16 de junio de 2004

Mario Lacruz, que estás en los cielos

El próximo día 30 se acaba el plazo para la presentación de manuscritos para el Premio de novela Mario Lacruz. Quedan pocos días, pues. El jurado, selecto, aguarda.

Mario Lacruz, su sombra y su herencia, fueron motivo de iluminación hace ya algunos días. Y si volvemos a él es porque, en los próximos meses, va a seguir protagonizando parte de la actualidad editorial, por activa y por pasiva, por lo que va a salir y lo que no.

No salen las memorias. ¿La razón? “No hay hoy por hoy consenso familiar.” Quien así se expresa es Max, hijo y albacea literario de Mario. “Hay en esta novela autobiográfica bastante acidez en relación con ciertas personas del mundillo, y atendiendo a unas 'p' que adornan el manuscrito y que hemos interpretado como 'Póstumo', hay quien considera, en la familia, que es prudente esperar a que pase el tiempo.” Un tiempo prudente, necesario, pero no infinito, “pues es un texto muy bello al margen de los ajustes de cuentas, con esa visión de un niño sobre la guerra civil vista desde el balcón de Andorra en unos años que tanto contaron para mi padre; en el fondo —continúa Max— siempre añoró eso años como los mejores de su vida. Y además éste libro sí que lo quería publicar él... cosa que no fue el caso con el resto de inéditos del armario sagrado”.

Salir del armario

Y ahora, lo que sale de ese armario sin fondo.

En febrero de 2005, Ediciones B publicará una novela llamada Intemperancia, que formaba parte de una trilogía de la que sólo se conoce La tarde. Me dice Max Lacruz que es una especie de Pascual Duarte sin su tremendismo, una suerte de road movie existencialista ambientada en la Castilla la Vieja de la posguerra. Resumen de lo no publicado: un campesino, acusado de un crimen que no ha cometido, huye a Portugal para iniciar una nueva vida.

No sé, porque no la he leído, si Intemperancia es lo que podríamos llamar “una novela muy Lacruz”. Lo que sí sé es que del cajón del escritor que nos dejó van a salir otros trabajos que no parecen adecuarse a la imagen que de Mario nos llega... Hay una novela, humorística por más señas, protagonizada por unos gángsters americanos y titulada Concierto para disparo y orquesta que no encuentra editor porque a los editores instalados les ha parecido poco seria. Esa es la razón por la que, con toda probabilidad, aparecerá en Funambulista, el sello de Max. Y hablando de Funambulista...

Riesgos calculados

Funambulista es, dice Max Lacruz, “un proyecto de agitación cultural, sobre todo, pues proponer libros, editar, es para mí querer remover las conciencias... dando a conocer textos de ficción que de otro modo no verían a luz por no pertenecer a la corriente general. No es un proyecto comercial salvo en la medida en que es necesario vender algo los libros para poder seguir publicando más libros. Y se trata de ir a buscar los textos aguas arriba, a la fuente, y no pasar por el filtrado de las agencias literarias y de los grandes grupos, y las listas de los más vendidos en otros países. En literatura extranjera este campo es inmenso y en lengua española seremos tribuna para voces nuevas que tampoco casan con el sistema establecido”.

Hasta aquí, la declaración de intenciones de un editor pequeño pero ambicioso, que aspira a sacar 12 libros el primer año y confía en que alguno funcione lo bastante para poder seguir en ello.

El todo, en dos colecciones, una de mini libros (cuento, panfleto, artículo, relato), Los intempestivos, retomando la idea del libro breve para leer en un viaje de metro, y la otra LiteraDura, de narrativa más larga. Y, claro, más libros fuera de colección, como alguna novela histórica o algún título en catalán o en gallego, etc. “Lo importante —proclama Max para que lo escuche quien lo quiera oír— es cada libro y no la colección. Cada libro es un mundo. Lo importante tampoco me parece que sea la editorial en sí, sino los títulos. Aborrezco todo eso de querer tener señas de identidad, eso de tener una línea editorial muy clara y un diseño ad hoc, eso de la imagen de marca, cosas que leo de otros nuevos proyectos editoriales, pues todo ello es como decir que uno tiene sentido del humor o buen talante: son cosas que se practican, no que se declaran. Lo importante son los textos, el resto es sólo el vehículo, que cuidaremos, por supuesto, pero sabiendo que no es lo principal”.

Deber ciudadano

El día de las elecciones... cómo que qué elecciones... ¿usted tampoco se enteró de lo del día 13? ¡San Antonio bendito, ruega por nosotros, pobres europeos!

El día de las elecciones fui a depositar mi voto en mi colegio electoral y allí, sentado a una mesa igualmente electoral, en animada charla con sus compañeros de deber ciudadano, estaba Miguel Munárriz, que acudió a la llamada de la autoridad competente creyendo que era suplente (¿aprecian la sutil consonancia?) y acabó ejerciendo de vocal, que era el destino que la suerte le había deparado. Manera de demostrar que poesía casi nunca rima con despreocupación. En la Feria del Libro, eso sí, le echaron de menos: estaba anunciado como padrino de un libro de filiación nerudiana que tuvo que ser presentado sin su concurso.

Tenemos nueva jefa en la oficina

Marta Donada, hasta hace nada integrante de la Oficina del Autor, se hace cargo de la jefatura de prensa de Aguilar en sustitución de Rosa López. Les deseamos lo mejor: a la que se va, en sus nuevas responsabilidades; a la que llega, en su nuevo destino. Juan Cruz se queda más solo, mientras siguen circulando rumores sobre su inminente paso a la dirección del Círculo de Bellas Artes. Rumores interesados... en fin.


Acuse de Recibo



E. Schlosser
Porno, marihuana
y espaldas
mojadas

Debate

Ann Brashares
Verano en
vaqueros

Ediciones SM

Quino
De viaje con Quino
Lumen

















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