28 de abril de 2004

Sigue la saga

Habemus Goytisolo nuevo en la oficina: Pablo Bonell Goytisolo quien, en compañía de Empar Fernández, tiene a punto de librería Cienfuegos, 17 de agosto, una novela epistolar protagonizada, entre otros, por alguien que existió en la vida real: Agustín Goytisolo y Lezarzaburu, antepasado del autor (y de otros escritores de sobra conocidos), hacendado en la Cuba de finales del siglo XIX, una isla en plena revuelta.

La primera colaboración entre estos dos autores, profesores ambos, ve la luz en Roca Editorial. No sé si el sello de Blanca Rosa se hará cargo también del segundo trabajo a cuatro manos de Pablo y Empar, una novela policíaca ambientada en la Barcelona actual y protagonizada por un inspector taciturno, cuyo método de actuación lo sitúa en las antípodas de los relatos de acción.

El regreso de un pionero


Hace algunos años, poco después de la muerte de Franco, el nombre de Francisco Ors estuvo en boca de todos cuando escribió Contradanza, el primer drama gay que se hizo en España. Gay e isabelino, puesto que la protagonista es la Reina Isabel, papel interpretado por un hombre (si la memoria de quien esto escribe no falla, en la versión que servidora vio la reinona era José Luis Pellicena).

La obra estuvo a punto de ser estrenada en el Centro Dramático Nacional, aunque la posibilidad quedó abortada por las discrepancias entre Ors y José Luis Gómez. Finalmente, el telón se alzó en 1980 y en el Teatro Lara, con Tamayo como director, y posteriormente en México (tres años en cartel, y actualmente estudian la posibilidad de reponerla), Perú, Puerto Rico, Brasil, Argentina, Japón y Nueva York (en castellano).

En alguna de esas ocasiones, al montaje contribuyó Nuria Espert. Y ahí nació una amistad que es la razón por la que ahora, cuando Ors publica Encanto masculino, sea la Espert quien firme el mini-prólogo. De hecho, anunció también su presencia en la puesta de largo, (jueves 29, en FNAC Madrid), pero al final le coincidió con una representación.

Francisco arranca confesando el affaire que tuvo a los 13 años con un hombre de 43 al que Ors, que es hijo de un cura que lo dejó antes de la guerra, dio esquinazo en unos almacenes. Al cabo, el libro es una mezcla de autobiografía, ensayo, diatriba y ajuste de cuentas en el que, entre otros asuntos, habla de la naturaleza gay del artey la existencia del deseo homoerótico animal.

Con este libro, Odisea inaugura su colección HETEREO.

My name is Quevedo, Francisco de Quevedo

Dicen que los libros no dan para vivir, aunque esa no parece ser la razón última, ni siquiera la primera, por la que algunos celebrados autores han compaginado la escritura con el espionaje.

¿Cuáles son entonces? Para concerlas, habrá que leer el libro que Fernando Martínez Laínez prepara para Temas de Hoy. Se titula, según me cuentan, Escritores espías. Las insólitas vidas secretas de los grandes de la literatura, y en él Martínez Laínez va, de Quevedo a John LeCarré, iluminando el lado oscuro de una docena de aurores.

¡Gay que ver!


Hace algunos meses, Miguel Fernández obtuvo el V premio Odisea con Yestergay, una novela protagonizada por Patricio Población, cuya vida cambió el día en que su novio le dejó plantado y uno de sus mejores amigos desapareció, sin dejar rastro, con un querubín ruso. Cambió porque tuvo que afrontar un sin fin de acusaciones de asesinato y se vio envuelto en una singular trama policial...

Las aventuras de Patricio, que se han vendido muy bien (y no sólo en Chueca, que la literatura protagonizada por homosexuales no interesa sólo en los barrios de ambiente), parecían finiquitadas. Pero no: Fernández ha dado continuidad al personaje y a su gente, en una segunda entrega. ¡Saga a la vista!

Epistolarios

La historia de la literatura está llena de amistades que forman parte del acervo común gracias a las cartas que, antes o después, por voluntad de sus artífices o merced a la intervención de terceras personas, acaban viendo la luz. Uno de esos epistolarios es el que mantuvieron Lawrence Durrell y Henry Miller desde 1935 hasta la muerte del autor de Trópico de Cáncer, el 7 de junio 1980.

Sus misivas han sido objeto de distintas ediciones, pero la que ahora publica Éditions Buchet-Chastel en francés nos reserva alguna sorpresa en forma de partes hasta ahora inéditas. Un ejemplo. Escribe Miller en julio de 1960: “Si Kennedy muriera durante su mandato, tendríamos a Johnson, que es de Tejas, donde están los americanos más obtusos». Y Durrell responde: “un viaje alrededor del mundo sería, probablemente, la mejor solución”. ¡Y eso que no conocían a George W. Bush!

Pequeña maldad sin importancia


He recibido un libro que promete: Suttree, de Cormac McCarthy, publicado por Mondadori.

McCarthy es uno de esos tipos cuya excentricidad salpimenta la vida literaria: se dice que fue un vagabundo, que vivió bajo una torre de perforación y que, colmo de rebelión frente al sistema, no concede entrevistas.

Irrumpió en las librerías gracias a Todos los hermosos caballos (Debate), una historia cuyo título original (All the pretty horses) hace referencia a esos caballos salvajes que hace años deambulaban en libertad, sin dueño, con la que el escritor ganó el National Book Award. (Paréntesis. Quizá recuerden que Penélope Cruz participó, junto a Matt Damon, en su desdichada adaptación cinematográfica.)

Desde entonces, McCarthy ocupa su lugar de privilegio en el Olimpo de la nueva narrativa norteamericana. Ahora, nos llega la versión española de Suttree, en una edición de apariencia monacal en la que me llama la atención una discrepancia: la que observo entre el encargado de diseñar la portada, y el o los responsables de colocar, en la contra, las loas y alabanzas de rigor.

¿McCarth o McCarthy? Lo dicho: sin importancia.




Acuse de Recibo



J. Saramago
Ensayo sobre
la lucidez

Alfaguara

Sting
Broken music.
Autobiografía

Ediciones B

I. Elguero
Los niños de los
Chiripitifáuticos

La Esfera

Enrique Rojas
Los lenguajes
del deseo

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