.S. Sunnanå

El confidente de
Saddam

Ediciones B

D. Mesa
Qué dura es la
vida de un cerdo

Demipage

M.C. Seoane y
S. Sueiro

Una historia de
El País y
el Grupo Prisa

Plaza Janés

A. Camilleri
El miedo de
Montalbano

Salamandra



eorue@divertinajes.com
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