10 de marzo de 2004

Horrores ortográficos... y no sólo

Circula un libro por ahí que presume, ya en portada, de sus muchos dislates ortográficos. Me refiero al trabajo de Juan José Sáez, publicado por Mondadori, y titulado Vivir del cuento. El primer libro con faltas de ortografía. ¿El primero? Ojalá. El autor ha de saber que, al menos en los últimos tiempos, los resbalones proliferan.

Hace nada, ojeando un libro editado por la obra social de una institución de ahorro, me quedé ojiplática al enterarme de que un autor teatral había sido galardonado con el premio López de Vega. ¡López de Vega! Sí señores, no es una leyenda urbana: López de Vega existió, al menos tomó vida en el cacumen delirante de algún ágrafo pretencioso o, peor me lo ponen, de un corrector con ínfulas.

Es un error, me dirán. No: es un horror. En los últimos tiempos, me he visto en la obligación de cerrar algunos libros (justo antes de cerrar la boca, la mandíbula inferior descolgada de puro asombro) al leer cosas como “calló de espaldas” (lo cual me hace suponer que el aludido puso primero punto en boca y luego cuerpo a tierra) y alguna A huérfana de H (a dicho, a venido, a sido) que te deja exangüe...

Obviamente, eso no es todo. En un libro de una de esas promociones ofertadas por los periódicos que tienen a los quiosqueros atrincherados en sus exiguos garitos, leo (en francés aproximado en el original) livre de cheret donde debería poner livre de chevet; no sé si hay que atribuir la falta al editor de aquí o al de allá, y se habla después de una mujer moderna in tuve whith out times (en inglés chapurreado en el original) donde –sospecho- debería poner in tune with our times. O no, a lo peor soy yo, que no capto la fina ironía.

No sé si el descuido es fruto de las prisas, de la escasez de personal cualificado o de una sabia combinación empresarial de ambos factores, pero lo cierto es que algunos libros –y no de editoriales pequeñas, precisamente- se hacen como ciertos robos, al descuido. Y, como diría el inefable Ortega bajo la aprobatoria mirada del ínclito Gasset, no es eso, no es eso.

Aires cinematográficos

No es la primera (adaptación, digo), no será la última y, encima, puede ser un parto gemelar. Los aires difíciles, la novela de Almudena Grandes, va a ser doblemente llevada al cine, con producción de Gerardo Hererro. La idea es convertir en película la historia de Juan Olmedo, y en OTRA película, la peripecia de Sara Gómez, la hija de padres menesterosos que vivió una “singular infancia de vida prestada” con su madrina en el barrio de Salamanca. Esta segunda ya está en marcha: la dirigirá Azucena Rodríguez (Entre rojas), que trabaja en el guión en colaboración con la autora; la mitad varonil avanza más lenta, aunque de momento nadie renuncia a ella.

Matrimonio editorial

Blanca Rosa Roca, que anda recorriendo España feliz como editora con libros nuevos, trae dentro de nada a su primer autor de postín: Nicholas Sparks, un superventas (El cuaderno de Noah, El mensaje) que hasta ahora publicaba sus libros en Salamandra. Sparks y Roca se unen en La boda -que retoma los personajes de su primera novela, El cuaderno de Noah- hasta que el mercado los separe, cosa que a la vista de las cifras de venta del estadounidense no debería pasar en los próximos 10 años bisiestos. La intención es crear una suerte de Biblioteca Sparks en Roca Editorial.

Eso, en un año en el que El cuaderno de Noah llega a los cines, protagonizada por James Gardner y Geena Rowlands. No es el primer libro de Sparks que cambia papel por celuloide. El mensaje se estrenó en 1999, protagonizada por Kevin Costner, Robin Wright Penn y Paul Newman, y Un paseo para recordar (con Mandy Moore, Peter Coyote y Daryl Hannah), en 2002.

Sparks estará en España del 15 al 19 de marzo, en Madrid y en Barcelona.

Verde...s las han segao

Andrés Amorós quería que esta fuera, en el María Guerrero, temporada de homenajes a grandes autores españoles. Y cursó las instrucciones precisas.

Primero fue Adolfo Marsillach, con la puesta en escena (dirigida por su viuda, Mercedes Lezcano) de Noche de Reyes sin Shakespeare; luego, Fernando Fernán Gómez, con la tragicomedia quijotesca Morir cuerdo y vivir loco; la terna quedará completa el 5 de mayo con una obra de gala. De Antonio Gala, quiero decir.

Al parecer, el de Brazatortas fue requerido para que escribiera algo especial, pero se descolgó proponiendo (y hay quien tiene un proponer que parece un ordenar) la reposición de Los verdes campos del Edén, aprovechando que fue estrenada en ese mismo teatro hace 40 años y, quizá, dando la razón involuntariamente a quienes piensan –sobre todo tras ver Manzanas para el viernes e Inés desabrochada- que todo tiempo dramático pasado fue mejor. La puesta en escena corre a cargo de Antonio Mercero, quien aún no ha completado su elenco.

Muchas horas con Mario


Muchas, sí, han sido necesarias para ordenar el legado literario de Mario Lacruz, que se fue dejando miles de hojas emborronadas, proyectos que nunca llegaron a ver la luz y de los que, más curioso todavía, nadie, ni siquiera sus íntimos, tenían noticia.

Ahora, Ediciones B recupera uno de sus libros inconclusos, Gaudí. Una novela, prologado por Rosa Montero, al tiempo que pone en marcha un premio literario que lleva el nombre del literato desaparecido y cuyo jurado forman, además de la mencionada Rosa, Rafael Borrás, Juan Marsé, Miguel Sáenz y Enrique Badosa.

Es Juan Max Lacruz quien nos cuenta las razones de la familia para recuperar los textos inacabados, desordenados, de Mario Lacruz.

Puente aéreo-pont aeri

Gerardo Marín, el hombre eficaz y discreto de las presentaciones literarias de Alfaguara, está haciendo las maletas para instalarse en Barcelona, donde se ocupará de todos los sellos y atenderá a todos los autores de Santillana. Le echaremos en falta.

Médicos escritores y artistas

Hay vida fuera de los hospitales. Los vigilantes de la salud, de la nuestra (la suya, la mía), son tradicionalmente personas interesadas por las artes, y la nómina de médicos humanistas acoge nombres imprescindibles. Ramón y Cajal, Marañón, Vallejo Nágera... Para demostrar que no todo es cosa del pasado, la Asociación de Médicos Escritores y Artistas (ASEMEYA) convoca cada año un concurso literario y fotográfico que, en esta ocasión, estuvo patrocinado por la Fundación Sanitas. El ganador en el apartado de relatos fue José Ignacio de Arana, el médico que tanto vendió con aquel famoso Diga 33. Porque, como diría aquel, hay que presentarse a todos los concursos, grandes y pequeños. Y a ser posible, ganarlos.



eorue@divertinajes.com
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