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17 de marzo de 2004
Rufin estrena casa
Para Vigo me voy... La agente Ángeles Martín abre oficina en Galicia, que no es mala tierra. Marisco aparte, ay pillina, las razones son varias, por ejemplo, que en Galicia hay excelentes escritores que merecen ampliar la difusión de su obra; la idea es fomentar –en ambas direcciones- el tráfico literario entre aquella comunidad y Madrid, merced a una suerte de AVE creativo. Ojalá que le vaya bonito. ¿Cuchara de palo?
“Es cierto, Eva, que la Academia, en su último lexicón (que yo llamo «el todovale»), ha introducido «ojear» en cuarta acepción como ‘mirar superficialmente un texto’. Pero, vaya, de toda la vida, hojear un libro o folleto o revista, pasar las hojas mirándolas por encima, se ha escrito con hache. Te lo digo porque me ha hecho reír que metieras lo que para mí es una falta de ortografía en un texto contra las faltas de ortografía. Enhorabuena por la revista. La he recomendado ya dos o tres veces en mi Librillo. Saludos cordiales, Ramón Buenaventura” Y aunque no todos los librillos son como los de este maestrillo, tomamos nota de la observación. Además, siempre se agradece que recomienden no ya el trabajo de una, sino el de los veintitantos confederados de esta asociación de estados de ánimo llamada Divertinajes.com. Juventud, divino tesoro
Pues bien, los que sospechaban que en Ibáñez latía un excelente autor juvenil podrán pronto saber si su corazonada era cierta, o no. Andrés anda empeñado en una obra destinada a ese público, y hay al menos una editorial más que interesada en hacerse con ella. Continuará... Cultura solidaria
Desiertos literarios Empieza a ser contagioso. Primero, un jurado riguroso dejó desierto el Premio Sonrisa Vertical, y no por primera vez... Después, otro tribunal no menos exigente –integrado por Héctor Abad Faciolince, Adolfo Ortega, Anna María Moix, Eduardo Becerra, Anne Marie Metailié, y como secretarios, con voz pero sin voto, Anna-María Rodríguez Arias, y José Huerta- dejó en blanco el nombre del ganador del V Premio Casa de América de Narrativa. “La razón consiste en que los niveles de calidad literaria exigidos por el Premio, que se pueden constatar en las anteriores obras ganadoras y publicadas por la editorial Lengua de Trapo, no estaban presentes en los trabajos recibidos”, leímos en el acta. Y, lejos de desanimarnos, lo consideramos una buena señal: este año, la cosecha no ha sido buena, pero vendrán añadas mejores y ahí habrá un jurado dispuesto a reconocerlo. En cierto modo, decisiones así nos reconcilian con los premios
literarios, tan vapuleados.
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