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3 de marzo de 2004
Cela revisitado
Editorial Belacqua presentaba en Madrid Cela: mi derecho a contar la verdad, de Gaspar Sánchez Salas, quien entró a trabajar con el escritor como colaborador literario y acabó siendo –lo dice él- su amigo. Ojo al subtítulo: mi derecho a contar LA verdad, subrayo, no MI verdad (o sea, SU verdad). El libro habla, y no en términos elogiosos, de Marina Castaño. Ahí está el morbo, claro. Ahí y en la comparación: Cela construyó su obra con su primera mujer, y alimentó su fama con la segunda (o la segunda se hizo famosa a costa de él, vaya usted a saber). El caso es que nadie quiere meterse en problemas legales con la viuda, por lo que el original fue revisado con lupa por unos estrictos abogados. Más aún: los abogados en cuestión asistieron a la puesta de largo del libro, para asegurarse de que allí se referían hechos, que no se emitían opiniones susceptibles de provocar una querella o similar. Quizá habían acordado alguna seña tipo mus para cortar el rollo al autor en caso de que sus declaraciones bordearan la zona de turbulencias judiciales lo sé; el caso es que editor y autor se mostraron muy respetuosos con doña Marina. Al menos, en las formas...
Con B de Bolsillo...
Arranca Byblos con P.D. James, Mercedes Salisachs y Anne Perry, entre otros, es decir: arranca con fuerza. Y en B esperan que la fuerza les acompañe para llegar este primer año a los 150 títulos, que es la cantidad que han pensado publicar en cada ejercicio. Para lograrlo, cuentan con sacar títulos que había publicado Punto de Lectura, pero cuyos derechos (que son de Ediciones B) recuperaron en cuanto se rompió el compromiso; sólo falta solucionar el problema de los stocks. Como siempre cuando hablamos de bolsillo, se trata de dar una segunda
vida a los libros y de mantener vivo el fondo de la editorial. De la propia
y de las ajenas... no se descarta alcanzar acuerdos con otras editoriales,
práctica habitual por lo demás en este segmento.
Adioses Me dicen que al planetario Jesús Bádenes le llaman “el chispas”, porque procede del sector eléctrico. Lo cierto es que, me cuentan, es un tipo lleno de energía. Y los que quieren prolongar la broma, apostillan: “Julián León ha sufrido una auténtica descarga. Le echó un pulso a Bádenes y perdió”. Bye, bye. También se va, lo contamos ya, Juan Pascual, que dejará Random House Mondadori el 31 de este mes. En su caso, el problema venía de la rama italiana de la familia. No congeniaban. Como diría la canción, transalpina por más señas, la vida es así, no la he inventado yo. El escritor risueño
El autor vasco, al que la crítica aguardaba, impaciente, tras el inopinado éxito de su primera novela, Un tranvía en SP, compareció vestido de joven y despojado de los ropajes de autor que algunos insufribles se empeñan en llevar. Puntuaba sus intervenciones con risas, y ofrecía la imagen de un literato no sé si satisfecho, pero sí feliz. Le preguntaron por su personaje, y desveló algo (pueden escucharlo pinchando en el altavoz) de su propio secreto. La pesadilla de George Bush Ana Lafuente se apuntó un tanto con Estúpidos hombres blancos, el best seller internacional del indómito Michael Moore. Ahora, confía en reeditar el éxito gracias a ¿Qué han hecho con mi país, tío?, otro panfleto del infatigable Moore quien, una vez más, carga contra Bush y sus secuaces. Ediciones B hubiera deseado que el autor viniera a España a promocionar el libro, pero Michael se ha quedado en casa acabando el montaje de otra película como otra pedrada: Farenheit 911. ¿De qué va? Acuérdense del libro de parecido título, combínenlo con la fecha que vio el derrumbe las Torres Gemelas y tendrán algo muy parecido a un avance. Hagamos unas risas
Sinopsis: Un verdadero cretino entra a trabajar en la ONG ecologista Pista Verde. Por desgracia, en el piso de arriba se instala la ONG Infancia y Vacunación, más preocupada por el hambre en África. Es la guera. Como un buitre, el director de Minusvalías y Futuro acecha a la espera de la rapiña. Tan necesario como el trabajo de las ONG es que alguien desenmascare
a quienes, bajo el manto humanitario, abusan de esas esperanzadoras siglas; si lo hace
alguien inteligente, con talento para el humor negro, para desenterrar
lo desternillante que hay en toda desesperación, tanto mejor.
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