17 de marzo de 2004

Rufin estrena casa

Al menos, casa editorial en España. Jean-Christophe Rufin, autor del súper ventas El abisinio y Premio Goncourt con Rojo Brasil, ambas publicadas en España por Ediciones B, se pasa a la escudería de Jorge Herralde. Globalia, su novela futurista, será publicada por Anagrama, que ha obtenido los derechos tras una puja en la que se han ofrecido más de 15.000 euros. A la vista de las ventas anteriores de Rufin entre nosotros (excelentes con la primera novela mencionada, menos explosivas con la segunda mais quand même...), estamos ante una buena inversión.

Para Vigo me voy...

La agente Ángeles Martín abre oficina en Galicia, que no es mala tierra. Marisco aparte, ay pillina, las razones son varias, por ejemplo, que en Galicia hay excelentes escritores que merecen ampliar la difusión de su obra; la idea es fomentar –en ambas direcciones- el tráfico literario entre aquella comunidad y Madrid, merced a una suerte de AVE creativo. Ojalá que le vaya bonito.

¿Cuchara de palo?

A propósito de mi comentario, la semana pasada, sobre los horrores ortográficos y de otros tipos, recibí un correo electrónico firmado por un buen amigo de esta REDvista cultural que decía así:

“Es cierto, Eva, que la Academia, en su último lexicón (que yo llamo «el todovale»), ha introducido «ojear» en cuarta acepción como ‘mirar superficialmente un texto’. Pero, vaya, de toda la vida, hojear un libro o folleto o revista, pasar las hojas mirándolas por encima, se ha escrito con hache. Te lo digo porque me ha hecho reír que metieras lo que para mí es una falta de ortografía en un texto contra las faltas de ortografía.

Enhorabuena por la revista. La he recomendado ya dos o tres veces en mi Librillo.

Saludos cordiales,

Ramón Buenaventura”

Y aunque no todos los librillos son como los de este maestrillo, tomamos nota de la observación. Además, siempre se agradece que recomienden no ya el trabajo de una, sino el de los veintitantos confederados de esta asociación de estados de ánimo llamada Divertinajes.com.

Juventud, divino tesoro

Andrés Ibáñez es un autor singular dentro del panorama literario español. Algún lector despistado habrá que devore sus libros (La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pájaro lira...) como si de literatura juvenil se tratara, porque el mundo que crea, obra a obra, parece heredero de esos universos fantásticos que, por rutina o ignorancia, creemos exclusivos de edades no maduras. Sin embargo, la suya era una literatura de adultos, si es que tal cosa existe como compartimento estanco...

Pues bien, los que sospechaban que en Ibáñez latía un excelente autor juvenil podrán pronto saber si su corazonada era cierta, o no. Andrés anda empeñado en una obra destinada a ese público, y hay al menos una editorial más que interesada en hacerse con ella. Continuará...

Cultura solidaria

Madrid, capital del dolor, ha sido escenario de algunos momentos inolvidables y no necesariamente malos. Si es cierto que una monstruosidad como la vivida nos enseña la bestia que algunos seres humanos (manera de hablar) llevan dentro, también lo es que en esas horas de horror hay quien da lo mejor de sí. Los voluntarios, sin ir más lejos, entre los que no quiero destacar a nadie, todos hicieron una labor espléndida, aunque sí citar a uno: Carmelo Gómez. El actor, cuyo vozarrón se alzó en tantas ocasiones sobre las voces de otros manifestantes contra la guerra, dio el callo en IFEMA al lado de muchos. Una actitud encomiable.

Desiertos literarios

Empieza a ser contagioso. Primero, un jurado riguroso dejó desierto el Premio Sonrisa Vertical, y no por primera vez... Después, otro tribunal no menos exigente –integrado por Héctor Abad Faciolince, Adolfo Ortega, Anna María Moix, Eduardo Becerra, Anne Marie Metailié, y como secretarios, con voz pero sin voto, Anna-María Rodríguez Arias, y José Huerta- dejó en blanco el nombre del ganador del V Premio Casa de América de Narrativa.

“La razón consiste en que los niveles de calidad literaria exigidos por el Premio, que se pueden constatar en las anteriores obras ganadoras y publicadas por la editorial Lengua de Trapo, no estaban presentes en los trabajos recibidos”, leímos en el acta. Y, lejos de desanimarnos, lo consideramos una buena señal: este año, la cosecha no ha sido buena, pero vendrán añadas mejores y ahí habrá un jurado dispuesto a reconocerlo.

En cierto modo, decisiones así nos reconcilian con los premios literarios, tan vapuleados.



eorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir