13 de octubre de 2004

S.O.S. palabras

¿Saben ustedes de algún país donde el dictado sea una especie de deporte nacional? Yo uno: Francia. Cada año, miles de galos irreductibles se inscriben en un concurso público para plasmar negro sobre blanco un texto (endiablado, por si lo dudaban, cuajado de trampas) al dictado, o simplemente lo siguen desde sus hogares como meros aficionados. El objetivo último de esta gigantesca movida es mejorar el nivel ortográfico de la ciudadanía.

También en Francia ha nacido una iniciativa en la que participan escritores como Régine Deforges, Daniel Picouly, Max Gallo, Philippe Djian, Douglas Kennedy o Edouardo Manet: Sauvez des mots de la langue française, salvad palabras de la lengua francesa, suerte de S.O.S. de palabras en apuros.

Todo comenzó con un libro, 100 mots à sauver, del infatigable Bernard Pivot. Y, siguió después con un concurso, patrocinado por la revista Lire. El funcionamiento es bien sencillo: los participantes, conocidos o no, eligen una palabra en riesgo de extinción y la adoptan. Bonito, ¿no?

No es, claro que no, una novedad absoluta. Por poner sólo un ejemplo, en España, hace años, Elvira Muñoz publicó en Paraninfo publicó un Diccionario de palabras olvidadas o de uso poco frecuente que es una delicia. Pero la idea es hermosa...

Tanto como para copiarla y revitalizarla. Les propongo hacer algo similar. Si tienen un sustantivo en desuso favorito, si les hace tilín un verbo que su abuela y sólo ella conjugaba, si les emociona un adjetivo cuyo significado los jóvenes desconocen, dígannoslo.

Ahí va mi aportación de capital lingüístico inicial: Remusgar, que significa presentir o sospechar. ¿Se animan?

¡Quiero ser francesa!

Y que la Virgen del Pilar, por cuyo manto pasé de niña, me lo perdone. Pero, cuando lean lo que les cuento, si es que no lo saben ya, me darán la razón: ¿es o no como para pensar en cambiar de nacionalidad?

De aquí a nada, cines, teatros y salas de conciertos franceses podrán instalar dispositivos para bloquear durante los espectáculos los móviles de los espectadores, quienes sólo podrán recibir las llamadas urgentes. Aunque la posibilidad de actuar así estaba prevista ya en una ley que data del año 2001, hasta ahora no se habían puesto en marcha los mecanismos legales para convertir la teoría en gozosa y silenciosa práctica.

No obstante, moderen el entusiasmo: me permito aguar la fiesta a los optimistas irredentos amantes del llamado séptimo arte. Porque, aunque el presidente de la Federación Nacional de Cines Franceses, Jean Labbé, asegura que la medida "permitirá a la gente que entra en un cine estar tranquila y poder ver y escuchar la película, sólo la película", que yo sepa el Gobierno francés no piensa actuar contra los deglutidores de palomitas, manoseadores de caramelitos y sorbedores de colas, por lo que el silencio en las salas de proyección (en los teatros, los tragaldabas se cortan un poco) sigue siendo, de momento, un sueño imposible. Claro que menos da una piedra.

A vueltas con los premios

En vísperas del Planeta, y cuando aún no hemos olvidado lo sucedido en Torrevieja, leo un trabajo de los compañeros de Literaturas.com sobre premios literarios. Para el reportaje, entrevistaron a editores, agentes y escritores galardonados. Al menos, lo intentaron. La muestra tiene el valor que queramos darle, que será poco para los defensores de las artes demoscópicas, y mucho para los amantes del “ya te lo decía yo”. A mí me ha llamado la atención, y por eso me hago eco.

Se pidió a —entre otros— Espasa Calpe, Alfaguara y Plaza & Janés datos de publicación y venta de los Premios que su convocan (Primavera, Alfaguara, Torrevieja). Los portavoces de las dos primeras no soltaron prenda; en Plaza sí concretaron: Casi todas las mujeres, obra de Armas Marcelo que obtuvo el II Premio Torrevieja de Novela, se benefició de una tirada inicial de 30.000 ejemplares; posteriores reimpresiones permitieron elevar las ventas hasta los 50.000 ejemplares.

Muy poco, teniendo en cuenta la dotación del premio.

Más herméticos aún que los editores se mostraron los escritores. Ninguno de los requeridos (Carlos Marzal, Felipe Benítez Reyes, Vicente Gallego, Juancho Armas Marcelo, Juan Manuel de Prada, Antonio Skarmeta y Xavier Velasco, ganadores de algún premio) respondió al cuestionario.

De entre las respuestas proporcionadas por las agentes, me quedo con la de Carmen Balcells: «Hay que distinguir los premios institucionales de los privados. En los institucionales, por su propia naturaleza, no se puede influir. En cuanto a los premios literarios privados, son los editores quienes tratan de convencer a los autores para que se presenten».

Si quieren leer el reportaje completo, lo encontrarán pinchando aquí.

James Baldwin en su habitación

Hace años, muchos, en 1980, Bruguera (Libro amigo nº 733, ¡qué tiempos aquellos!) editó para el público hispanoleyente, y en traducción de Estela Cantó, la segunda novela de James Baldwin, La habitación de Giovanni, la lucha de un hombre con su homosexualidad. El protagonista-narrador es David, un joven bisexual, que durante una noche habla sobre su amante italiano, Giovanni, que debe ser ejecutado como asesino. Tres años más tarde, Bruguera sacó una nueva edición. Y luego, nada.

Pues bien, sepan que a no tardar, la obra va a tener su segunda oportunidad entre nosotros gracias al sello Egales.

Mucho Nacho, mucho Nacho, ¡eh!

La revista Por la Danza ha realizado, un sondeo entre un selecto grupo de críticos, periodistas y programadores para ver cuál es, en la actualidad, el coreógrafo más influyente de España. La respuesta: Nacho Duato, director artístico de la Compañía Nacional de Danza.

Al valenciano le sigue un pelotón de coreógrafos catalanes (Ramón Oller, Cesc Gelabert y la agrupación Mal Pelo, que dirigen María Muñoz y Pep Ramis) tras el cual se coloca, para pasmo de inmovilistas, La Ribot, esa madrileña inclasificable.

Lo más sorprendente, o tal vez no, es que el primer flamenco de la tabla es Rafael Amargo (noveno), muy por delante de Antonio Canales (decimotercero) y Joaquín Cortés (decimosexto), todos ellos muy lejos de las posiciones de cabeza.

¿Alguien echa en falta a Víctor Ullate? Sepan que apenas obtuvo el 1,3% de los votos, lo que le da derecho a ocupar el puesto 20 en una lista de 34 coreógrafos.



eorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir