8 de septiembre de 2004

Mucho más temprano que tarde


¿Vendrá este año?

Me incorporé al tajo, que en contra de lo que opina un amigo optimista, no es sólo un río, y los dos primeros días los dediqué a responder correos electrónicos que se habían acumulado en mi buzón, igualmente electrónico. El progreso, a veces, es un regreso (sentencia).

En el buzón convencional —escribiría ordinario si no fuera porque suena degradante— había también algo de correspondencia, pero mucha menos. Escribir cuesta, y no hablo del precio de los sellos. Entre otras misivas, una de Plaza&Janés para invitarme a la entrega del III Premio de Novela Ciudad de Torrevieja. “Si que son previsores”, pensé para mis adentros, creyendo que este año, como los anteriores, el acto tendría lugar en diciembre. Pero hete aquí, o mejor, allí, en Torrevieja-Alicante, que el festejo se fija para el 30 de septiembre.

Me cuentan que la idea de adelantar la entrega nació con la sana intención de aprovechar la siempre sustanciosa campaña de Navidad: antes el premio se fallaba en diciembre, y el libro no estaba listo hasta marzo. Se pensó que el 1 de octubre sería un día propicio, y lo fue, hasta que el PP vino a arruinar (involuntariamente, creo, es pronto para reclamar una comisión de investigación) las previsiones fijando su congreso para esas mismas fechas. Me explico, porque contado así, queda raro: el alcalde de Torrevieja-Alicante, anfitrión y pagano del Premio, es popular... del Partido Popular, I mean. Y, claro, no quiere perderse la consagración de Rajoy. Así que hubo que adelantar lo del aparta... digo, premio al 30 de septiembre. Los concursantes ya se muerden las uñas.

Leo, leo

Leo una entrevista con Rogelio Blanco en la revista Delibros. El Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas hace lo posible para que se note que su Dirección General es una y trina, entiéndase, que lo suyo son tanto los libros como los archivos y la bibliotecas y que piensa trabajar por el bien de todos ellos. Que conste.

Pero como la entrevista se publica donde se publica, insiste y mucho en dos puntos:

- La del libro español es “una industria internacionalmente muy potente”. Ojo al dato: “En torno a la lengua y sus manifestaciones se desarrolla el 15% del Producto Interior Bruto”. Si no la cuidan por amor, mímenla por interés.

- “El punto débil está en las librerías, sobre todo en las de barrio, que han sufrido mucho”. El señor Blanco se solidariza con los débiles, víctimas (entre otras tropelías) del acoso y derribo de esa suerte de Defensor del Librero que el Precio Fijo.

Lo cual me permite hablar de otro asunto que me trae loca. Permítanme utilizar el descansillo antes de seguir.

Sigo

Esto es algo más que un desahogo personal.

Las grandes superficies que se dedican, y con éxito, a la venta de libros tienen sus caprichos.

Tomemos el ejemplo de esos grandes almacenes de la cultura y el ocio que, procedentes de Francia (y nadie que me conozca dirá que no me gusta ese país), se han instalado en tantas y tantas ciudades españolas. En los estantes de su sección de librería, los libros son anunciados con un 5% de descuento. Creo que no mienten. Sin embargo, en los últimos meses he intentado aprovecharme de esos “precios mínimos garantizados” (sí, lo confieso) en la sección de electrónica y el chasco ha sido mayúsculo:

- Un ordenador portátil Acer era 200 euros más caro que el mismo modelo en una humilde tienda de barrio. Me lo compré en la tienda, claro.

- Un MiniDisc Sony costaba 50 euros más que el que me voy a comprar en la calle Barquillo.

He protestado, y me dicen que la única posibilidad que tengo de que tomen en consideracón mi queja es comprar primero y someter después mi lamento a su consideración. Llegado el caso, y si comprueban que tengo razón, me devolverán la diferencia. Touchée!

Y ahora, atención, pregunta: ¿por qué utilizan ese doble rasero? ¿Quién y por qué les facilita el trabajo de asfixia del sector librero? Las respuestas, por favor, a mi correo electrónico.

Otro mosqueo

Ando un tanto mosqueada, y no creo ser la única, con ciertos editores que trabajan al desgaire. Ya lo he comentado alguna vez, y la monomanía no pillará desprevenidos a los lectores que se encierran conmigo en este círculo, pero es que me tiene loca: ¿dónde están los correctores del idioma?

—¿Los corruptores del idioma?

No, abuela, no: los correctores del idioma, que a los otros no hay que buscarlos, están en todas partes.

¿Cómo es posible que una editorial se luzca recuperando la versión inédita de un clásico —ruso, para más señas— y desluzca el empeño dejándose colar, amén de varios errores clamorosos de concordancia, un “preveyéndolo” (pág. 487) que clama al cielo. ¡Pero si hasta mi corrector de Word pone previéndolo cuando me empeño en teclear el verbo mal conjugado!

No hay alivio ante esta plaga, aunque, por si hay un tonto en la sala que se quiera consolar con este mal que a tantos afecta, propondré un ejemplo sacado no de un libro, sino de un mensual que va de revista bien: “... incluso sorprende, ávida cuenta de su amigable relación con...”. Una cuenta ávida no puede ser amigable, vamos, digo yo.

Snif. ¡Ah! Si encuentran una errata en estas páginas, absténganse de hacer comentarios jocosos o incluso peor intencionados. ¿Cómo es eso de las habas y las calderadas?

El tirón de los políticos

Mariano Rajoy puede no creérselo, pero los políticos tienen tirón. Al menos, tirón editorial. Pregúnteselo si no, señor Rajoy, a su mentor Aznar, que anda capitaneando ya que no las coaliciones internacionales, las listas de libros más vendidos.

Quizá animadas por ese éxito, o tal vez porque piensan que en las elecciones estadounidenses todos, también aquí, nos jugamos mucho, las editoriales españolas han decidido dejarnos ejercer un sucedáneo del derecho al voto. Menos da una piedra, que diría el clásico.

Plaza&Janés nos invita a leer La familia, de Kitty Kelley, a la que califica de “biógrafa despiadada”. Leo el texto promocional: “Desde Ohio hasta Connecticut y Texas, y durante los últimos cien años, los hombres y las mujeres de la familia Bush han ido acumulando millones de dólares, haciéndose con el control del gobierno de Estados Unidos y creando un legado que no tiene comparación con el de ninguna otra familia”. Y hasta aquí, puedo leer. (Ha sido mi pequeño homenaje a Kiko Ledgard, al que no sé por qué no cité más arriba, aunque este aperitivo, más que del 1,2,3... responda otra vez parece sacado de Historias para no dormir).

Planeta nos anima a conocer a Kerry, “el único hombre que puede derrocar a Bush” (no caerá esa breva), en versión de Michael Kranish, Brian C. Mooney y Nina J. Easton. “¿Quién es en realidad Kerry?”, nos preguntan retóricamente. ¡Pues si a estas alturas electorales andamos con esas!

Fuera de la contienda electoral, para desesperación de demócratas, está Bill Clinton cuya autobiografía, Mi vida, llega también en la Colección Biografías y Memorias de Plaza. Si funciona tan bien como la de su señora esposa, miel sobre hojuelas.

Más referencias cruzadas

Es sólo una curiosidad, pero me chiflan este tipo de coincidencias. Planeta va a publicar Hasta siempre, Mujercitas, de Marcela Serrano, en el que las primas Nieves, Ada, Luz y Lola se reflejan en las cuatro hermanas protagonistas de Mujercitas, el clásico de Louisa May Alcott... al tiempo que Siruela apuesta por La herencia, un título menos conocido de Alcott, que la escribió en su juventud aunque no fue publicada hasta después de su muerte.



Acuse de Recibo



L. Wierzchovski
La casa de las
siete mujeres

Ediciones B

A. Uslar Pietri
La lluvia
Gadir

M. Bueno
La vida sana contada
con sencillez

Maeva

M. Keyes
¿Quién te lo
contado?

Plaza&Janés







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